La comunicación entre las religiones en tiempos de Francisco

Eduardo Arriagada
Oct 11, 2015 · 20 min read

La convocatoria a este coloquio lleva preguntarse si es posible convivir en la diversidad religiosa creciente y nos anima a compartir caminos para conseguirlo.

Si quieren oír esta presentación tienen el siguiente enlace:

1) Las religiones como objetivo de la comunicación

La preocupación sobre el diálogo interreligioso y el trabajo conjunto con otras religiones acaba de ser subrayado por el Papa Francisco cuando en el paseo de la independencia de Filadelfia habló al migrante: “En este lugar, que es un símbolo del modelo de los Estados Unidos, me gustaría reflexionar con ustedes sobre el derecho a la libertad religiosa. Es un derecho fundamental que da forma a nuestro modo de interactuar social y personalmente con nuestros vecinos, que tienen creencias religiosas distintas a la nuestra. El ideal del diálogo interreligioso donde todos los hombres y mujeres de diferentes tradiciones religiosas pueden dialogar sin pelearse, eso lo da la libertad religiosa”.

El papa citó a Certeau: “Nuestras tradiciones religiosas nos recuerdan que, como seres humanos, estamos llamados a reconocer a Otro, que revela nuestra identidad relacional frente a todos los intentos por imponer «una uniformidad a la que el egoísmo de los poderosos, el conformismo de los débiles o la ideología de la utopía quieren imponernos».
Sigue el papa: “En un mundo en el que diversas formas de tiranía moderna tratan de suprimir la libertad religiosa, o como dije antes, reducirla a una subcultura sin derecho a voz y voto en la plaza pública, o de utilizar la religión como pretexto para el odio y la brutalidad, es necesario que los fieles de las diversas tradiciones religiosas unan sus voces para clamar por la paz, la tolerancia y el respeto a la dignidad y a los derechos de los demás.”
Ese día repetía una idea de su encíclica “Laudato Si” cuando nos recordó que la mayor parte de los habitantes del planeta se declaran creyentes, lo que debería provocar a las religiones a entrar en un diálogo entre ellas orientado al cuidado de la naturaleza, a la defensa de los pobres y a la construcción de redes de respeto y fraternidad.

En su visita a Paraguay también se explayó con claridad sobre el tema: “Nos reunimos a veces para hablar sobre puntos de vista, pero cada uno habla desde su identidad. Yo soy budista, yo soy evangélico, yo soy ortodoxo, soy católico, cada uno habla, pero desde su identidad, no negocia su identidad”.
En esa visita que nos hizo a Sudamérica dijo: “La riqueza de la vida está en la diversidad, pero el punto de partida no puede ser voy a dialogar pero él está equivocado; debemos ir a escuchar qué me dice el otro, lo qué me enseña el otro, en qué el otro me hace caer en la cuenta de que yo estoy equivocado, y en qué cosa le puedo dar yo al otro. Es de ida y vuelta, pero con el corazón abierto”.

En el caso de Francisco este camino lo tiene recorrido. En una entrevista a un medio mexicano recordaba: “En Argentina trabajábamos mucho juntos con los pastores (evangélicos). En Buenos Aires yo me reunía con un grupo de pastores amigos, y rezábamos juntos y organizamos tres retiros espirituales para pastores y para sacerdotes juntos. De varios días. Y venía, y predicaba o sacerdote católico y un pastor…también hicimos tres encuentros entre católicos y evangélicos, en el Luna Park, que tiene capacidad para un poquito más de siete mil personas. También un día entero.”
El respeto al otro es clave para el Papa, incluso fuera de las religiones. En su primer año de su papado mandó una carta al director del diario La República para referirse a los ateos y los agnósticos qué siguen su conciencia: “oír y seguir tu conciencia siempre que entiendas la diferencia entre lo bueno y lo malo”.
En Filadelfia Francisco casi emocionado se salió del libreto de su discurso e improvisó matizando sus críticas a la globalización: “Si una globalización busca unir a todos pero respetando a cada persona, a su persona, a su riqueza, a su peculiaridad, respetando a cada persona, a cada pueblo, a cada riqueza, esa globalización es buena: nos hace crecer a todos y lleva a la paz. Me gusta usar la geometría aquí. Si la globalización es una esfera, donde cada punto es igual equidistante del centro, anula, no es buena. Si la globalización une como un poliedro donde están todos unidos pero cada uno conserva cada uno conserva su propia identidad, hace crecer a un pueblo, da dignidad a todos los hombres y le otorga derecho”.

