
Rutinas y adicciones 2.0
Llego a la oficina y prendo la pc, la primera tecla que pulso es la “f” en un navegador un tanto arcaico pero que sirve para hacer la tarea diaria. El encabezado azul junto a las letras e imágenes cayendo en cascada me ponen ávido y sediento ante una “información” que bebo en menos de 5 minutos. Después de sentirme conforme cierro la pestaña en el navegador disponiéndome a otros tipos de tareas, pero no; en menos de 10 minutos vuelvo a beber “información” que apenas ha variado: entre chismes, memes y opiniones políticas que me generan un montón de sensaciones que van desde el regocijo hasta el asco.
No sintiéndome conforme dejo el monitor y paso a una pantalla diminuta y abro un Instagram igualmente saturado de imágenes no menos interesantes y otras no menos repugnantes, siendo un espacio para el ocio compulsivo, la “autoadoración” y el chovinismo intenso en ocasiones. No me lleva más de 5 minutos esta tarea, pasando luego a herramientas parecidas: correo institucional y un email personal parcialmente recuperado del spam.

Multiplíquese este efecto cuando posees dos cuentas Instagram :un perfil personal y otro para mostrar trabajo fotográfico.
Esta son tareas que repito a lo largo del día y casi de forma inconsciente, quizás mezclado con una nomofobia bien autoinducida desde el 2011 con la compra de mi primer smartphone (un Android 1.6, ¡eh!). Es una forma de procrastinación moderna que sin importar lo que haga es adictiva y repito, casi inconsciente.
Las redes sociales son herramientas suficientemente útiles para comunicarte con amigos y familiares (y darle rienda suelta a la vanidad y la furia ante otros, pero como nos encanta). La sed de información masificada resta concentración, te distrae de tus objetivos y de tus tareas diarias; el Facebook en si mismo ya es un mundo paralelo, al igual que el Instagram y otras redes que sirven de altares personales. Nos creamos expectativas, opiniones y realidades que distan mucho de lo que aparenta en el mundo físico. Te vuelves tan adicto que mientras comes o usas el baño no puedes despegarte de ello (a lo mejor ya el teléfono móvil y las redes sociales son parte ya del sistema digestivo humano) ya no teniendo sentido alguno.
El Internet me ha provisto de una infinita variedad de información. Me ha ayudado tanto como los años de educación formal siendo también un arma de doble filo; el ocio y el estrés están a la orden del día con la cantidad de información generada por millones de usuarios y la adicción al teléfono móvil, que te produce un letargo inclusive afectando tu rendimiento físico.
El uso de las redes sociales sin duda es un beneficio para la comunicación global y una gran herramienta personal, pero la cantidad de cuentas suscritas en diferentes redes sociales, la emisión y recepción compulsiva de información y el tiempo excesivo que le dedicamos a estás tareas son factores contraproducentes para nuestras vidas; con darse de baja en las que menos usamos y solo conservar las más importantes hacemos bastante, por supuesto reduciendo la cantidad de tiempo que invertimos dentro de ellas. Es un proceso escabroso y algo lento, pero a la larga menos es más.