Memorias de la inconformidad: 1439 Días

Todo empezó un 22 de agosto, el Teresa Carreño imponente como cualquier teatro moderno, una pianista Venezolana, Clara Rodríguez, tocaba ese día, un domingo cualquiera, caluroso y soleado, y me encontré con ella, una chica común y silvestre, no muy alta, y con un humor bastante reservado, de cabello castaño, ojos pequeños y un tanto gordita. Vimos el concierto, fue divertido, hablamos de no mucho, o mejor dicho, hablé de no mucho, ella se limitaba a escuchar.

El tiempo se mueve en direcciones espirales y de repente me encontré saliendo con aquella muchacha sin saber muy bien por que, sentía una ansiedad, o quizás la necesidad de dar todo lo que estaba guardado en mi corazón. No lo sé, si les puedo decir con toda seguridad que me sentía bien estando con ella, en la medida de lo posible, y es por esto que este texto es una memoria de la inconformidad. No logro recordar una relación más accidentada, cuesta arriba, difícil, complicada y asfixiante, era como estar suspendido en un puente colgante sobre un río que no sabes si en cualquier momento va a caer. Sin embargo esto no fue aparente en las primeras de cambio.

Su familia por supuesto detestaba cada uno de las células de mi humanidad, al punto de poner trabas y tratar de hacerme desaparecer a punta de odio y desdén. ¿Seria mi forma de ser? ¿Quizás mi tono de voz? ¿Mi familia y color tal vez? No lo se, pero sentía una presión abrumadora por ganarme a esas personas y hacerlas ver el verdadero yo, el niño que habría tenido un pasado tormentoso y lleno de angustia que finalmente se transformaba en un hombre de bien, terco, pero amable y caballeroso sobre todas las cosas.

Jamás lo ví venir, fue como un tren silencioso a toda velocidad. Cometí muchos errores al principio lo admito. Pero había mucho amor en el medio, y a veces si no se riega se marchita y muere. Pero me adelanto unos 1200 días así que empecemos a contar:

Primer error, en una serie de errores.

Enero 2011. Primera navidad en la que mi familia de tres estaba totalmente sola. La muerte había hecho estragos la navidad anterior y mi madre no terminaba de recuperarse del accidente emocional. Todo sucedió demasiado rápido, ella se enferma de un dengue terrible, y yo entro en modo emergencia con un proyecto que me traía de muy malas pulgas.

Decidí darle tiempo y regresar a visitarla una semana después, simplemente para darle el espacio para recuperarse. Su familia lo tomó como la ofensa más grande del mundo (empeorando amargamente la situación). Una vez visité su casa, su madre tuvo una charla interesante conmigo, era la primera señal, yo lo estaba haciendo mal, lo admito, pero también debía correr. La conversación tuvo doble matiz, primero un reclamo por no estar allí (mi error, dudo que lo repita) y luego una queja por mi forma de expresarme (que nunca ha sido la más dulce, pero tampoco es cosa de ponerse a pelear) fue ahí donde tuve que ver la sobreprotección y simplemente la eche a un lado y lo tomé como una reacción desesperada. Cuán equivocado estaba. Debía correr lo más lejos que mis piernas pudieran llevarme. Pero el instinto conservador se sobrepuso. Ese día no fue mucho lo que pudimos hacer, ella estaba lenta, aún drogada, y sintiéndose bastante mal, pero la visita el alegró el día.

Segundo Error, en una serie de errores.

Semana Santa 2011, una época justamente para estar en familia, después de todo lo que había sucedido yo simplemente quería estar con mi mamá, compartir con ella, ofrecerle un poco de tranquilidad. Lo usual. ¿Ella? Jamás lo pudo entender, ella quería mi tiempo, mi espacio y mi atención, se sentía abandonada (a pesar que hablábamos todos los días) y quería ganar la batalla del tiempo sin importar las consecuencias. El Miércoles Santo el mundo me dió la espalda, el banco decidió dejarme sin forma alguna de tener efectivo, o forma de pagar nada, mi mamá decidió irse a choroní ese día con una amiga, y la señorita armó un teatro que para que les cuento. Fue terrible, discutimos fuertemente ese día. Y lo pensé en ese instante.