2) Los cambios en las comunicaciones

Este camino hacia las religiones al que nos empuja Francisco tiene un espacio natural de desarrollo en el crecientemente dominante entorno social que rodea las comunicaciones. Un entorno que a primera vista puede no considerarse apropiado para temas religiosos.
Los cambios siempre producen incomodidades, nos demoramos en acomodarnos a la nueva situación. Hay que tener en cuenta que lo que está sucediendo hoy en las comunicaciones es una disrupción similar a otras que vivimos anteriormente, con la aparición de la imprenta, el teléfono o la TV. Cuántas veces en la historia hemos visto que el discurso en torno a cambios tecnológicos que condicionan nuestras comunicaciones ha sido dominado por la información que aporta la literatura catastrofista.

En este caso lo nuevo es que a comienzos de este siglo se universalizó la posibilidad de participar en el proceso de producción y distribución de los contenidos que llegan a audiencias enormes. En las comunicaciones tanto interpersonales como masivas, lo que nos molesta es la intromisión de estos dispositivos móviles, resentimos que muchos de los que nos rodean no son capaces de desconectarse, independiente de que tengan al frente a un familiar o estén asistiendo a una ceremonia relevante que les interesa.

Ya es un clásico comparar las imágenes de la fotografías del momento que salieron al balcón de la Plaza San Pedro los recién electos Benedicto y Francisco. Si pensamos entonces en las personas que están inmortalizando en sus aparatos ese momento en el caso del Papa Francisco vemos que cada uno de ellos se asumió como “reportero” de sus respectivas redes sociales. Todos sabían que no eran capaces de sacar una foto mejor a la que tomarían fotógrafos profesionales, pero también sabían que en su entorno social, por ser ellos quienes estaban tras el objetivo de esos “teléfonos”, su foto sería la más entrañable.
La imagen de la plaza, donde cada persona tiene levantado su celular para fotografiar, lo que luego compartirán gracias a redes como Twitter o Facebook, tiene muchos elementos que quizá nos distraen de lo relevante que ahí está sucediendo: ahí se están comunicando personas, es la imagen de personas compartiendo el momento con los suyos. Existe una cierta ceguera para entender el cambio que experimentamos en directo que ya mencionaba McLuhan en el año 69 al decir que miramos el presente por el espejo retrovisor.
La pantalla está ahí a mano, encendida. El dispositivo que todavía llamamos teléfono no es solo la segunda pantalla que nos acompaña cuando vemos la televisión o el cine, se ha convertido en la segunda pantalla de toda nuestra vida. Una parte de la molestia resulta de enfocar nuestra atención en la herramienta (el celular o la red social) olvidando que lo importante de ella sucede en la forma como es usada por cada persona para comunicarse.
Se repite un fenómeno que se dio con el surgimiento de la telefonía.

Concordemos que hoy usamos el teléfono sin pensar en la herramienta porque la tecnología y todos los protocolos implícitos en su uso se han hecho invisibles por su habitualidad. Justamente el éxito de cualquier medio pasa por conseguir un cierto nivel de desatención o ceguera de la tecnología involucrada, en favor de destinar esa atención hacia el fenómeno comunicativo que se hace con ella. Cuando levantamos el auricular del teléfono de nuestra oficina hablamos con alguien, el aparato solo facilita una comunicación con otra persona que en ese momento hubiera sido imposible sin ella.

