Las tres dimensiones del trabajo
Una reflexión a la luz de lo que nos propone Fredy Kofman
Un examen riguroso del trabajo debe reconocer la presencia de tres dimensiones
1-La tarea individual
2-Las actividades de coordinación
3-El trabajo reflexivo de aprendizaje
El trabajo individual es uno de los temas más tratado y más conocidos. Es la tarea individual que se le asigna a cada uno y sobre el que le cabe una responsabilidad personal directa y exclusiva.
Pero el trabajo en una organización no es la simple suma de los trabajos individuales. Se trata de trabajos individuales articulados en procesos. La eficacia de un proceso no solo depende de la eficacia de las tareas individuales que este integra, sino de manera no menos importantes, de las actividades de coordinación que las articulan. Individuos altamente eficaces en sus tareas individuales pueden generar procesos altamente ineficaces si resultan incompetentes para coordinarse adecuadamente entre sí.
Nuestro trabajo será productivo, por lo tanto, si podemos resolver los problemas vinculados con las tareas individuales y con las actividades de coordinación. Es importante destacar que durante mucho tiempo esto ha sido algo normalmente descuidado en las organizaciones.
A estas dos dimensiones, debemos agregarle una tercera: el trabajo reflexivo de aprendizaje.

Las dos primeras dimensiones aseguran ser eficientes en el presente. Sin embargo, en un entorno cambiante, en el que todos los días surgen nuevos desafío, es importante que revisemos permanentemente la manera como trabajamos, la forma como hacemos las cosas. Es importante que evaluemos las cosas que hacemos bien para conservarlas; qué hacemos mal para corregirlas; qué cosas deberíamos hacer y no se hacen, para incorporarlas.
El trabajo que hacemos sobre el trabajo presente, en la perspectiva de mejorarlo en el futuro, es lo que llamamos el trabajo reflexivo de aprendizaje. En la actualidad esta dimensión es crucial.
