Mamás con temor a “desentonar”


La sociedad, el sistema actual, el temor a la crítica (o incluso nuestra propia imaginación) nos ha hecho creer que una mamá con su bebé no encajan en muchos ambientes.

La semana pasada, Mi madre, mi hija y yo; nos fuimos a Multiplaza a hacer compritas navideñas.

Entramos a EXPRESS y, después de 20 minutos de recorrer estantes y perchas, a Alazne le dio hambre. En ese preciso momento me hice la pregunta que le dio origen a esta entrada: ¿Salgo de la tienda para darle de comer o le doy el biberón aquí dentro?

La sociedad, el sistema actual, el temor a la crítica (o incluso mi propia imaginación) me han hecho creer que una mamá con su bebé no encajan en muchos ambientes. Preparar el biberón de mi hija, en pleno pasillo de una tienda de ropa, implica: buscar un lugar donde sentarme, sacar los utensilios en cuestión, preparar la pacha, el llanto que se espera de un bebé cuando tiene hambre (la intensidad del llanto generalmente es directamente proporcional al hambre que tiene) y luego de haber realizado toda esta maniobra, tomarme unos cuantos minutos para que la bebé coma a gusto; ¿puedo hacer todo esto dentro de una tienda de ropa? incluso ¿está “permitido”?

Me di cuenta de cómo las mamás automáticamente nos marginamos por temor a “desentonar”, o a escuchar que alguien nos diga “disculpe señora, aquí no puede hacer eso”.

Reconozco (y con cierto aire de vergüenza) que yo me sentí así. Estaba en un ambiente limpio, ordenado, trendy, que premia a la mujer audaz y a la moda; independientes, modernas y que aparentemente no piensan en bebés; y en cuestión de segundos me imaginaba a mi misma en medio del pasillo principal, sentada en el piso (porque no había donde más sentarse) con mi cartera y la pañalera en el suelo, Alazne llorando y yo intentando calmarla. Digamos que esa imagen, no era precisamente un maniquí como los de la vitrina… pero ¿y si lo fuera?

Cuando le dije a mi mamá “voy a salir a darle de comer a Alazne” uno de los chicos que trabaja en la tienda me escuchó y dijo: “Señora, puede darle de comer aquí dentro, déjeme traerle un banco de los que están en el cambiador” El chico se llama Dennis, trabaja en EXPRESS y me sacó una sonrisa auténtica porque él había entendido algo que yo no: que estaba bien estar ahí, que mi hija tuviera hambre y que yo quisiera darle de comer; que no desentonaba, que íbamos a decorar la tienda con una mamá y un bebé en el pasillo. Aún sonrío cuando me imagino la escena.

EXPRESS, Multiplaza. San Salvador.

Este chico me hizo reflexionar sobre mis auto-juicios como mujer y como mamá; entendí que no se trata de si es correcto o no, o de si hay un lugar para bebés o no (como una reunión de negocios, un supermercado, una oficina o un parque) se trata de encontrarnos, conocernos y aceptarnos mutuamente. Interactuar, darnos permiso de ser nosotras mismas, exponer nuestra maternidad orgullosamente y no desde ese sentimiento horrible que se parece mucho a la culpa.

Eso fue lo que aprendí. Muchas gracias Dennis. EXPRESS debería darte una palmadita en la espalda.