Amares y azahares

Aglaia Ivánovna tiene tu rostro.
Sigo sufriendo de este mismo amor idiota.

Naranjas, limones, mandarinas,
Hadas, mariposas, bailarinas…
Todo se impregnaba en perfume de azahares
tan solo por verte al piano concentrada.
Por fuera del tiempo y del espacio
quedan las cartas, los encuentros,
las miradas -sólo eso- me bastaban.

Y ahora, el calendario y la distancia
no me engañan, no me apagan.
Tan idiota, tan sincero…
no hay dudas de que hay amores verdaderos.