Mi octava maravilla.

Todo empezó un día de septiembre, estaba sentada en una banca, corría un viento de esos que te acarician la piel, y como no lo haría si estaba sentada debajo de un árbol, estaba nublado, era un día hermoso, como que el día sabía lo que estaba por venir y me preparo su mejor clima, cuando de repente pasa el, con su caminar lento y esa seguridad que solo pocos tienen al caminar, pero a la vez se le notaba esa timidez que se veía que era su mayor culpa.