La tecnología móvil y de las redes que irrumpe todavía no está aprendida, nos encontramos en los inicios del necesario proceso de aprendizaje universal que condiciona las funciones y usos de estos espacios. Pensemos otro cambio radical que afectó a nuestras comunicaciones, la imprenta. Rheinhold y Weeks recuerdan que aunque ella fue capaz de nivelar el poder de la mente humana permitiendo la distribución masiva de documentos escritos, fue necesario que pasaran casi cien años para que se desarrollaran y universalizaran habilidades lectoras en la población, incluso esa nivelación en países como el nuestro todavía no es una realidad universal.

Si evaluamos las comunicaciones que existían hasta antes del desarrollo de las redes y los teléfonos móviles que nos incomodan, hay que reconocer que tampoco se trataba de una situación ideal. Justamente habían sido esas comunicaciones una de las grandes debilidades con las que convivíamos. Para muchos el gran problema de la humanidad es la enorme dificultad que existe para conseguir pasar un pensamiento o idea de una cabeza a otra.
Aunque estemos cara a cara y contando con toda la atención de nuestro interlocutor, la experiencia nos recuerda lo complicado que resulta darnos a entender. O cómo los que nos oyen no siempre son capaces de comprender correctamente lo que escuchan. Terminamos asumiendo que nos manejamos con grados de comunicación. Todos tenemos la experiencia de haber visto como incluso dos personas a las que les damos una misma instrucción entienden cosas completamente distintas.
El periodismo se profesionaliza al mismo tiempo que la publicidad como consecuencia de la posibilidad de construir audiencias masivas. La rotativa y el sistema de teletipos se convirtieron en una ventaja competitiva sostenible que hizo que los diarios comenzaran a monopolizar la conversación social desplazando al comentarista amateur que no le quedó más remedio que integrarse al coro de los que comentaron desde entonces el contenido de los nuevos medios masivos que caracterizaron al siglo XX.
Con los años los medios se desarrollaron y multiplicaron, a la prensa le siguió la radio, luego la televisión. Pero a pesar de que en los países occidentales vivieron condiciones económicas de riqueza indiscutible, ni siquiera los medios más exitosos respecto a audiencias y rentabilidad fueron capaces de controlar realmente a los poderes públicos que justificaban su trabajo. Aunque en el siglo XX el periodismo tuvo más recursos que nunca, igual convivió permanentemente con gobiernos que consiguieron que la falsedad siguiera siendo el contenido dominante de los discursos públicos.
Ese contexto permitió que desde los estados se realizara todo tipo de abusos.

En la reciente década de los 90, vivimos la experiencia del efecto que tuvo un trabajo constante de demonizar semana a semana a toda una raza con un trabajo comunicacional que aprovechó los medios masivos. Con la práctica de repetir que todos los miembros de la raza Tutsi eran cucarachas (inyenzi) que debían desaparecer, se promovió que muriera más de 1 millón de personas, en gran parte a punta de cuchillos.
Incluso en países democráticos hoy el periodista de investigación Charles Lewis nos dice que el discurso político es mayoritariamente la defensa de lo indefendible, un lenguaje diseñado para hacer que la mentira sea verosímil, y la muerte respetable. Se respira una sensación de que la falsedad ha dominado.
Mientras Internet y el computador personal surgen en los años 70, a mediados de los 80 lo hacen módems para uso personal y los computadores son suficientemente amigables para llegar a las casas de los usuarios. Entonces aparece un concepto que fue otro paso clave: la idea de redes sociales.
Lo que sucede en estas conversaciones no vale solo por el número de personas conectadas a cada conversación, sino porque toda la gente, incluso los que no están en las redes, la tratan como un diálogo esencial. En Twitter conversan los líderes de opinión de cada grupo social, el influyente que hay en cada familia u oficina, el que tiene opinión para todo. Ese mismo influyente se alimenta de las redes como antes lo hacían de los diarios para luego estar más preparado para conversar en la vida real.
Muchos subvaloran la importancia de este espacio porque no ven que lo que sucede en las redes sociales no se limita a lo que ocurre a través de estas herramientas. El poder de estas redes resulta de que sus conversaciones porque luego se extienden también a los encuentros cara a cara. Así como los medios tradicionales alimentaban la conversación social, el mayor valor de las redes es aumentar ese mismo fenómeno. Benedicto no se integró al espacio para conectarse con un grupo de tuiteros sino que al hacerlo estaba trabajando sobre las redes sociales relevantes para tanto los que tenían fe como los que estaban fuera de la Iglesia.

