Donald Trump ya ganó

Donald Trump representa la peor forma de hacer política. Aquella que utiliza el miedo, la burla, la agresión y el insulto para imponer su visión del mundo sobre los demás. Trump despierta las peores pasiones e inseguridades del ser humano, y sobre las mismas busca cimentar su base de poder. Es la peor forma de hacer política, sí, pero Trump no es el primero en usarla. El problema de fondo no es él.

Todos los analistas políticos se preguntan cómo Donald Trump logró llegar tan lejos, cómo un demagogo narcisista que no ha pagado impuestos durante 20 años está a un paso de ganar la presidencia de la nación más poderosa del mundo. ¿Por qué tuvo éxito su discurso de odio y resentimiento? ¿Por qué decenas de millones de estadounidenses apoyan a un candidato así? Dejando de lado a los analistas políticos, ante la pregunta de ¿por qué tiene tanto apoyo? quizás la respuesta es mas simple de lo que pensamos: “tal vez porque muchas personas se parecen a él”.

El problema no es Trump. El problema es que hay mucha gente que cree en él y lo apoya ciegamente; el problema es la gente que cree que un peligro como Trump puede liderar en verdad los Estados Unidos. El problema es que decenas de millones de estadounidenses piensan votar por un hombre que se ha caracterizado por insultar y denigrar a los mexicanos, a los negros, a los musulmanes, a los judíos, y sobre todo a las mujeres. Sin seguidores, Trump es nada.

Ese es el problema y nos debería preocupar a todos. La política del miedo y del odio instalándose en nuestras vidas día a día. Ya vendrán los candidatos y líderes políticos a nivel mundial que querrán copiar las estrategias y formas de hacer política de Trump, creyendo que eso les garantiza popularidad y seguidores. Creyendo que la política es dividir y destruir, creyendo que la política es cerrar las puertas al que es diferente. Ya vendrán los que ofrezcan miedo en lugar de esperanza.

Donald Trump ya ganó. La política del miedo se expande en Estados Unidos y otros países. El daño ya está hecho, solo pensemos en los niños de familias latinas que han tenido que soportar esta campaña de odio y discriminación a diario. Mucho más en un país donde el bullying es uno de los mayores problemas, que silenciosamente destruye la vida de miles de adolescentes. Aunque Hillary gane, hará falta tiempo para sanar el resentimiento y el odio que nos deja esta campaña.

Mañana Estados Unidos define su futuro. Les resta una opción, que Donald Trump sea humillado electoralmente, para que así su forma de hacer política sea sepultada y la gente que lo apoya se dé cuenta de que la política del odio y del miedo no lleva a ningún lado.

Caso contrario, más allá de las elecciones, el daño está hecho. Donald Trump ya ganó.