ser, lo llames como lo llames

Image by David Mao

La rosa no dejaría de ser rosa, y de esparcir su aroma, aunque se llamase de otro modo”, se esfuerza en creer una enamorada Julieta. Y tiene razón. Lo importante es ser, lo llames como lo llames. Entramos en debate filosófico. ¿Dejaría de ser yo aunque no me llamase Dani? No los múltiples Danis que exiten para tantas personas como me conocen, sino el ser que soy. Algunas me conocen como Dani, otras como Daniel, Dani-Daniel, Danieltxo, la abuelita Pilar, de txiki, me llamaba Danieltxi. Y siempre era yo. Siempre soy yo. Soy. Da lo mismo cómo me llame. Lo importante es que soy. Mucho más que el estar y desde luego inmensamente más que el tener. “Ser o no ser, esa es la cuestión”. Siempre Shakespeare. El caso es que hoy me he enterado que eso que yo llamo cotidianidad, detalles, esas pequeñas cosas del día a día que me ofrecen felicidad, en Dinamarca se llama hygge. Incluso hay libros sobre eso. Parece ser que practico el hygge desde hace mucho tiempo sin haberme dado cuenta. También a mi me gusta leer en una habitación con una manta y velas encendidas. Disfruto tomando un vino con los amigos. Me gusta salir a pasear abrigado a la noche, media hora antes de acostarme. Saboreo con deleite las galletas de chocolate. Me llena de vida respirar y ser consciente de ello. Y soy feliz viendo a mi sobrino descubrir la vida instante a instante. Pero lo importante no es que me gustan todas esas cosas, si no que soy consciente de ello y me hacen feliz. Y eso los daneses lo llaman hygge. Pues bienvenida la palabra. Seguiré siendo.

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