En inglés estos nuevos espacios digitales son llamados social media, en castellano los llamamos redes sociales. La ventaja del término que usamos es que con el aludimos justamente a que lo relevante que sucede en estos espacios no es mucho más que una amplificación de lo que ya venía ocurriendo previamente. En “Grouped” de Paúl Adams, creador de los círculos de Google +, nos recuerda que la fuerza de lo que sucede en estos espacios radica en que en ellos se expresan las mismas redes de influencia que existían previamente, quizá potenciadas por una mayor visibilidad como si lo digital funcionara como esteroides.
La clave de las redes sociales es que es una forma de conectar a los de siempre. Para entender el impacto de ellas hay que darle el peso al factor de ser el “pegamento”, el punto de conexión. Por eso es relevante lo que pasa en las redes, en la conexión.
Como lo explican los investigadores, la seguridad que tenemos en nuestra propia capacidad de tomar decisiones nos hace perder de vista la extraordinaria influencia que tienen en esas elecciones lo que nos rodea, en particular, nuestra red social. Si nos asumiéramos como parte de un superorganismo, entenderíamos que nuestras acciones, elecciones o experiencias están condicionadas por otros que están enlazados a nosotros. Adams nos recuerda que habitualmente cambiamos nuestro comportamiento por lo que hace gente que nos rodea, pero olvidamos que siempre estamos siendo influenciados.
Cuando los estudios muestran nuestra vida social como un mundo de redes, comenzamos a ver la importancia de entender que en el no todos nos compartamos igual. Dentro de esos amigos o familiares que constituyen nuestra red social reconocemos personas influyentes y otras influenciables. Para Adams el factor más determinante para que una idea se difunda es la existencia de una masa crítica de personas que saben influir conectadas con gente fácil de influenciar.
Aparece la idea de Barabasi y Frangos de que al representar estas realidades como redes se evidencia que hay una cierta capacidad que explicaría la mayor efectividad relativa que tienen algunos para influenciar. Dice que en un entorno competitivo cada nodo (integrante de la red) tiene una cierta habilidad para hacer amigos en un entorno social. En su trabajo muestran que las personas, pero también las instituciones, incluso las páginas webs, tienen cualidades intrínsecas que determinan el “rate at wish”, ellos adquieren enlaces (se conectan) en un entorno competitivo.
Empiezan a parecer reglas propias de toda red, que lógicamente también se aplican a nuestro entorno social: por ejemplo que los nodos con mayor número de enlaces atraen más enlaces que el resto. Barabasi advirtió que justamente en las redes no existe ni lo democrático, ni lo justo, ni lo igualitario. Las redes no se construyen al azar sino que están dominadas por “hubs”, concentradores, centros de distribución, personas que tiene más y mejores contactos en parte porque manejan mejor la herramienta y, por lo mismo, se colocan al centro y condicionan las conversaciones que se dan en sus entornos sociales.

