recuerdo

image by Julia Revitt

Cada cual tenemos recuerdos diferentes de una misma persona. Depende del momento, de la situación y sobre todo de la intensidad con que lo vives. Ayer murió el tío Javier, marido de la hermana de mi abuela Pilar. Y alguno dirá que bueno, que no es tan cercano. La cercanía no se vive en grados de parentesco, por lo menos no en nuestra familia. Los hermanos y hermanas de la abuelita Pilar han estado siempre ahí, en un estado intermedio entre la abuela y abuelo y las tías y tíos. Eran los tíos y tías de la ama, sí, pero también lo eran míos, de otra manera.

Ayer decía que el recuerdo primero que me viene a la cabeza del tío Javier es su sonrisa casi permanente y la txapela que habitualmente cubría su cabeza. Terco en su vejez, seguía empeñado en conducir de vez en cuando, en visitar el taller de carpintería, en comer con los amigos en la sociedad gastronómica. Igual más que terquedad era vida. Y ayer, sin que pudiésemos creerlo, esa vida se apagó.

El otro recuerdo que se me queda no es propio. Es de una fotografía de alguna celebración familiar en San Miguel de Aralar. En ella se ve a la ama dirigiendo una karrikadantza en la explanada que hay a los pies del santuario, en la entrada a la taberna. Tras ella, agarrado a su mano va un sonriente Javier y detrás la tía Sagrario. Siempre a su lado. Ella de él y él de ella. Ese es el otro recuerdo. Una pareja, unos hijos e hijas y unos nietos y nietas. Una familia. Y el tío, siempre sonriente.

Descansa en paz. Tu trabajo dio sus frutos hace tiempo. Goian bego eta besarkada bat.

Like what you read? Give dslegi a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.