Ángela

Ángela se vio condenada a vivir detrás de cuatro paredes.

Temía volver a salir y sentir el rechazo de las otras personas.

Piensa que si vuelve a topar con alguien así, va a sufrir.

Pero alguien así, lo son todos pensaba Ángela.

Ya pasó una vez, después de todo.

Un día, después del trabajo Ángela se encontraba caminando de regreso a su departamento cuando un hombre se tropezó con ella de frente. El hombre se se volteó para pedir disculpas, pues andaba distraído leyendo unos apuntes que tenía en un block de notas. Ángela aceptó las disculpas sin problema y le sonrió, no era nada del otro mundo. Hasta que de repente el hombre se comenzó a fijar en el seno izquierdo de Ángela. Parecía como si el pezón de ella se hubiera comenzado a marcar contra la camisa blanca que traía puesta, pues ahí se encontraba una mancha rosada. Ángela se comenzó a incomodar y rápidamente siguió su camino, esta vez tapándose los senos con los brazos para ocultar aquella mancha de tiza producto del trabajo artístico que estaba haciendo en su casa. De hecho, casi toda su guardacamisa estaba repleta de manchas pero dio la casualidad de que esa mancha fue la que empezó a destacar, tal vez por el hecho de que era tiza y podía traspasarse a la camisa sin ningún problema.

Se sentó en la parada del bus, aún con los brazos cruzados. Una señora que se encontraba ahí la miró y le preguntó si se encontraba bien; no tenía un buen aspecto. Ángela asintió evitando el contacto visual con ella lo más posible. La señora entonces comenzó a sacarle conversación sólo para asegurarse de que se sintiera bien a lo que Ángela fue bastante receptiva, al punto de normalizarse y soltar los brazos por unos momentos. Suficiente tiempo para que la señora viera aquel vestigio de pezón y la observara con repugnancia. Cuánta vulgaridad en una mujer.

Otra vez se había cubierto el pecho con los brazos.

Finalmente llegó el bus a la parada y se montó en él. Habían muchísimos pasajeros, por lo que inevitablemente tuvo que hacer maniobras dentro del bus quedando expuesta nuevamente hasta poder alcanzar un puesto que fue cedido por un chico al fondo. Se sentó en él y nuevamente comenzó a cubrirse el pecho. El chico le preguntó si tenía frío, a lo que ella respondió que no.

El viaje era largo, por lo que Ángela se fue quedando dormida poco a poco, relajando los brazos y quedando expuesta nuevamente. Al principio nadie se había dado cuenta de aquella marca en su camisa, pero fue cuestión de tiempo para que un grupo de chicas finalmente la viera y se burlaran de ella discretamente para no despertarla y así poder fotografiarla pues querían mostrárselo al resto de sus amigos.

Pasó un rato hasta que Ángela sintió algo vibrando dentro de su pantalón. Era su teléfono celular. Un amigo le había mensajeado algo que la extrañó bastante: “Te volviste viral” dijo. Ella no lo entendía, pero revisando los mensajes se dió cuenta de que había una fotografía de ella dormida en el bus con el pezón ficticio expuesto. El grupo de chicas seguía ahí todavía y cuando vieron su reacción no pudieron evitar caer en carcajadas.

Ángela comenzaba a desesperarse poco a poco.

¿Cómo era posible que algo así pudiera causar tal desastre?

Bajando por los mensajes llegó finalmente al mensaje de su jefe. Había visto la fotografía. Decía que quería hablar con ella por conductas inapropiadas. Era un despido inminente.

No podía creerlo.

Ya habiendo llegado a su parada, se bajó velozmente para evitar la mirada de todo aquel que se atreviera a mirarla y con la misma velocidad fue caminando hasta su edificio.

Entró.

Subió por el ascensor con una sensación de asfixia causada por la ansiedad que sentía producto de una situación que se descontroló por completo.

Pensó por un momento que cuando llegara a su casa, podría estar en paz pues su esposo la consolaría.

Pero no fue así.

Él no estaba ahí.

Había dejado una nota que decía: “Lo siento, pero no sabía que fueras ese tipo de mujer…”

Ángela se vio condenada a vivir detrás de cuatro paredes.

Temía volver a salir y sentir el rechazo de las otras personas.

Piensa que si vuelve a topar con alguien así, va a sufrir.

Pero alguien así, lo son todos pensaba Ángela.

Ya pasó una vez, después de todo.


Este cuento fue escrito como parte de un ejercicio de escritura creativa que estoy realizando por mi cuenta. Consiste en preguntarle una palabra a una persona y construir un cuento a partir de esa palabra, con el objetivo de que sea mencionada por lo menos una vez durante la historia sin que esté fuera de contexto. En este caso particular, la palabra fue pezón.
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