Cuando cualquier integrante de la antes pasiva audiencia tiene a mano (literalmente) un aparato conectado a la red capaz de convertir cualquier tipo de mensaje en un producto digital para ser distribuido con enorme facilidad, esa persona se incorpora al nuevo sistema de conectividad que requería la realidad de las redes sociales de las que hablamos. Hoy a nivel global la audiencia está conectada y los mensajes grabados en forma digital pueden moverse en el nuevo entorno horizontal paralelo a los medios tradicionales.
Para entender lo central del nuevo entorno debemos tratar de describir correctamente qué es lo verdaderamente nuevo que ha sucedido y tratar de encontrar ahí oportunidades para enfrentar los problemas con los que convivimos hasta ahora. En medio de tanto cambio cuesta encontrar pistas, por lo que usaré una técnica propia del mundo de la economía, centrarme en algún dato estilizable que sea realmente distinto.
Para mi lo “nuevo” sucede en el surgimiento de la masificación de un tipo de conversación interpersonal publicada que tiene un rol central en la relevancia de las redes sociales digitales. Hasta ahora teníamos dos mundos bien diferenciados: las comunicaciones interpersonales que se daban tanto cara a cara o con intermediación tecnológica, en el caso de las conversaciones telefónicas; en otro lado existían las comunicaciones masivas que se estructuraban en torno a medios con cuya tecnología se podía reproducir indefinidamente un mismo mensaje.
El individuo en su nueva condición de usuario o participante de las comunicaciones de masas obtiene nuevas alternativas de reacción ante un mensaje recibido, al que incluso puede responder en línea. Gitelman cita a Janet Abbate para mostrar que el usuario no se define como un simple consumidor de una tecnología sino como alguien que tiene un rol activo en las mismas definición de sus características.
Cuando hace unos años me integré como profesor de la Academia Diplomática, asistí a la inauguración de su año académico y supe que el lema de la academia: “Pro Chile Loquor” se traduce “hablo por Chile”. Yo no lo había escuchado antes, y me llamó la atención porque mostraba la centralidad de las comunicaciones en el trabajo de un diplomático. Al oírlo me pregunté porque las comunicaciones como disciplina no han estado más relacionadas desde siempre con los estudios diplomáticos.

En la diplomacia, lo que se ha valorado tradicionalmente han sido las comunicaciones interpersonales, la conversación de toda la vida, y por lo mismo nunca se ha visto como central el entorno de las comunicaciones masivas que son las que trabajamos académicamente en una Facultad de Comunicaciones.
En el mundo de masas solo comunicadas por medios donde estuvimos viviendo en el siglo XX todo pasaba por redactar mensajes y distribuirlos. En el nuevo entorno de redes el desafío es que nuestras historias se conviertan en temas de conversación, que nuestros enfoques o puntos de vista atraigan o imanten a otros integrantes de nuestras redes sociales y se difundan gracias a la acción de ellos.

3) Francisco, maestro en estas comunicaciones

Actualmente la Iglesia tiene en su cuenta de Twitter el medio más relevante para su trabajo diplomático, esto gracias a que construyó entre las 8 cuentas de @pontifex una comunidad de seguidores activos que supera los 24 millones de personas, 10 de esos millones en la comunidad que habla español. Solo en los días de los viajes a Cuba y Estados Unidos la cuenta papal comenzó a ser seguida por otro medio millón de personas.
Pero esos 24 millones no son el número relevante, hay otros líderes que lo superan, Barack Obama tiene casi el triple de seguidores. Lo que ha hecho al Papa ser considerado la persona con más reputación en el estudio Twitplomacy, que hace la consultora Burson-Marsteller comparando las cuentas de casi 700 líderes políticos del mundo, es la cantidad de gente que comparte (retuitea y repite sus mensajes) en sus propias redes lo que dice el Papa. Mientras un tuit promedio de Obama recibe mil reacciones, los del papa superan las 10 mil reacciones, en promedio. Esto llevó a que solo durante el último viaje de septiembre hubo más de 2 millones de mensajes sobre lo que sucedió en Cuba y Estados Unidos.
En el nuevo entorno el objetivo del que quiere comunicar mejor es conseguir crear una comunidad de usuarios: convertir en activistas a nuestros seguidores, entender que ya no es una audiencia pasiva de nuestros mensajes. En las redes más que conseguir un número de seguidores debemos establecer una relación con ellos, comprometerlos a participar. Francisco parece que nació para esto.

