Por qué el periodismo necesita salir de la caja

Y encontrarse con las personas.


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Hace poco conocí el proyecto educativo Journalism+Design, en el que se combinan las metodologías de design thinking con periodismo. Propone que los estudiantes piensen en el diseño centrado en las personas al momento de producir historias para entornos digitales.

¡Excelente idea! Mi formación como periodista y mi trabajo en un equipo de diseño de experiencia de usuario, me llevaron hace unos años al mismo cruce entre periodismo y diseño centrado en las personas. Pero nunca lo vi tan palpable como en esta iniciativa de The New School de New York y la consultora Ideo.

En muchos aspectos, al periodismo aún le cuesta abandonar el verticalismo del broadcast y sigue basándose en lectores, oyentes y televidentes. Sin embargo, la experiencia que propone un medio digital interactivo exige pensar en un nuevo actor y en nuevas maneras de llegar a él. Ya no hablamos de un consumidor pasivo, sino de un usuario que tiene una experiencia con la información.

En esa experiencia, el cruce entre diseño y periodismo adquiere muchísimo valor, porque podemos definir cómo queremos que sea. Podemos y debemos diseñarla aunque decidamos trabajar sólo con texto.

No me refiero a lo estético y lo visual, sino a diseñar cómo será usada la información. Aquí hay un desafío. Aunque las universidades nos prepararon para contar bien las historias, nunca nos enseñaron a diseñarlas con recursos multimedia y en un ambiente interactivo. Intentémoslo.

No nos olvidemos de las personas

En 2012 empecé a delinear Periodismo Centrado en el Usuario (PCU), en un blog feo y vacío. Al igual que el Diseño Centrado en el Usuario, el objetivo de PCU es que las personas sean parte del proceso de producción periodístico.

Ya no se trata de que el periodista trabaje en una suerte de caja, sino de una co-creación con los usuarios. Hay que entenderlos. En realidad, hay que entendernos porque todos somos personas antes que usuarios.

¿Qué implica poner el foco en el usuario? Veámoslo con el ejemplo de producción de una nota escrita.

A diferencia de lo que sucede en el papel, cuando estamos ante una pantalla nuestra lectura se comporta diferente. Los estudios con eye-tracking –un dispositivo capaz de seguir el movimiento de nuestros ojos en una pantalla– hace tiempo nos demostraron que tendemos primero a escanear el texto y, luego, a leer palabra por palabra. Ojeamos rápido el contenido y sólo nos detenemos si encontramos algo que tenga que ver con el objetivo por el cual llegamos ahí.

A pesar de que está comprobado que la lectura en pantalla es distinta, seguimos escribiendo notas como si fueran consumidas en papel. No tenemos en cuenta las características y exigencias de un contexto de uso diferente.

Por ejemplo, no partimos la información en unidades de sentido que pueden conectarse por links y ofrecer una suerte de navegación por el tema. Tampoco utilizamos recursos visuales que permitan romper muros de párrafos ilegibles, en contextos donde lo único que importa es obtener rápido los puntos clave de una breaking news y seguir con la vida.

A veces no vemos más allá de la caja. Salgamos.

Mount Mercy University

¿Qué hacen las personas con la información? ¿Dónde la consumen? ¿Realizan otra actividad mientras tanto? ¿Qué sienten? ¿Para qué lo hacen? ¿Por qué? Dentro de la caja no hay respuestas. Y, aunque es cierto que no podemos saberlo todo, enfocarnos en conocer al menos algo de nuestra audiencia, su relación con el medio y el ambiente, es mejor que estar dentro de la caja y no tener ninguna respuesta.

Conozcamos. Entendamos. Esa es la manera más sencilla de involucrar a las personas y nos da una base para lograr que nuestro contenido llegue con eficiencia y genere una buena experiencia.

Podemos mantenernos al día siguiendo publicaciones, instituciones o referentes de distintas disciplinas. Pero la forma más poderosa de conocer y entender qué pasa con la información es observar a las personas en contexto, en la situación de uso. Y veremos cómo las paredes de la caja se derrumban al instante, los ojos se acostumbran a la luz y las cosas se ven diferentes.

Al igual que Journalism+Design, qué bueno sería que estos conceptos estén cada vez más presentes en las universidades y escuelas de periodismo. Por qué no imaginar a estudiantes pensando en resolver problemas de personas que quieren informarse y luego validando en pruebas con usuarios las soluciones que hayan construido. El efecto en el mind-set y en los prejuicios que forjamos sería demoledor.

Sven Loach

Diseñar y no sólo escribir

“La lectura tiende a ser ubicua, transmediática y, sobre todo, tiende a ser experiencial. Sólo cuenta el contexto de lectura, el tipo de experiencia deseada, el tiempo que tiene el consumidor para disfrutar. La clave es personalizar la experiencia de usuario”.

Roberto Igarza, Burbujas de ocio. 2009.

Si la lectura es transmediática y experiencial, estamos frente a un cambio de contexto muy profundo que implica modificar nuestra manera de producir. Porque hablamos de muchísimos contextos y patrones de uso en los que con sólo escribir no alcanza.

¿Queremos que sea un artículo para leer de corrido? ¿O queremos contar rápidamente una noticia de manera que el usuario la pueda leer en un escaneo? ¿En qué contexto aparecerá: desktop, mobile, tal vez en un Smart TV; en todos esos? Cada uno tiene características y genera una experiencia diferente.

Quizás tenemos algo que contar a partir de datos crudos. ¿Cómo lo haremos? ¿Cuál será la manera más eficiente? Y si queremos que el usuario explore y descubra diferentes historias, ¿cómo facilitaremos eso? ¿Cómo será la interacción?

Las maneras de diseñar la experiencia de uso de una pieza periodística pueden ser miles. Pero todas tienen tres puntos en común: el usuario, sus objetivos o intenciones y el contexto en el que las llevará a cabo.

Primero debemos salir de la caja e involucrar a nuestros usuarios. Hagámoslo. Y veremos que sólo cosas buenas pueden salir de eso.


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