“¿Qué haces? ¡Hasta aquí!…¿No?”

si, claro que no tenía idea que hacía, simplemente la quería mucho, y a pesar de todo lo ocupado y complicado que estaba, quería hacerla feliz por una vez, no podía correr a la primera pelea. Así que tome una idea que tenía rondando en mi cabeza hacía un año y la ejecuté.

Me fuí a cocinar a su casa. Un desayuno cualquier cosa. Pasé el día allá, y todo volvió a su lugar en el universo. Bueno casi, mi hermana no me habló un par de semanas por dejarla sola, pero bien dice el dicho que la sangre es más densa que el agua.

Tercer Error en una serie de errores

El tiempo pasó de forma apresurada, 290 días había cruzado y se acercaba el día de su cumpleaños, el año anterior, estaba metido en una caja de seguridad a 3 grados pasando un frío extremo. Y mucha rabia. Este año habría tenido tiempo para todo y pude asistir por supuesto a tiempo. Flores, un regalo muy bonito, no hubo mayor cosa que reportar, y sin embargo, había algo que me hacía ruido en el radar, ciertas situaciones, ciertos comentarios, todavía su familia no lograba encajar y por lo visto aún hacían el intento obvio de sacarme totalmente de la fotografía. Por alguna razón no me importó, yo era una persona feliz, tenía todo para crecer… y llegó Halloween, y con el día de la víspera de todos los santos, se cayeron todos los puentes. Abandoné mi trabajo por otro (una de las mejores decisiones de mi vida), empezaba a moverme con celeridad, había oportunidad, pensé que podía crecer. Y ella solo me miraba inmutable sin decir mucho. Las conversaciones pasaron a ser un canal de una sola vía donde yo exponía lo que pensaba y ella solo me daba media sonrisa desinteresada. Su aburrimiento por la ciencia y las cosas geek llegaron a un punto tal que me limitaba a no comentarle nada. Su hermana, en ese momento sentía una ira increíble al escucharme hablar de la forma como siempre lo había hecho, diciéndome cosas bastante pesadas y de mal gusto. Yo las tomaba en cuenta, y cuando pasaba la puerta de su casa, me sacaba mi sombrero de computista y me ponía mi sombrero de simpleton.

Su abuela murió unos meses después. Y cambió absolutamente todo. Ese día me lancé al cementerio a pesar de todo lo que representaba para mi y el infortunio que me producía (detesto las funerarias, los entierros y cualquier cosa que tenga que ver con la muerte, soy incapaz de sobrellevarlo como una persona adulta y me devuelvo al rincón donde me escondí cuando tenía 10 años y murió mi padre) pero aún así marché, bajo el sol inclemente, con una dirección muy mal dada, pero marcha al fin. Cuando llegué al sitio todos estaban muy tranquilos, y de todos los lugares del universo conocí a su papá, un señor bien simpático y con una personalidad chispeante, ella por supuesto al día de hoy no le tiene mucho cariño pero ahí estaba yo, en la mitad del fuego cruzado, y desde ese día, su familia tuvo un cambio radical conmigo. Ya no me trataban como al tipo que intenta dominar a nuestra querida hija-hermana sino como su pareja, el que está ante todas las adversidades.

Me atrevería a decir que realmente nuestra relación empezó ese día tan gris, y vivió un alto gigante hasta que pisé Santa Fé de Bogotá.

