Chile necesita buenos comunicadores

Titulación y graduación de comunicaciones 2018

Vicerrectora, compañeros de trabajo, alumnos, familiares y amigos de los alumnos, hoy es un día muy especial para todos los que trabajamos en esta Facultad. Por última vez nos reunimos con los protagonistas de esta ceremonia como alumnos. Hoy nos juntamos para celebrar la etapa que han superado con éxito y agradecerles lo que nos han dado en estos años.

El progreso continuo en la capacidad de enseñar comunicaciones que promovemos en la facultad lo permiten jóvenes como ustedes. Sé que saben que todos ustedes han cambiado en estos años, lo saben también los familiares y amigos que los vieron llegar y hoy los acompañan. Les damos las gracias porque también hemos cambiado con ustedes, gracias a ustedes. Los que nos quedamos, administrativos, académicos, profesionales, estudiantes de otras generaciones estamos muy emocionados por ustedes.

Como generación les distinguirá haber estado en la Católica del 2018. De alguna manera serán distintos, porque fueron parte de la toma de conciencia en torno a los derechos de sus compañeras, de sus hermanas, de sus madres. Como académico les agradezco a nombre de la universidad que nos hayan ayudado a reconocer muchos vicios invisibilizados.

No fue casual que cuando la Casa Central estuvo tomada, la rectoría aceptó la invitación para ocupar las oficinas. Cuando el rector nos vino a ver, hace pocas semanas, nos agradeció el espacio, no solo por el lugar sino porque la percepción del ambiente integrador de la facultad había facilitado las negociaciones. De hecho, las largas como exitosas conversaciones entre las representantes del movimiento con los académicos y profesionales que acompañaron al rector, se llevaron a cabo en la sala de creatividad donde acostumbran a realizarse los talleres de la carrera de publicidad. Nuestro trabajo como comunicadores funciona cuando representamos las claves de las carencias sociales.

Este año me hice el tiempo para estar con Daniel Innerarity cuando vino a Chile. Quería atender su reflexión sobre la comunicación de estos tiempos, que él define como la política de la perplejidad. Como filósofo, dice que la política funciona cuando resuelve los problemas de los más vulnerables, los que no tienen otros que los defiendan. Para él, los buenos políticos son los que hoy la practican asumiendo la perplejidad propia del que entiende que no está dando el ancho… que su labor no está siendo capaz de garantizar lo necesario para los más débiles.

En ese contexto, entiendo que los comunicadores somos responsables de evitar que se invisibilicen los dolores de la sociedad, somos responsables de mantener perplejos a los buenos políticos. Nuestro éxito como comunicadores se juega en la eficiencia de los relatos que compartimos en la sociedad, en las historias que conseguimos que vean nuestros compatriotas en las pantallas, se juega en la capacidad de mostrar los problemas de las mujeres, las vidas de los migrantes, los efectos del abuso.

Espero que como generación del 2018 también se sientan marcados por haber realizado su último año de estudios luego de la visita del Papa a esta misma universidad, durante esta travesía por el desierto que vive la Iglesia, a la que pertenece esta casa de estudios. En la visita, el Papa habló también de la perplejidad, aunque alertando sobre el inmovilismo que puede provocar. Dijo que “no era de Dios defender la verdad a costa de la caridad, ni la caridad a costa de la verdad, ni el equilibrio a costa de ambas”. Nos llamó a aprender a discernir. “Jesús quiere evitar que Pedro se vuelva un veraz destructor o un caritativo mentiroso o un perplejo paralizado”.

Qué mejor señal de la gravedad asumida en el tema de los abusos que el hecho de que todos los obispos hayan renunciado y que aún no tengamos a todos sus reemplazantes. Este Papa cree que los procesos importantes toman tiempo. Eso sucede con dolor en el paso de una Iglesia que privilegió la opacidad para evitar el escándalo hacia una más transparente coherente con el compromiso que profesa de privilegiar a los más vulnerables.

Estamos convencidos de que la mejor forma que tiene nuestra facultad de participar en la solución del gran problema de convivencia nacional que se refleja en la desconfianza que domina las relaciones entre los chilenos se define en actos como el de esta tarde. Ahora entregamos a la sociedad profesionales como ustedes. Estamos convencidos de que Chile necesita buenos comunicadores.

