Infinito.

No sé quién eras, sos y serás. Tampoco sabes quién fui, soy y seré. Pero las circunstancias de la rutina y la coincidencia, hizo que nos conozcamos en pensamientos. Vos buscabas algo que necesitabas mucho, y yo quería dártelo. Pero ambos eramos ajenos, no teníamos identidad hasta que otros sueltan alguna relación; no teníamos ese poder, no somos genios concediendo deseos. No podía darte lo más ansiado. Lo siento, mucho.

Y por un instante eras y ahora, sos un serás para siempre. Aquel instante en el que las mariposas dejan de aletear, el agua deja de correr y las agujas del reloj dejan de moverse.

Nos dan las noticias esas de sabor agrio, ojos húmedos y manos temblorosas; y nos agarra esa situación en el que dejamos de respirar asimilando lo que escuchamos, lo negamos, lo aceptamos y lo volvemos a negar hasta el infinito. No reaccionamos igual pero juntos despedimos, cada uno a su forma más conveniente, a ese alguien que fue y será, por los siglos de los siglos. Alguien que su energía no se desecha, se transforma y cambia, perdura en el paso del tiempo y de la vida; en escritos y fotos, en melodías y recuerdos.

Todo sigue, la Tierra sigue girando, el universo sigue cambiando, la vida sigue pasando. Pero nada se olvida, todo deja marca y se recuerda. Se vive del pasado, apuntando al futuro.

Y cuando uno está solo, cuando todo parece perdido, pensamos en ellos allá, que en algún lado se esconden, dichosos y felices, despreocupados y sin obligaciones; hablando sobre la vida, que es tan efímera que se escapa rápido entre manos y no logramos alcanzarla.

Lo siento, mucho.