Finita vida

Casi todo tiene su límite, pero eso no es necesariamente malo.

Porque sí, la vida es bastante finita. No importa desde que punto te atrevas a verlo; no importa si eres creyente de esto, de aquello o de aquel, o si no crees en nada ni nadie. Todos sabemos algo innegable y es que esto, tu vida o la mía, tiene un fin. Que si hay algo después o no, nadie lo sabe. Probablemente nada, porque así como hay falsos profetas, hay falsos comunicadores fantasmagóricos. Tú sabes, de esos que dicen hablar con los fantasmas y tal.
Y si existen, no me puedo ni imaginar lo incomodo que debe ser que alguien meta palabrerías en su boca. Porque de existir, lo lógico seria pensar que ya no son parte de este mundo.
¿Y qué tal si en cambio reencarnamos o renacemos?
Esto ya sería algo más personal, pero... Que aburrido. Estar siempre, durante toda la eternidad, viviendo una cantidad limitada de historias. Porque afrontémoslo: ¿cuántas variaciones puede tener una vida humana? Rico, pobre
Criminal, victima, padre, madre, alto, bajo... Y pare usted. Pareciera que es una lista bastante larga. Pero dentro de una eternidad, y para lo fugaz que es la vida, seguramente en un milenio ya habríamos vivido cada una de las formas de vida humana. En un siglo quiza todas las formas de vivir de x especie de animal. 
Y lo repetitivo aburre. Tal vez porque ya nos acostumbramos a detectar patrones para poder realizar acciones automatizadas, de forma que no sea necesaria la concentración para hacerlo, y entonces eso podría hacernos perder nuestro sentido. Tanta repetidera. Imagínate: detestas que hagan series o libros con tanto arquetipo, estereotipo o algo muy típico. Pueden llegar a ser tolerables y hasta disfrutables, pero ¿hasta cuándo? 
Si se dice que el chiste pierde su gracia la segunda vez que lo cuenta.
Entonces ¿algo bueno tiene su fin?
Estoy casi seguro que toda buena historia tiene su fin. De hecho, hay finales que por sí sólos son buenos. 
El fin de una guerra, de una tiranía, de un maltrato... 
Así que más que temerle a un final (del trabajo, de una relación o hasta de la vida misma), deberíamos tomar los finales como un fiel recordatorio de lo finito de casi todo. O por lo menos, todo lo que es importante para un humano.
Y precisamente porque casi todo es finito, hay que aprovechar mientras aún se puede. Apreciar la belleza de algo dentro de los límites de su existencia. Tener en cuenta que es ese límite lo que lo puede volver hermoso e impactante o incluso horrible y espantoso pues lo convierte en algo único.


Me gustaría acotar, a parte el por qué casi todo. Es sencillamente porque no se puede decir con certeza la existencia o no existencia de un X elemento que sea infinito. Podría existir, o podría no hacerlo. Sin mencionar que cada elemento, cuerpo, objeto o como quieran decirle tiene sus propias características. Incluso sus propias características temporales.

Like what you read? Give E. Lira a round of applause.

From a quick cheer to a standing ovation, clap to show how much you enjoyed this story.