Cuarto Error en una serie de errores

El año siguiente en vacaciones, le pedí que me acompañara a visitar a mi familia en Colombia, Cartagena de Indias y Santa Fé de Bogotá específicamente. Estando lejos de su familia su personalidad cambió totalmente, veía a la verdadera niña con la que estaba saliendo, tenía una sonrisa inmensa, una alegría que salía a borbotones de su alma, esta era la persona con la que habia estado saliendo, oculta tras un marco gigante de la mirada centinela de su madre. Ahora que podía abrir las alas, durante este mes completo, vería lo que realmente quería ver. Yo era yo siempre, y por supuesto ella estaba empeñada en cambiarme en su príncipe ideal sin aceptarme como yo la había aceptado con todos sus miedos, temores, fallas e imperfectos. Al hacer la transferencia en Aeropuerto El Dorado con mi hermana, me dí cuenta que había algo que no me cuadraba, había algo haciendo ruido en el fondo de mi cabeza y no entendía que era. Cuando aterrizamos en Cartagena lo entendí. Las situaciones sociales con mucha gente no era lo suyo. Y desde que ese calor abrasador de 38 grados empezó a quemarnos la piel su humor cambió totalmente a un amargo ácido y de pocas palabras, con el ceño fruncido, por supuesto lo primero que me dieron fue una birra, una costeñita, una delicia preciosa de la costa, no se cuantas me tomé perdí la cuenta, ella no probó ni la primera. No bebe. Así que se valió a punta de refrescos y gaseosas varias. Mi tía la aconsejaba, y ella solo escuchaba sin decir nada.

Una tarde, los amigos de la uni de mi prima llegaron a visitarla, mi hermana y yo nos sentamos a hablar con ellos en la terraza tomando como los buenos, después de todo, estabamos a 1700 kms de nuestro caos natural, había que disfrutarlo, primera vez (y no la última) que hicimos la pregunta “¿Y dónde está…?” me di la vuelta, no la ví, me asomé al pasillo. Nada. Entré a la casa vi a mi tía cosiendo alguna cosa, y le pregunté si no la había visto. Me dijo que hacia rato no la veía. Subí al segundo piso a la habitación, y la vi echada en la cama, revisando su celular. Le pregunté si le sucedía algo, me dijo que no, pero sus ojos me lo decían todo, por supuesto que le sucedía algo, pero nunca supe que era. Le rogué que bajará a compartir con nosotros, a reirse un rato “¡Estamos de vacaciones!” le supliqué, pero no aceptó. Decidió quedarse ahí postrada y aburrida como una ostra. Besé su frente, me di la media vuelta y la dejé ahí, mientras destapaba otra Club Colombia Roja, y picaba unos patacones pisados con un millón de salsas.

Cuando subí como 5 horas más tarde ya estaba dormida, no la desperté, pero sabía que era un augurio. Un muy mal augurio, al que no le di importancia por ahora, nadie me iba a arruinar estar finalmente a mis anchas con el lenguaje que me gusta sin fiscalizar. Este era yo, y si no le gustaba muy bien podía regresar en el siguiente avión a Caracas. Y sin embargo mi familia la recibió con los brazos abiertos y regalos. Creo que nunca se había sentido así. Quizás fue un choque cultural muy grande. Nunca lo sabré.

Quinto Error en una serie de Errores

Al regresar a caracas, y durante un año completo empezó con una instigación que quería casarse e irse del país. Mi cabeza entró en sobre marcha, Londres, Irvine, Glassgow, Reykjavik, donde fuere, el mundo es mi tablero podía ir a donde me gustara más no habían limitaciones. Excepto que ella solo quería ir a Barcelona, España, o en su defecto donde hubiere familia.

No entendía la contradicción, no podía comprender su proceder, no lograba encontrar la lógica en las limitaciones, me produjo cierto desconcierto que a estas alturas del siglo todavía pudiera tener semejante visión miope (Y eso que el miope soy yo)

Lo pospuse infinitamente, no acepté oportunidades por que en lo más profundo de mi corazón quería estar con ella, armar una vida juntos, por que si bien, habían cosas malas, habían muchas buenas, comprensión, un cariño insondable, siempre había un mutuo interés en que todo saliera bien y planificar… y de repente ya no fue suficiente, necesitaba más, el empuje completo del motor, alguien que corriera todas las líneas sin miedo, que me acompañara a donde quisiera, y acompañarla a donde sea en el mundo, sin miedos ni restricciones.

