La adicción a las pantallas y las redes sociales

Desde hace un tiempo quise empezar a ser algo más productivo de lo que realmente era. Ha sido un proceso de ensayo y error, pero algo se aprende sobre la marcha.

Quizás algunos de nosotros no estemos dotados para ser tan eficientes como deseamos, ni tampoco contamos con una facilidad extraordinaria para enfocarnos en lo que realmente importa como quisiéramos, pero al menos hay que hacer el intento y de eso se trata querer productivos.

En su libro, “Focus”, Daniel Goleman habla sobre la necesidad de centrarnos en desarrollar nuestra atención para lograr la excelencia y sobre lo infravalorado que se encuentra este tema actualmente.

Enfocarse a veces puede resultar complicado. En la actualidad estamos sometidos a múltiples distractores y a consumir información a un ritmo que nunca antes habíamos experimentado. Como consecuencia esto incide en impedir que logremos fácilmente mantener la atención por un tiempo “considerable” para realizar tareas que lo ameriten.

Como lo relata Goleman, Herbert Simon -Premio Nobel de Economía- todo este escenario ya lo había previsto en 1977: “La abundancia de información crea escasez de atención”. Y en ese tiempo no existían las redes sociales.

La Periódicos, Radio y TV pasaron a ser actores secundarios como fuente de información para las masas. Según estudios las redes sociales llegan a ocupar más del 60% del contenido informativo que consume la sociedad moderna.

Todo este nuevo paradigma de consumo de información en el que estamos sumergidos en parte gracias a las redes sociales, nos han generado un inevitable exceso de información circulante, que si no lo sabemos manejar, puede jugar en contra nuestra en términos de productividad.

La aparición de los teléfonos inteligentes

Todo uso, puede derivar en abuso y luego en dependencia. Sin darnos cuenta, eso es lo que ha venido desarrollándose por gran parte de la sociedad actual producto del uso (indiscriminado a veces) a la que nos venimos sometiendo desde desde la aparición de los primeros "teléfonos inteligentes".

Con el pasar del tiempo estos dispositivos han perfeccionado el generar "la necesidad” de tenerlos siempre a la mano y esta crece a medida que crece el consumo que hacemos de la información que ellos nos suministran de forma continua, o al menos hasta que se quedan sin batería.

Los dispositivos inteligentes han pasado a ser una extensión del individuo, principalmente debido al uso que hacemos de ellos, lo cual está armando las bases para que nuestro mundo gire cada vez más entorno a lo digital y menos a lo real.

Hagan este experimento, solo consta de ir a una reunión social y contar cuántas personas están disfrutando el momento presente y quien de estos está en una realidad digital alternativa gracias a su teléfono.

Son pocos los que realmente estarán física y mentalmente en la reunión viviendo el momento a plenitud, el resto se estará sumergido en su telefono o encargando de "digitalizar el momento" para la posteridad, el cual será relevante, si y sólo si obtuvo algún like que otro en la red social preferida.

Mi experimento

Esta realidad y el querer ser un poquito más productivo, me llevó a realizar el experimento de eliminar las redes sociales que más usaba de mi celular (salvo Medium y Linkedin).

Ya llevo una semana con este tipo de “abstinencia digital” y este post es prueba de que he sobrevivido al menos hasta el momento en mi intento.

Esto no lo hice para convertirme en una especie de puritano-anti-redes sociales, solo elimine algunas de las que consideré más nocivas en términos de productividad, así de simple.

Por un tiempo indeterminado, no mas likes en Instagram, no mas feeds de Facebook, no más noticias infinitas de Twitter. Quise ponerle cese (al menos por un tiempo como dicen en Alcohólicos Anónimos) a esa dependencia de dopamina gracias al uso de una pantalla.

Como un plus adicional también es inevitable un cese al narcisismo digital del cual muchas veces caemos (hasta sin darnos cuenta) queriendo demostrar una existencia a los demás que cae muchas veces en lo ridículo. Este infográfico sobre este tema está muy acertado y es toda una joya.

El experimento no es muy ambicioso, para nada, solo estoy buscando ser un poco más productivo, evitar la adicción al teléfono y algo más de concentración de la atención y la conciencia plena (Mindfulness). Les puedo decir que no es tan fácil como parece, son años de uso y abuso.

La adicción digital creciente

Desde hace un tiempo nos hemos vuelto adictos a las pantallas y a los productos digitales. Lo grave es que son pocos los que se dan cuenta de esto ya que es algo visto por nosotros mismos como "natural" o "instintivo".

Steve Jobs, uno de los pocos que sí se dieron cuenta de este problema, no dejaba a sus hijos usar sus propios productos estrellas (iPhones, iPads, etc). Incluso algunas de las escuelas a los que los ejecutivos de Silicon Valley envían a sus hijos, tienen como norma la prohibición y uso de este tipo de tecnología. Por algo será.

Adam Alter habla en un artículo del New York Times sobre su reciente libro: “Irresistible: The Rise of Addictive Technology and the Business of Keeping Us Hooked” donde contempla desde el punto de vista psicológico, el como hemos devenido en una sociedad adicta a los dispositivos digitales y a las redes sociales.

Alter cita estudios científicos donde se demuestra la dependencia que existe a las experiencias y a los dispositivos digitales. Llega incluso a llamarla como una adicción, ya que sus efectos se asemejan a los mismos que tiene la heroína sobre el cerebro en la generación de dopamina. Suena medio fantasioso pero es verdad.

