¿Quién se encuentra seguro del miedo en la crisis alimenticia?

Ante la crisis sistémica interconectada que encuentra expresión, entre otras válvulas de escape, en una crisis alimenticia que vulnera las vidas de los pequeños agricultores en países en vías de desarrollo que importan de manera neta, el sistema internacional no sólo ha respondido con prácticas que exacerban las peores inequidades y desbalances de poder a través de un orden multilateral mediocre, sino que también ha proporcionado ‘curas’ asistencialistas que profundizan la hegemonía neoliberal, crean un orden de miedo que crea binarios entre identidades transnacionales, y causan un regreso a un orden geopolítico centrado en la seguridad nacional y el poder estatal. El siguiente análisis evaluará las prácticas actuales y las soluciones tomadas por organismos internacionales para argumentar su insuficiencia y plantear la posibilidad de un orden contra-hegemónico que permita gestionar la crisis alimentaria a partir de estrategias que aboguen por la tierra, la vivencia y la dignidad de comunidades pequeñas.

El discurso que posiciona a los productos de la agricultura como commodities de exportación que sostienen al intercambio mundial es, según McMichael & Schneider (2011), una elección política que se puede modificar, y no una inevitabilidad sistémica que enjaule las posibilidades de reforma. No obstante, las prácticas actuales del sistema internacional con respecto a la agricultura toman este punto de equilibrio como un dado, y enfocan cualquier intento de cambio a un juego de asistencia irrelevante para atacar la insostenibilidad. La Unión Europea, como explica Serrano (2012), sobresatura la producción de carne, y en su egoísmo al diseñar su política agroimportadora, y al eliminar aranceles para la importación de soya, activa un proceso dialéctico que exacerba directamente los peores efectos de la crisis en Latinoamérica. La política comercial desigual, también practicada por los Estados Unidos, no sólo destruye la soberanía alimentaria de los países en donde se vuelve más barato consumir importaciones, sino que se potencia por la especulación de materias primas, el alza demográfica, los desastres de cambio climático y la baja en protección social (Cascante Hernández, 2011) para marginar de manera total a los eslabones más bajos de las cadenas de producción agrícola. Y solamente estados como China, que tiene una posición única de aprovechamiento y de margen de maniobra para gestionar su política económica gracias a una combinación de su sistema político doméstico y el balance de poder internacional (Rodríguez y Rodríguez, 2010), han podido responder a los procesos de apertura global sin poner en jaque su seguridad alimentaria.

Sin embargo, las soluciones actuales del sistema neoliberal toman un carácter neomaltusiano basado en la revolución tecnológica y la eficiencia. Bajo este marco, todas las opciones disponibles obligan a una polarización entre la seguridad energética y la seguridad medioambiental (Froggatt & Levi, 2009), reinscriben el conocimiento hegemónico y las relaciones geopolíticas (Sommerville et al., 2014), y en el peor de los casos, como en el uso del etanol como alternativa para reducir la dependencia en el petróleo, causa un efecto multiplicador en los precios de los alimentos como commodities que etiende la inseguridad alimenticia (McMichael & Schneider, 2011). Más aún, la narrativa de crisis bajo la que opera el orden neoliberal lleva a un ‘orden de terror’ que repunta el colonialismo al posicionar a las tierras agricultoras como una inversión especulativa y crea un miedo del desorden, el conflicto, la anarquía y la disrupción a la seguridad nacional y a los flujos económicos (Essex, 2014). Esto pinta un panorama de lugares vulnerados o peligrosos que otrifica a los productores del sur, o, de manera más grave, vuelve a las zonas de caos en ‘zonas de crecimiento potencial’ a ser subyugadas por intervenciones humanitarias liberales que profundizan la coerción actual (Sommerville et al. 2014).

Para McMichael & Schneider (2011), la respuesta yace en reorientar la política de desarrollo para estabilizar a las pequeñas comunidades y revitalizar los mercados. Serrano (2012) sugiere imponer la rotación de los cultivos protéicos para disminuir la sobreexplotación sistémica. Froggatt & Levi (2009) abogan por una integración de políticas de seguridad energética con políticas de seguridad ambiental en las estrategias nacionales e internacionales. Pero para gestionar la crisis alimentaria, se deben contestar los órdenes actuales de poder/conocimiento escondidos atrás de cualquier respuesta tecnológica. Sommerville et al. (2014) proponen potenciar y privilegiar las voces de las comunidades deslocalizadas que, en ímpetu de supervivencia, han establecido estrategias de contra-geopolítica en relación con sus alimentos. Essex (2014) secunda la noción, agregando que la perspectiva de los actores marginados debe usarse para informar e inspirar, en vez de ejemplificar miedos abstractos articulados a distancia. La tierra, la vivencia y la dignidad deben de tomar una mayor importancia que las narrativas hegemónicas. Quizás así se permita resaltar la irresponsabilidad, egoísmo y el especismo implicado en nuestra dieta actual, desde la demanda irracional de carne en los Estados Unidos y la Unión Europea hasta las dietas impuestas por relaciones de comercio desiguales en países africanos, asiáticos y latinoamericanos vulnerando su posibilidad de supervivencia en la crisis multifacética y torrencial que nos avecina.

Referencias

Cascante Hernández, K. (2011). El hambre, la crisis financiera y la crisis mundial de alimentos. Anuario CEIPAZ 2010–2011, 85–103.
Essex, J. (2014). From the Global Food Crisis to the Age of Austerity: The Anxious Geopolitics of Global Food Security. Geopolitics, 19(2), 266–290.
Froggatt, A., & Levi, M. A. (2009). Climate and energy security policies and measures: synergies and conflicts. International affairs, 85(6), 1129–1141.
McMichael, P., & Schneider, M. (2011). Food security politics and the Millennium Development Goals. Third World Quarterly, 32(1), 119–139.
Rodríguez y Rodríguez, M. T. (2010). Autosuficiencia alimentaria en China. Problemas del desarrollo, 41(162), 103–126.
Serrano, J. A. S. (2012). La política agrícola común de la Unión Europea y la soberanía alimentaria de América Latina: una interrelación dialéctica. Scripta Nova: revista electrónica de geografía y ciencias sociales(16), 415.
Sommerville, M., Essex, J., & Le Billon, P. (2014). The ‘Global Food Crisis’ and the Geopolitics of Food Security.

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