Si resumimos la historia de las comunicaciones, podemos encontrar tres momentos claves. Hace cinco mil años los Sumerios inventaron la escritura que hizo que la comunicación dejara de ser efímera y local y se extendiera en el tiempo y el espacio. Luego, Gutenberg hizo que los mensajes pudieran multiplicarse y masificarse. Ahora las redes sociales permiten que esas audiencias masivas se empoderen, y gracias a acciones como compartir, comentar o valorar -es decir realizar conversaciones publicadas- puedan también distribuirse masivamente.

Este nuevo entorno explica la importancia creciente de la conversación, esa conversación atenta que comienza con la escucha. La conversación del que asume sus limitaciones para conseguir la correcta comprensión de lo que oímos porque entiende que lo recibimos teñido por nuestras características y estados de ánimo. El éxito de la escucha está condicionado por la distancia respecto al que oímos. El desafío de los buenos comunicadores es reducir la distancia con el que necesita decirnos algo. Los animo a acostumbrase a manejarse en las distancias cortas para comprender los dolores de los que los rodean de la forma más descontaminada posible.

Por titularse en el 2018 ustedes también estarán marcados por el 30 aniversario del plebiscito. Este año se instaló una placa en una sala que está a la entrada del edificio, para recordar a los comunicadores de la UC que murieron en la década del 70. Cuando participé en la inauguración, alerté a los asistentes para que cosas como estas sean un llamado de atención a las generaciones actuales. Soy un convencido de que el haber experimentado de cerca la violencia marcó a mi generación. Esos momento a muchos nos hacen tener presente los valores fundamentales implícitos en la democracia que recuperamos en 1989.

La libertad de expresión no solo es considerada un derecho humano fundamental, sino que es lo que permite que todos los otros derechos humanos puedan existir. Sin esa libertad todos los derechos humanos quedan indefensos. Ella es la garantía que defiende todos los derechos que, a ustedes, jóvenes, les preocupan. La experiencia histórica, incluso la actualidad internacional, nos muestra que cuando se pierde la libertad de expresión empiezan a desaparecer los otros derechos humanos.

Por ejemplo, les pido que cuando revisen el periodismo y las comunicaciones que se realizaron durante el gobierno militar sean compasivos con los horrores comunicacionales que se cometieron en el contexto de las normas del estado de sitio. Los medios no eran independientes y estaban sometidos a fuerte censura. Incluso al comienzo todos fueron clausurados, los escritos y las radios. Los militares tomaron el control de los canales de televisión.

Cuando la sociedad permite que un gobierno ponga en receso la libertad de expresión, deja indefensos a todos los comunicadores. En el contexto autoritario, el profesional de la comunicación que quiere seguir siéndolo, aquellos que no tienen madera de héroe, siguen trabajando por su vocación, por sus familias, quizá también por la responsabilidad de hacer algo mejor las cosas. El populismo ahora de moda, que se presenta como solución a los problemas de la gente, siempre se convierte en un enemigo de la libertad.

Son los populistas, los políticos que con la idea de que están defendiendo la voluntad de la mayoría, relativizan la libertad de expresión argumentando que ella afecta a otros derechos que consideran más importantes como la igualdad o la seguridad, dependiendo del signo ideológico del movimiento. El populismo ve toda contención a la voluntad del pueblo como algo antidemocrático, porque asocia la democracia exclusivamente al voto, en especial al voto plebiscitario, tan poco habitual en las verdaderas democracias. Ustedes recuerden que, para que aflore la democracia, se debe dar “Primero la voz y después el voto”.

Tampoco olviden que el trabajo de los comunicadores luce cuando es contra mayoritario, es decir, cuando los medios controlan y vigilan al político que alcanzó la mayoría. Cuando los publicistas tratan de cambiar los relatos dominantes o cuando los directores audiovisuales cuentan las historias que representen a minorías silenciadas. Espero que se integren a sus respectivas carreras profesionales conscientes de la importancia de la Libertad. Que al salir de este Campus Oriente, estén atentos a las acciones de los enemigos de ella.