Las pantallas de hoy, no son las mismas de antes. Gracias al desarrollo evolutivo que ha experimentado el software que éstas mismas están destinadas a proyectar, las de hoy generan gratificación instantánea y el ser humano está genéticamente diseñado para sentir placer y volverse adicto a segregación constante de dopamina que nos genera "ver algo nuevo".

Las pantallas de nuestros dispositivos móviles son la nueva droga que viene en formato digital y siempre están al alcance de nuestras manos en cualquier momento (el sueño de todo adicto).

Las nuevas aplicaciones, juegos, gadgets y el mundo digital que gira entorno a lo que nos rodea se está diseñando y construyendo con un solo concepto en mente: mantenernos pegados a la pantalla, sin importar lo que esto pueda generar a nivel individual en los consumidores (adictos) a tales experiencias.

En promedio se calcula que estamos alrededor de 3 horas al día sin soltar la pantalla, en la cual nos aislamos del mundo real y nos sumergidos constantemente en realidades digitales alternativas, seleccionadas a nuestro gusto y ganas, en la cual a no ser que nos ganemos la vida a través las redes sociales, no es un comportamiento muy productivo que digamos.

Pasamos la 8va parte del día dominados por una pantalla (sin contar las horas del que trabaje con un computador). Estas 3 horas no transcurren de forma continua, sino que es producto de la sumatoria minuto a minuto de las alertas, notificaciones, mensajes, juegos o lo que sea que genere el o los gadget(s), en búsqueda de robarnos nuestra atención.

Según estudios hechos por Microsoft, se ha reducido la capacidad de atención en la sociedad actual desde la aparición, adivinen de quién, de los llamados “teléfonos inteligentes”. Antes de que esto ocurriera, el promedio de atención que se destinaba para prestarle atención a algo en específico era de 12 segundos y ahora lo hemos bajado a 8 segundos. Cada vez la gente se distrae más rápido y les interesa menos (o les cuesta) concentrarse.

No suena muy evolutivo, pero gracias a la “revolución digital” y el boom de los dispositivos móviles, hoy tenemos la misma capacidad de atención que la que tiene un pez dorado de esos que nadan en las peceras. Triste.

Concentrarse, algo complicado

Carl Newport, en su libro “Deep Work: Rules for Focused Success in a Distracted World” habla sobre lo raro e importante que es hoy en día lograr concentrarse para realizar tareas de alta demanda intelectual. Algo que suena lógico, pero que no muchos le prestan atención y que es difícil de lograr ante una realidad real/digital tan llena de distractores de todo tipo.

Volviendo a mi experimento, lo que más me ha afectado de minimizar la dependencia del “mundo digital” es el afán constante de agarrar el teléfono para ver “qué hay de nuevo”. Es en ese preciso instante es que te das cuenta cuan adicto estas al querer estar “conectado” en todo momento.

Pero ¿Conectado con que? ¿Con las noticias? 1 de cada 17 noticias es sobre algo malo, pero nos encantan las noticias malas, son las que venden. ¿Una foto con un #TBT? ¿Un pensamiento filosófico sobre la realidad del país en pocos caracteres?. Tengo ganas de descansar un poco de esto por un tiempo.

En Viaje al Optimismo — Las claves del Futuro” Eduardo Punset habla sobre cómo el futuro de la humanidad siempre será mejor que el pasado. Todo el enfoque lo hace a partir del avance tecnológico que ha desarrollado la humanidad y menciona que las redes sociales son y serán parte de todo el complejo entramado evolutivo que vivirá la especie humana en los próximos 50 mil años.

Las redes sociales, no son más que la evolución de la interacción humana a nivel digital, explotadas a su máxima potencia, producto del avance tecnológico sin cesar. Si se utilizan inteligentemente, no deberían de hacernos daño.

El tema es que nadie nos enseña cómo utilizar las redes sociales y realmente eso no necesario. Lo explico. Todo este proceso de aprendizaje se da sobre la marcha, producto del auto-aprendizaje que nos sometemos al momento de utilizarlas. Esto se debe a que el éxito de una red social radica en la facilidad de uso que brinde en su propia interacción con el usuario.
Todo esto es el resultado del alto nivel con el que son diseñadas desde el punto de vista intuitivo para el usuario, sin olvidarse que tienen que ser extremadamente adictivas al mismo tiempo. Si este axioma no se cumple, nunca saldrán a la bolsa y no serán atractivas para los inversionistas.

No digo que nunca más volveré a usar las redes sociales, eso es ridículo, aunque por temas de privacidad mucha gente las están dejando de usar, pero al menos no compartiré tanto tiempo con ellas de la forma compulsiva y sin sentido como lo solía hacer, al tenerlas al alcance de mis manos en cualquier momento desde mi celular.

Para terminar…

Hay que tenerlo presente: son 3 horas promedio diarias y en algo mejor se pueden emplear. Siempre nos quejamos de que el tiempo no nos rinde, pero una introspección rápida puede decirnos si una pantalla es la responsable de hacernos malgastar nuestro tiempo actualmente. Hay que evaluarse.

Leer un buen libro de vez en cuando sin ninguna interrupción no mata a nadie y mucho menos hacer una tarea bien concentrado. Si las noticias son realmente importantes en algún momento nos vamos a enterar, no hay tanta necesidad de estar “conectados”, el mundo sigue y nosotros solo estamos de paso como para perderlo viendo memorias ajenas o posteando nuestro mejor selfie.

Nos leemos!

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