Día Internacional de la Mujer

No todos los días conmemorativos son una celebración. No siempre ese día en el calendario está marcado por algo bueno que ocurrió. Con el Día Internacional de la Mujer lo que se quiere es hacer conciencia sobre una vieja deuda de la sociedad con el 50% de sus miembros.

Si bien es verdad las mujeres de hoy tienen una realidad muy distinta a aquellas que vivieron 100, 200 o 1000 años atrás, aún falta mucho por cambiar. ¿Cambiar para qué? Pues para que la mujeres en verdad puedan disfrutar de los mismos derechos y libertades que los hombres y para que tengan una vida sin temor a lo que los hombres y la sociedad podrán hacer contra ellas.

Las transformaciones sociales no ocurren gracias a que un presidente firmó un decreto, a que un parlamento aprobó una ley o porque un juez dictó una sentencia. Las transformaciones solo ocurren, y se mantienen, cuando los individuos mismos cambian, cuando asumen la responsabilidad que les toca y ejecutan la tarea que les corresponde. Lograr equidad entre hombres y mujeres solo será posible a través de un esfuerzo constante y consciente por cambiar nuestra forma de pensar, de hablar y más importante aún, de actuar.

Ninguno estamos exentos de tomar acción porque infelizmente ninguno creció con los conceptos correctos sobre las mujeres y su relación con los hombres y la sociedad. Crecimos con “solo las mujeres lloran”, “pega como mujercita”, “la cocina es para las mujeres”, “las mujeres no saben manejar” y tantas otras frases similares. Esas frases, repetidas una y otra vez, fueron fundamentales para definir muchas de nuestras conductas y actitudes. Son las mismas que volvemos a repetir de adultos y que enseñamos a nuestros niños: hijos, sobrinos, hermanos. Con ello contribuimos a perpetuar el ciclo.

Este 8 de marzo, en algunos de los grupos de WhatsApp a los que pertenezco se intercambiaron, entre otros, estos memes:

La mayoría de estos se habrán enviado en otras fechas. Yo mismo los habré enviado también en algún momento. Poco a poco sin embargo, he entendiendo lo que ellos significan y el daño que hacen. Estos “chistes” perpetúan conceptos sobre las mujeres y moldean la actitud de los individuos y con ellos de la sociedad como un todo. Ahora, si no son nuevos, ¿cuál es la relevancia? Creo que mucha. Las personas no cambian de un día para otro, pero si no podemos vivir el cambio por 24 horas a la vez, ¿cómo podríamos lograrlo en el largo plazo?

Es necesario darnos cuenta que estas cosas están mal, que no son graciosas y que hacen daño. ¡Es necesario darnos cuenta! No podemos seguir actuando en piloto automático, porque nunca vamos a cambiar aquello que no vemos que está mal. Es el principio básico detrás de cualquier transformación personal: acepto que hay algo mal y luego tomo acción para cambiarlo. Y son acciones pequeñas, personales y honestamente, simples. Corto el flujo de lo malo: no cuento “chistes” que denigren a las mujeres. No los envío por mensaje. No me río cuando me los cuentan. Enfrento la situación: lo hablo con mis familiares, con mis amigos. No para juzgarlos y acusarlos sino para que ellos también entren en razón de lo que no está bien. Así, al cambiar yo me vuelvo agente de cambio y otros también cambiarán y se logrará un efecto en cadena.

Esto es solo una parte pequeñita de lo que se puede hacer. Lo más básico. Pero hay tanto más que cada uno puede lograr desde nuestras trincheras. Ir más allá, volverse un abanderado genuino del concepto de equidad hombre-mujer es a lo que ojalá todos aspiráramos. Pero mientras llegamos ahí, podemos empezar por alcanzar nuestra victoria personal, en lo escondido de nuestra mente.

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