De educación y marchas
¡Que prevalezca la razón y el ruido de unos pocos no asuste!

La reciente marcha realizada este fin de semana como protesta por la introducción en el sistema educativo público del nuevo programa Educación para la Afectividad y Sexualidad sirvió para atizar una avalancha de comentarios, notas y posts desde diversos frentes de la sociedad que nos recordaron que la educación sexual es una asignatura en la que aún estamos, por decir lo menos, atrasados. No faltó quien pusiera otra vez de frente las alarmantes cifras de embarazo adolescente, embarazos no deseados, ocurrencia de relaciones entre menores de edad y adultos (normalmente mujeres-hombres) o desinformación. Tampoco faltaron las incontables anécdotas sobre los “métodos” que usan los jóvenes para evitar los embarazos, o las luchas para completar la escuela/colegio o combatir el rechazo. Las razones tangibles, cuantificables y reales están ahí para decirnos en la cara que no hay nada que justifique no darle a los jóvenes la información que necesitan para tener una vida sexual plena, feliz y segura.
El nuevo programa también incluye tópicos relacionados con la tolerancia y el respeto. En palabras de la Ministra de Educación “esto supone adquirir habilidades para comunicarse asertivamente y protegerse de los riesgos de abuso y violencia; supone, también, aprender a reconocer y respetar los derechos de las personas en su diversidad, entre ellas sus identidades o expresiones de género.” En un país donde los niños y jóvenes crecen escuchando constantemente cosas como “solo las mujeres lloran”, “eso es de maricones”, “no sea mamitas” y así por el estilo, da para reconocer que hay una buena oportunidad de mejorar como sociedad.
A pesar de todo, de la verdad innegable que nos arrojan las cifras, de la realidad que vemos (o decidimos no ver) todos los días, el sábado hubo marcha de protesta. Y mientras quienes se esfuerzan por hacer las cosas bien para los más jóvenes tienen que justificar su esfuerzo, esas personas que alzan la voz para el reclamo apoyan su actuar en… sorpresa, sorpresa, su religión. Y ahí es dónde escucha uno cosas como
“Creemos en lo que dice la Biblia: varón y hembra los creó, y que la educación de nuestros hijos está en nosotros como padres, y que el MEP no debe meterse en esa parte.”
O linduras como:
“Todos sabemos que esos problemas han sucedido siempre, pero hay otras formas de ayudar a esas personas, y es solo a través de Jesús y de creer en la palabra”.
Demandar la eliminación de un tema de esta trascendencia por cuestiones religiosas, ¿en serio? ¿Ese es el mejor argumento que se puede exponer?
La gente pierde de vista muy fácilmente que conceptos como dios, religión e iglesia no son lo mismo y que aunque están interrelacionados son independientes. También es muy fácil perder de vista que religión e iglesia son construcciones humanas, inventos del hombre que han ido mutando a través del tiempo y lo seguirán haciendo mientras sigan dependiendo de seres humanos. Posiblemente dios también. Es muy fácil perder de perspectiva que cuando decidimos tomar decisiones con base en la religión o lo que “dice la iglesia” estamos eligiendo devolvernos cientos o miles de años en el tiempo y evaluar la realidad con un lente de muy corto alcance.
Pero a pesar de la bulla de los que dicen que “Que los hermanos del movimiento homosexual sepan que los amamos tanto que queremos que se conviertan” (¿¿conviertan en qué??), hay esperanza. Me encontré este texto de Leonardo Garnier, Exministro de Educación, quién nos señala cifras muy alentadoras:
“Ya en 2010 la Encuesta de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud había revelado que más del 93% de los adultos costarricenses estaba a favor de que se brindara educación para la sexualidad en nuestros colegios. (…) este porcentaje era el mismo — superior al 93% — para las personas que no tenían ninguna religión, para las personas de religión católica, para las personas de religión cristiana evangélica y para las personas de otras religiones.”.
El texto de Garnier es revelador porque nos muestra que a pesar del ruido de unos pocos, en la mayoría prima la razón.
La tarea aún no está concluida, lamentablemente cuando el Exministro Garnier lanzó la primera fase del programa de educación sexual, una sentencia judicial obligó a darle un carácter optativo a las lecciones del programa. Esto básicamente significa que es posible que haya padres de familia que decidan privar a sus hijos de la información y el conocimiento que necesitan para su felicidad, plenitud y protección.