En este mismo acto, el año pasado, dije que uno de los de los mayores atentados a la libertad, como dice Tomothy Garton Ash en “Libertad de Palabra”, es la moda de impedir que se expresen los que piensan muy distinto, vetar al que piensa diferente. Recordé, con la generación que los antecedió, que la práctica de “negarles la plataforma” a los que piensan de otro modo ya entró en muchas universidades que hasta ahora casi por definición había sido el espacio natural de expresión del rango más amplio posible de puntos de vista controvertidos, siempre en un marco de críticas civilizadas, robustas y bien informadas.

Las manifestaciones ruidosas de desacuerdo contra un expositor que viene a la universidad, son propias del espacio universitario. Pero, esas manifestaciones nunca pueden poner en riesgo la realización del debate. Los invito a defender estos espacios, valorar que, aunque se sigan escuchando los gritos de los manifestantes, siempre se pueda debatir. Aunque el conferenciante sea especialmente controversial.

Como comunicadores no debemos aceptar el silencio de nadie que tenga algo que decir. La libertad tiene valor cuando creemos en el valor del otro, incluso del que piensa muy distinto.

Innerarity dice que el político perplejo no vive la democracia como una negociación entre los convencidos de sus respectivas verdades, sino como una conversación entre políticos perplejos que -desde la conciencia de sus respectivas limitaciones- esperan que, incluso el que está en las antípodas ideológicas, profesionales o valóricas, pueda tener una pista para solucionarle la vida a nuestros compatriotas.

Quiero enfatizar el compromiso que hacemos los que trabajamos aquí de seguir tratando de mantener al día las discusiones sobre las comunicaciones. Ahora nos preocupan las mentiras que se difunden en las redes, estamos trabajando para que en esta nueva era de conectividad ayudemos a emparejar la cancha y evitemos que solo los Trump aprovechen este nuevo entorno que ha mostrado ser capaz de amplificar nuestras divisiones. Espero que el trabajo que los profesores estamos haciendo sobre las redes sociales les permita realizar un mejor desempeño de este espacio. Los animo a usarlo para conversar, para escuchar y para generar una verdadera conexión con sus audiencias.

He querido aprovechar este espacio para hablar de temas que permiten valorar la misión que han elegido.

Cuando ya estén lejos de aquí tengan presente, como lo han visto durante estos años, que algunos seguiremos trabajando con otros como ustedes. Sepan que cada vez que quieran retornar a los libros o al estudio, los estaremos esperando. Nuestros diplomas y magísteres están pensados para los profesionales de la libertad de palabra. Espero que algunos se animen a doctorarse, sepan que hacerlo no tendrá costo para ustedes. No dejen pasar el tiempo sin venir a vernos o al menos conversar de estos temas por las redes sociales.

Los despido con palabras del Papa que visitó esta universidad en enero pasado. En su primer mensaje formal, en la exhortación Evangelio Gaudium: “los que más disfrutan de la vida son los que dejan la seguridad de la orilla y se apasionan en la misión de comunicar vida a los demás… El bien siempre tiende a comunicarse. Toda experiencia auténtica de verdad y de belleza busca por sí misma su expansión, y cualquier persona que viva una profunda liberación, adquiere mayor sensibilidad ante las necesidades de los demás”.

Quizá lo que mejor resume lo que hemos tratado de enseñar es la capacidad de ver y contar las historias de nuestro país. Hablará bien de nuestro trabajo, el verlos como profesionales responsables de sus decisiones sin perder la capacidad de escandalizarse ante los abusos.

En el libro sobre la libertad de Garton Ash del que les hablé mencionan la canción “Ojalá supiese cómo se siente alguien libre”. Él destaca un verso que resume el principal argumento en favor de la libertad: “Ojalá pudieras saber lo que significa ser yo”. Termino estas palabras recordando que lo fundamental de las comunicaciones es tener empatía con los problemas, las alegrías y los sueños del prójimo.

Por el tiempo que han estado con nosotros, les digo en nombre de todos los que están aquí frente a ustedes, muchas gracias.