Francisco nos enfoca

Eduardo Arriagada
Dec 24, 2013 · 4 min read

La Navidad es la fecha de nuestra alegría por la venida del Salvador. En el caso de cada uno de nosotros es también la alegría de comunicar la verdad. En su celebración de la Misa de Navidad el Papa nos recordó que tendemos a poner el letrero de “No molestar” ante estos mensajes. Nos dijo que debemos reemplazar la actitud “de no te metas en mi vida”, por un pedido para que Cristo reine en nosotros.


En su discurso nos recordó aprovechar el pesebre como escuela para vivir con humildad, sencillez, obediencia, pobreza. Que gracias a cada uno de sus personajes lo aprovechemos como un espacio para aprender.


Hace pocas semanas Francisco nos mandó el documento “La Alegría del Evangelio”, una llamada a evangelizar que es para todos y es muy inclusiva, quiere que todos nos sintamos invitados, nadie puede hacer sentir incómodo a otro en el nuevo espacio cuando Francisco dice: “La Iglesia tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio”.


Qué nos dice sobre quienes deben estar en el foco de nuestras preocupaciones: “Pero ¿a quiénes debería privilegiar? Cuando uno lee el Evangelio, se encuentra con una orientación contundente: no tanto a los amigos y vecinos ricos, sino sobre todo a los pobres y enfermos, a esos que suelen ser despreciados y olvidados, a aquellos que «no tienen con qué recompensarte» (Lc 14,14). No deben quedar dudas ni caben explicaciones que debiliten este mensaje tan claro. Hoy y siempre, «los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio»[52], y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer


En este marco se comprende el pedido de Jesús a sus discípulos: «¡Dadles vosotros de comer!» (Mc 6,37), lo cual implica tanto la cooperación para resolver las causas estructurales de la pobreza y para promover el desarrollo integral de los pobres, como los gestos más simples y cotidianos de solidaridad ante las miserias muy concretas que encontramos”.

Francisco nos lo dice clarito: “ Llama la atención que aun quienes aparentemente poseen sólidas convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que los lleva a aferrarse a seguridades económicas o a espacios de poder y de gloria humana que se procuran por cualquier medio, en lugar de dar la vida por los demás en la misión”. Va más allá y afirma: Porque «a los defensores de “la ortodoxia” se dirige a veces el reproche de pasividad, de indulgencia o de complicidad culpables respecto a situaciones de injusticia intolerables y a los regímenes políticos que las mantienen». Y si alguien todavía no lo entendió se manda una tercera frase: “No nos hagamos los distraídos. Hay mucho de complicidad. ¡La pregunta es para todos! En nuestras ciudades está instalado este crimen mafioso y aberrante, y muchos tienen las manos preñadas de sangre debido a la complicidad cómoda y muda”.

Y porqué el Papa habla de la igualdad en un texto que se supone se refiere a evangelizar, en sus palabras él advierte que “ A continuación procuraré concentrarme en dos grandes cuestiones que me parecen fundamentales en este momento de la historia. Las desarrollaré con bastante amplitud porque considero que determinarán el futuro de la humanidad. Se trata, en primer lugar, de la inclusión social de los pobres y, luego, de la paz y el diálogo social.


Este papa está hablando como nunca antes de que debemos pensar en conseguir más igualdad para esta sociedad: “ animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: «No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”.


Incluso se mete en temas económicos: “ algunos todavía defienden las teorías del «chorreo», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante… hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata”.

    Eduardo Arriagada

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    Profesor y decano en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica. Autor de #TsunamiDigital y Sácale Partido a tu Teléfono. Premio iRedes 2016.

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