Capítulo 5: Reloj, detén tu camino…

Al momento de escribir este capítulo, hice una reflexión profunda acerca del tema. El tema en específico es “Recuerda el reloj Casio digital que te regalaron por tu décimo cumpleaños, y escribe sobre ello”, lo cuál es algo curioso ya que efectivamente mi padre siempre tuvo una especie de fascinación con los relojes Casio, y hasta la fecha creo que él siempre los considerará los mejores relojes que han existido. Ever.

Cuando era pequeño, los relojes tenían un papel fundamental en mi vida. Los que me conocen saben que sufro de ciertas obsesiones con el orden, que cuando las cosas están desalineadas o fuera de lugar me brincan en demasía, y eso me causa cierta aprehensión. Cuando era pequeño esto era mucho peor, ya que no podía ver botellas destapadas (mi mamá siempre me dice “cuando eras niño te la pasabas cerrando las botellas, porque te molestaba verlas abiertas”), las cosas tenían que tener un orden, no podía pisar las líneas de las calles, y siempre tenía una obsesión con la hora.

Para mi, todo tenía qué ser a su hora, y cuando las cosas no pasaban a la hora que tenían que pasar, eso me causaba frustración y enojo.

Recuerdo que para mi, lo máximo a lo que se podría aspirar en cuanto relojes se trata, era a tener un reloj Casio metálico con calculadora, justo como el que tenía mi papá. Desde pequeño he admirado mucho a mi padre, ya que siempre he considerado que es un hombre sumamente honesto, trabajador, exitoso, y que siempre se esfuerza en dar lo mejor de sí mismo, aún cuando a veces falla. Si he de admitirlo, siempre me he sentido identificado con él, y eso ocasionó que en algunas ocasiones tuviéramos algunos altercados, pero ese no es el foco de la historia.

De los relojes que he tenido, hay tres en especial que recuerdo con mucho cariño. El primero era un reloj de juego, que tenía un juego pinchíiiisimo de Zelda, yo creo es el peor juego de Zelda que he jugado en toda mi vida, ¡pero cuando era niño era lo máximo! Pasaba horas, y horas y horas jugándolo, de preferencia en la escuela porque me aburría mucho en las clases (nunca he sido mucho de prestar atención, me desespera que repitan todo miles de veces)

El segundo de los relojes que marcó mi infancia, fue un reloj Casio (obviamente) de control remoto. Con ese reloj, uno podía cambiar de canal a la televisión, por lo que era prácticamente imposible perder el famosísimo control remoto. El highlight de la vida de este reloj, era durante clases cuando nos pasaban videos, ya que “misteriosamente”, la televisión tenía una tendencia a apagarse, a cambiarse de canal constantemente, a empezar a bajarse de volumen sola… ¡Esa televisión de la escuela era una rufiana! XD

Por último, el reloj que más marcó mi infancia ¡fue el tan aclamado reloj Casio metálico con calculadora! Cuando era chico, la primera vez que mi padre cambió de reloj, el reloj que tenía se lo dió a mi hermano mayor, ya que como primogénito le correspondía el honor de tener siempre primera mano en todo este tipo de cuestiones. La segunda vez que cambió de reloj, fue cuando al fin me tocó tener un reloj con calculadora. El mejor reloj. Ever. Punto. Para mi fue uno de los mejores momentos.

Hoy en día, ya he aprendido a controlar de un mejor modo mis obsesiones, por lo que el tiempo ya no es una de ellas. Siempre trato de ser puntual, y de terminar las cosas en su debido tiempo, pero he aprendido que a veces la vida pasa, y uno puede planear y querer hacer cosas todo lo que quiera, pero finalmente hay ocasiones en que sencillamente no se puede, y está bien, porque parte de la magia de la vida es eso, lo inesperada que puede llegar a ser.

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