a) Se aprende a usar probando, se participa en borrador

Un asesor de comunicaciones que se integraba al equipo del nuevo Papa le preguntó a uno de su entorno sobre cuál era el dispositivo que Francisco usaba. “¿Prefiere la blackberry o el iPhone?”. “Él es más bien de Olivetti”, le contestó el que venía trabajando con él por años.
Aunque este Papa no tiene ningún declive por la tecnología, incluso reconoce que no ve la televisión desde los años 70, se ha entregado a las recomendaciones de sus asesores y aceptó inmediatamente probar en el nuevo espacio de las redes sociales al que ya había entrado Benedicto. En la misma semana que asumió el papado estaba usando Twitter.

Como nuevo Papa asumió exponerse porque como su antecesor, sabía que las redes sociales serían un espacio donde el papado recibiría insultos. Veía que no es posible encerrarse para no oír las críticas. Entendió que las redes son una oportunidad para comprometer tanto al que tiene fe como al que está lejos de la Iglesia.

Cuando los selfies todavía no eran una moda y vio a unos jóvenes haciéndolos no se puso en el fondo sino que dio el paso para integrarse a la fotografía.
En la última encíclica, “Laudate Si”, Francisco dice que la tecnología, que él muchas veces crítica, ha remediado innumerables males que dañaban y limitaban al ser humano. Dice: “No podemos dejar de valorar el Progreso técnico, especialmente en la medicina, la ingeniería y las comunicaciones”.
Una ventaja que ha tenido este Papa es que sucede al gesto humilde de la renuncia de Benedicto con una actitud que ha sido descrita como defensor de su propio “dogma de falibilidad”. Repetidas veces admite errores, confiesa ignorancia y advierte que sus expresiones han provocado malos entendidos.
Esto actitud que seguro quitaba autoridad en el paradigma de los mensajes cuidados del siglo XX es casi un valor en las comunicaciones del nuevo entorno social. El estilo de Francisco que se define así mismo como Obispo de Roma y no como Supremo Pontífice nos recuerda algo que parecíamos haber olvidado, la infalibilidad papal era algo que se producía en excepcionales ocasiones.

b) Se acabó la privacidad, siempre comunicamos

El actual Papa participa en las redes mientras vive, “él es un tuit caminando” dice Lucio Ruiz, el jefe de Internet del Vaticano. Desde el momento que asumió el cargo fue consciente de que cada detalle de su actuar sería una señal en el entorno tanto de los medios como de las nuevas redes sociales.
Revisando su biografía vemos que esta discreta forma de comunicar fue su forma de manejarse con los medios tradicionales argentinos, tan contaminados por el enfrentamiento político.
Cuando asume como Obispo en Buenos Aires, luego de un momento crítico en su relación con los Jesuitas, optó por prácticamente no tener comunicación directa con los medios. Para llegar a su gente en forma masiva empezó a usar un espacio que él podía controlar: empezó a usar gestos como forma de comunicarse.
Como resultado pareciera estar especialmente preparado para este entorno en el que vivimos bajo lupa. Detalles como la forma de vestir, donde vivir, el mínimo gesto ante la persona que espera su cariño están siempre en la mira, analizados y Francisco ha aprovechado esto para darle más coherencia, si cabe, a su llamado a la reforma de la Iglesia.
Los grandes cambios requieren tiempo para conseguir los acuerdos y superar los procedimientos, incluso para un Pontífice. Mientras que los gestos son mensajes inmediatos, al mismo ritmo en que se definen las percepciones sobre la institución. Los gestos los muestran accesible, desde el pedir a Dios la bendición a través del pueblo, al subirse al bus con los Cardenales o usar un auto compacto.

