Nada.
En la oscura habitación, habitada por una sopa de pensamientos donde sus ingredientes son tristes sueños aturdidos por las lagañas de la vida.
No me encuentro, nadie me habla, siento que no existo para nadie. El efecto domino en mi karma realza mis arrugas y mantiene mi expectativa erecta, aún sabiendo que nada de lo extraído de la felicidad sucederá.