Sobre guitarras y recuerdos
“Shot By Both Sides” de Magazine. / “Lipstick” de Buzzcocks.
A veces pasa. Lo obvio, lo evidente, se ignora hasta que otro hecho -tal vez más significativo para nosotros- trae a la luz aquella anécdota, esa nota al pie que ahora, puesta en contexto, cobra todo el sentido del que carecía hasta entonces: complementa, engrandece nuestra experiencia cargándola de nuevos sentidos.
En mi caso, la demostración más preclara de este fenómeno de asociación (casi) libre que nuestra mente establece tuvo que ver con la música. Como casi todo en mi vida, he de confesar. Las canciones parecen ser el tamiz con que mido el resto de las experiencias que me tocan. Si no puedo hallar una melodía que musicalice un momento determinado, aquel no cobra mayor relevancia para mí. Los momentos importantes, siempre, son esos que traen consigo una canción: escucho, luego existo. Pero esperen, ya estoy divagando. (Otra de mis características, una que trataré de enmascarar por el bien, sobre todo, del lector.)
Decía antes de entrar en la marea de la autorreferencia que alguna vez también me pasó que un hecho mayúsculo en mi vida me recuerde a -y a su vez se relacione íntimamente con- alguno un tanto menor pero que por alguna razón quedó alojado en la memoria y, como un dominó, interactúa con la inercia para descubrir el armazón mayor, el de nuestras vidas reconstruidas a través de nuestros recuerdos.
La primera vez que escuché “Shot By Both Sides”, trepidante y marchosa canción incluida en el primer disco de los post-punks manchesterianos de Magazine Real Life (de paso, y no es casualidad, uno de mis álbumes favoritos de todos los tiempos) algo en mí se conmovió como hacía tiempo no me había pasado con nada, y como no volvería a pasarme en un buen rato tampoco. Cierto es que la secuencia en que se ubica en el contexto de Real Life la ayuda, preludiada como está por la ensoñada y volátil “Definitive Gaze” y la igualmente potente (aunque más estrambótica) “My Tulpa”, pero hay algo en esa canción que estremece, que te hace vibrar. Todo empezó a cobrar sentido cuando descubrí la versión original, con sus fundamentales divergencias respecto de la que fue registrada durante marzo del ‘78 y formó parte de Real Life. La principal diferencia con respecto a la single version -como la llama la edición remasterizada de 2007 que tengo en mis manos- de enero de 1978 es una fundamental: carece de los riesgosos, delirantes arreglos de teclados que el recoleto Dave Formula, último eslabón en ingresar a la cadena Magazine, le aportaría al grupo desde su aparición en febrero de aquel año.
La “Shot By Both Sides” que fue la carta de presentación del nuevo proyecto de Devoto post Buzzcocks conserva bastante de su anterior aventura. Su ritmo cataclísmico, entrecortado, es recorrido a lo largo por la vadeante, siempre eléctrica guitarra de John McGeoch y juntos estos elementos (la guitarra, la batería y la preclara puntuación del bajo de Barry Adamson) confieren a la melodía un aura de misterio que refuerza aquella duda que el título, tan sucinto y esquivo, nos sugiere: ¿quién persigue a Howard, y por qué son ambos lados los que quieren eliminarlo? On the run to the outside of everything, canta con desesperación Devoto, e ipso facto el trepidante solo de McGeoch nos conduce a la peculiar sala de espejos del puente que, como en los buenos cuentos de misterio, es la antesala de una conclusión que deja mucho más librado a la imaginación que lo dado a la certeza.
Resulta ser que en realidad, “Shot By Both Sides” fue lanzado como primer simple porque fue efectivamente la primera canción que Magazine siquiera ensayó. Devoto la trajo a la mezcla poco después de separarse de los Buzzcocks, y es por eso que la atribución de copyright aún hoy contiene los datos de su coautoría con quien quedaría a cargo de una de las grandes naves madres del punk, Pete Shelley. Es aquí donde la memoria se disloca, y la vida comienza a tomar el peligroso carácter circular con que muchos -los menos esperanzados, pero los más convencidos- eligen caracterizarla.
De joven tuve una primera adolescencia, cómo decirlo, mucho más punk de lo que me gustaría admitir. Como tal, deglutí discográficamente (compensando la falta de coincidencia cronológica) todas las sucias, desprolijas, irreverentes y tibiamente revolucionarias lecciones de aquellos punks del ‘77, aprendiendo progresivamente y no sin dificultad a separar la inútil paja (Sex Pistols) del providencial trigo. Los Buzzcocks eran parte, cómo no, de aquel material fundacional y fundamental con que se hace la vida. Ya es sabido que Devoto y Shelley sólo duraron lo suficiente juntos como para grabar un incendiario (y legendario) EP debut llamado Spiral Scratch allá por 1977. Después de eso, un aburrido Howard -chequear “Boredom”, unidimensional tema de Spiral Scratch en que confiesa ese desesperado hartazgo- decide buscar nuevos horizontes. Irónicamente, su primer esfuerzo es una canción que escribió en su “aburrida” banda anterior, aunque huelga decir que le sirve de necesario preludio para un desarrollo más que fructífero.
Por supuesto que Devoto no sería el único que reconocería el potencial de esta enigmática melodía. En noviembre de 1978, Buzzcocks edita “Promises”, uno de los muchos simples que marcaron sus primeros dos años de vida. Como lado B de esta olvidable canción aparece una mucho más memorable: se llamó “Lipstick” y, pese a maridar con una letra un tanto más inocente que su equivalente devotiano, aquella extraña e indescifrable guitarra está ahí, idéntica, trazando una línea entre la sofisticación de unos y la potente simpleza de otros, como un muestrario de lo mucho que se puede hacer con apenas una idea.
Sé todo esto porque como buen alumni de la escuela del punk, devoré con fruición e insistencia aquella notable compilación de las primeras canciones de Buzzcocks que, a su edición en 1979, llevó el elocuente nombre de Singles Going Steady. “Lipstick” anda perdida por ahí, casi cerrando el lado B del vinilo original, pero está y, como tal, quedó marcada a fuego en mi recuerdo.
Cuando aquella guitarra reapareció, muchos años (y muchos discos) después, en mi vida, no sólo desató mi adoración -que dura hasta hoy- por los geniales, adorables, indescriptibles Magazine. También me sirvió para reafirmar que los recuerdos siempre están ahí, esperando a servirnos para trazar una línea entre quien éramos y quien somos, para ayudarnos, en definitiva, a dilucidar quién seremos.
“Shot By Both Sides”/”My Mind Ain’t So Open”, Virgin VS 200, 20.01.78
“Promises”/”Lipstick”, United Artists UP 36471, 17.11.78
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