En una entrevista comentó sobre estos “símbolos”: “Trato de ser yo, como me gusta, y a veces por ahí exagero en alguna cosa que puede ofender a alguien. No sé en eso me tengo que cuidar. Pero los símbolos, el modo de ser, el auto, está el Mercedes. No yo no puedo ir en un Mercedes, en un BMW no puedo, bueno ahora está este Focus, o no sé cómo se llama, es el que uso, que es un utilitario más o menos al alcance de un empleado bancario, bueno entonces estaría bien ¿no? La sencillez, en eso creo que es verdad ¿no?”.

Un detalle extra que ha favorecido la viralidad de su mensaje es la alegría con la que Francisco se presenta en estos espacios. Así como en el mundo de las comunicaciones tradicionales podíamos usar cualquier mensaje por tóxico o agresivo que fuera, de hecho al final la publicidad la pagábamos y los militantes aceptaban instrucciones, en el nuevo entorno donde la masividad de la difusión del mismo está condicionada por lo que hagan otros voluntarios existe mucha evidencia que confirma que lo alegre moviliza más que lo serio. El activista de las redes quiere pasar un buen rato participando.

c) Es un espacio de conversación

El mismo Lucio Ruiz dice que su conversación es tan intensa y emocional, que la gente se siente tocada y retransmite, lo que hace viral a todo su mensaje. Francisco no está usando Twitter para conversar por la herramienta, pero es tan conversacional el tono de sus mensajes que escribe, que compromete como si fuera una conversación.

En Paraguay dedicó mucho tiempo a hablar de las características que permiten una buena conversación. “También está el diálogo teatro, es decir, representemos al diálogo, juguemos al diálogo… El diálogo es sobre la mesa, claro, si vos en el diálogo no decís realmente lo que sentís, lo que pensás, y no te comprometés en que hay que escuchar al otro, y vas ocultando lo que vas pensando vos, el diálogo no sirve, es una pinturita”.
Sigue él: “Dialogar no es negociar, negociar es procurar sacar tu propia tajada, si vas con esa intención es perder el tiempo; dialogar pasa por buscar el bien común para todos”. “No tenemos que ignorar los conflictos, por el contrario somos invitados a asumir el conflicto, si no lo hacemos, y que el otro vaya a su casa con su idea, y yo con la mía, no podemos dialogar, eso significa aceptar, sufrir el conflicto. Si alguien considera que hay personas, culturas, situaciones de segunda, tercera o de cuarta, algo seguro saldrá mal”.
El tono conversación al final pasa por hacer mensajes de uno a uno, personales, evitar el tono de la autoridad que habla desde la tarima.

d) En vez de entregar mensajes disputamos el tema de conversación

Un asesor de comunicaciones en el Vaticano me confidenció que meses antes de la renuncia de Benedicto existía mucha preocupación por lo que aparecía en las redes. Una mayoría relevante de las reacciones a los mensajes de las cuentas papales en Twitter eran reclamos por los casos de Pedofilia en la Iglesia. Un grupo de expertos en ese momento afirmó que tendrían que pasar décadas antes de que el tema dejara de monopolizar la conversación en las redes sobre la Iglesia.
Nadie entonces hubiera pensado que a los dos meses de que un nuevo papa comenzara a manejar la cuenta, la conversación en torno a los abusos bajara en forma significativa. En el nuevo entorno todo se juega por definir el tema de conversación.
Francisco consiguió tal grado de coherencia en torno a su propuesta reformista que fue capaz de reemplazar la conversación sobre crisis de los pederastas. Hoy menos del diez por ciento de las menciones de su cuenta tienen relación con esos abusos.

Otros materiales que tengo en torno a Francisco:

Me entrevista en UCV el Padre Hugo Tagle, para hablar de redes sociales y la Iglesia.

Un set de artículos alrededor de sus últimos dos viajes en la herramienta Flipboard.

Un set de post en esta misma herramienta Medium:

Eduardo Arriagada

Written by

Profesor y decano en la Facultad de Comunicaciones de la Universidad Católica. Autor de #TsunamiDigital y Sácale Partido a tu Teléfono. Premio iRedes 2016.

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