El anarcocapitalista convencional como un fetichista de fantasmas

¿Te consideras anarcocapitalista? Yo también, pero tengo algunas criticas (o auto-críticas)…

No es suficiente aceptar al capitalismo de manera discursiva, porque aceptar el capitalismo, como un todo y de manera a-crítica, llevará eventualmente hacia implicaciones y distorsiones teoréticas respecto a lo qué es o no es capitalismo. Asimismo, distorsiones conceptuales respecto a sus diversos grados de efectos en el hombre y la sociedad. De igual forma, ninguna defensa que quiera ser considerada pulcra debería ser unilateral. Los teóricos austriacos han criticado al capitalismo basado en el consumismo, pero ojalá extendieran su crítica de manera radical a no solo cierto tipo de consumismo de imprenta keynesiana sino a todo consumismo mercantil y mecanismo de subsumir lo social en el ethos mercantil. El capitalismo es un meta sistema económico, el más auto-organizacional, estigmérgico, dinámico-equilibrado y utilitario que tal vez exista al día de hoy. En este meta-sistema, el individualismo y la de-socialización parecen ser fundamentales y sus apologistas teóricos parecen tener la necesidad de reivindicarlo en base a esas premisas. Pareciera que deslindarnos de capitalismo al día de hoy, en unas circunstancias en que toda nuestra vida social, cultural, tecnológica ha sido recodificada por este, equivaldría a ir a fosa cero y a un pre-industrialismo. No obstante, paradójicamente se requiere de una visión demasiado colectivista para comprender lo “utilitario” que es el capitalismo. Expresar aquello que “los beneficios son mayores que las perdidas” casi siempre es hecho en un contexto global o temporalizado a la historia.

En Qué s es capitalismo y anarcocapitalismo y porqué es tan poco entendido y en Amar-odiar al capitalismo en la justa medida, sostengo que hay una mala definición de capitalismo con el que yo no consiento: el capitalismo como meta-sistema no solo económico sino uno de creación y captura de subjetividades. Esta acepción de capitalismo es tan mala que incluso contamina la aparentemente “buena definición” de capitalismo. ¿O acaso no mencione en el párrafo anterior que los beneficios económicos y productivos del capitalismo están en función de una recodificación social? No afirmo ni creo que esto sea absoluto, los beneficios pueden ser meramente productivos y económicos en el sentido más técnico y reductivo de entenderlos. Pero dada la complejidad del mundo moderno y su basta infraestructura social interrelacionada; y el hecho que, aunque creemos en el mito del individuo autónomo, muchos de nuestros actos parecen ser reflejos y autómatas, y encadenados a una lógica de seguir a la manada. Pareciera que es imposible no ser capturado por una lógica del mercado incluso en las aristas y subjetividades más “racionalizadas” o conscientes.


Deberíamos definir al ser humano más que como un ser social como un ser que vive y convive con fantasmas, empezando que, contrariamente a lo que Stirner creía, el yo es su principal fantasma.

No pretendo negar los beneficios que la concepción de individualidad y derechos individuales nos han brindado, pero tampoco quiero tener una visión demasiada cínica en nombre de estos. Los beneficios del capitalismo exceden sus aparentes fines, y “asfixian” y penetran estamentos micro-sociales y micro-políticos. Deberíamos definir al ser humano más que como un ser social como un ser que vive y convive con fantasmas, empezando que, contrariamente a lo que Stirner creía, el yo es su principal fantasma. O mejor dicho el yo o el individuo es el espectro constantemente auto-recodificado o protagónico de su sistema de fantasma. Tener una visión dominante en el que se subsuma el yo en lo social o lo social en el yo, son solo paradigmas de enfoque de un sistema espectral. Un anarco-capitalista o individualista es tan fetichista de fantasmas como un colectivista-anarquista. Al ser el humano un hombre de fantasmas acaba concibiendo al capitalismo no como una etiqueta contingente a diversas formas auto-organizativas, particulares, des-centradas y descentralizadas que son nombradas con ese nominativo de esa entelequia por pura comodidad del lenguaje. Sino que inconsciente o conscientemente, este anarcocapitalista, ve al capitalismo, o se relaciona con este, como un sistema maquinico o en lenguaje deleuziano una “maquina abstracta”. Y la relación que conlleva con ese, ya no digámosle fantasma, sino Gran Espectro, se convierte en una trampería. Porque tal hombre entra en la lógica de los fantasmas externos que recodifican su propia lógica interna-espectral.Y tal tramperia es peor que ser un individuo atomizado o estar en la lógica de sus propios fantasmas o su máximo fantasma minimalista: el yo.

¿Hay algún anarcocapitalista que haya dejado de actuar como un fetichista de la mercancía? Lo predican con el discurso, pero con el mismo discurso afloran su fetichismo primero a la mercancía luego al mercado como entelequia, (nuevamente se le escapa el culto al fantasma y ya no conciben al mercado como una suma de participantes individuales sino como un organismo con consciencia propia). ¿No obstante hablar de mercado incluso en los términos más individualistas no es digno de un esquizofrénico que ve fantasmas? ¿o acaso el mismo ha observado y medido todas las actividades individuales de las personas y en qué medida la participación heterogénea de estas personas es mercantil y en qué medida social? Porque hay dos entelequias que a veces se intercalan, pero a veces son usadas como polaridades opuestas casi absolutas por los anarcocapitalistas: sociedad y mercado, y ha habido pocas empresas anarcocapitalistas por virar hacia un concepto más integrativo, tal vez Konkin con su concepto de agora ha ido un poco más lejos.

El anarcocapitalista fetichista y crédulo de fantasmas; por un lado, aprueba la afirmación de Tatcher de que no existen sociedad sino familias e individuos, pero por otra habla del mercado con una reverencia casi tribal y fetichista, como la de un salvaje que ni si quiera tiene una visión sofisticada de la religión (ergo de la interacción con los fantasmas). ¿Qué tiene de fascinante que un anarcocapitalista alabe (no digamos a una corporación), pero si a los efectos o “beneficios” que ha traído una corporación como un mal menor del capitalismo? ¿O qué alabe el orden de producción mercantil que se basa en una lógica de obsolescencia programada o a la tecnología redireccionada en base a una pre-lógica (instintiva, acrítica, sensual) del capricho, el inmediatismo, la pereza y subjetivismo social de aceptar ser recodificado por la maquina o por los temes (la tecnología como replicador social)?