Y el sol finalmente se puso sobre mi cabeza, y pude ver el camino de estrellas y comprendí que esa relación estaba destinada a morir tarde o temprano, por más que la regara, no nacían flores nuevas, no había nada que me hiciera feliz a mi, y todo mi esfuerzo estaba siendo utilizado en hacerla feliz a ella. Conversabamos cada día menos, cada día tenía menos interés en mis cosas, y muchísimo interés en una boda, a la cual ya no tenía ganas de asistir. Corría el día 1200. Y decidí que tenía que acabar. Un trago amargo, seco como una piedra, una idea difícil de digerir después de tanto tiempo, después de tanto esfuerzo, pero idea al fin y había que terminar. No podía continuar un segundo más atrapado en ese laberinto. Así que trate de hacer el golpe lo más suave posible, con todo el amor y el cariño que siento por ella, hacerlo lo menos doloroso bajo el sol.

Mi plan por supuesto fue puesto a prueba por el universo, que la lanzó en una depresión descontrolada durante buena parte de los últimos 239 días. Iba abriendo el espacio, lentamente, temía que llegase a suicidarse, no podría vivir con eso si llegase a suceder, así que me vi obligado a tomarme un tiempo para preparar y fortalecer la idea que todo había terminado. Y un día finalmente hablé con ella. Y todo había terminado. No lo comprendía, no entendía como podía terminar justamente ahora que todo su mundo estaba cayéndose a pedazos, ¿En que había fallado? ¿Por qué? la respuesta a todas las preguntas era un simple yo egoísta que quería más de la vida. No podía vivir en la ilusión de la comodidad.

El día 1439 la vi por última vez, sentada en un café tomando una limonada frapé mientras me esperaba para sellar lo que había empezado 7 días antes como un espiral inevitable hacia el fin. Sus ojos no lloraban, pero las lágrimas estaban al borde, seguramente las mordió para no dejarlas salir, tenerme tan cerca, impasible y sin expresión, a veces sonreia, yo no estaba triste, y con toda sinceridad, había pasado 239 días esperando este día, mi corazón y mi alma estaban listos para hacer lo necesario hacía mucho tiempo. Y ahora era mi turno de ayudarla en lo que fuere necesario. No sentía tristeza por que me había ahogado en ella durante la mejor parte de los 110 días anteriores. Mi organismo estaba completamente liberado de toda culpa, y ya solo restaba ejecutar las acciones. No había marcha atrás. Enero fue inusual, Febrero fue incordiante, Marzo me subió por las paredes, Abril y Mayo trajeron lluvias, Junio el mundial 2014 en Brasil

Y Julio…

Y en el día 212avo del 2014 tuve un atardecer con un cielo rojo y brillante, que me hizo sonreír y ver el futuro nuevamente. El primero en mucho tiempo. Estaba listo para empezar de nuevo, para sentirme renovado y quizás solo quizás, conseguir nuevamente mi voz. Ese día, sentí una cascada de emociones, todas positivas, no podía creer con toda sinceridad lo que estaba viviendo en ese momento, mi mundo gris era abarrotado de diferentes colores, el cielo estaba teñido de un rojo intenso mientras el sol se ocultaba lentamente en el horizonte y un simple banco de acero era testigo de una super nova que amenaza con sacar a mi sistema solar de órbita (y probablemente ya lo haya logrado para el momento que se publique este cuento sin pies ni cabeza.)

Hace un mes escribo esta pequeño anal de mi historia personal, después de mucho pensar, editar y sacrificar, después de haberlo reconstruido unas 20 veces, y después de haber sacado todos los detalles que quedarán como nuestros y me los llevaré a la tumba, escribo el párrafo anterior, genuinamente tranquilo y esperanzado.

1439 Días será el título de esta memoria de la inconformidad, Una catarsis abreviada.

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