It: no te tenemos miedo
Acabas de ver It. Te vas a dormir y reflexionas sobre el poder del miedo. O mejor, sobre el poder de no tener miedo. Pero despiertas en la madrugada... y tu pantalón en el colgador se ha transformado en una mujer fantasma.
No he leído la novela de Stephen King. No sé si será tan aterradora, o si, sostiene el mismo tono paródico. Porque no bromeen más conmigo y reconozcamos que Eso es más que terror. Por no decir que Eso es otra cosa.
It posee los estereotipos del cine para adolescentes. El Club de los Perdedores (¿podría llamarse de otra manera?) está integrado por marginados, víctimas del bullyng: el freak, el nerd, la chica rebelde, y bla, bla, bla… A eso agréguenle pizcas de miedo por aquí y por allá y ya tienen un éxito del terror adolescente.
El payaso Pennywise recuerda tanto al Guasón de Batman, que durante dos horas esperé la llamada del murciélago en el cielo. Y como recuerda al Guasón, pues no podía faltar Tim Burton. La casa de Neibolt Street tiene que haberla diseñado él. Así como la aparición fantasma de Stan debió salir de una de sus películas.
Por no decir, aunque lo digo. Que si Billy no se parece a Harry Potter, y Beverly a Hermione, no sé quién más puedan ser. Este Club de Perdedores bien pueden estudiar en Hogwarts, y atacar con varitas mágicas en vez de verjas afiladas.
It es pop. Tan pop que regresan los ´80. Y no solo en los adolescentes que, como los chicos de la película, ahora usan medias largas con zapatillas y shorts. En el cine de Derry el filme en cartelera es Pesadilla en Elm Street, un clásico del terror ochentero. Regresan los ´80, y no sé si It es E.T. pero esa pandilla, en cualquier momento sale volando con sus bicicletas.
It ocurre en la oscuridad, que se parece a la noche pero no es igual. No trata de demonios, posesiones o asesinos en serie. It trata de algo extraterreno (o extraterrestre), que asume la forma de nuestros peores miedos. Todo lo que no queremos compartir. Lo que no queremos que la gente jamás sepa sobre nosotros, Eso lo hace público. It es una fábula, que sin tanta aventura, huida y pedaleo, se resume en “enfréntate a tus miedos, si no les temes, no pueden hacerte daño”.
La película es un pastiche increíble:
- Es una película romántica.
- Es una película de iniciación.
- Es una película cómica.
- Es una película sobre la amistad.
- Es una película de acción.
- Es una película histórica.
- Es una película de Tim Burton.
- Es una película de fantasía.
Todo a la vez, pero ¿cómo, diablos, lo logra?
Busquen la secuencia en que aparece un libro llamado The Frog Prince (El príncipe rana) en la habitación de Beverly. Luego esperen las escenas finales de la pandilla en el pozo, y el gordo Ben besando a la chica para traerla de regreso al mundo de los vivos. ¿Previsible? ¡No!
Aunque no sé si Beverly vio en la boca de Pennywise la luz al final del túnel o la secuela de It en los próximos años.
Con It fueron tantas las veces que reí, como las que tuve miedo. Esperé que fuese Georgie a quien mataba Billy cuando le ponía la pistola del matadero en la frente. Si eso hubiese pasado, ahí si me los tomaba en serio. Porque la escena inicial con Georgie ante la alcantarilla, y Pennywise (que en buen cubano, debería llamarse “Boca de Jaiba”) mordiéndole un brazo, amerita pararse y romper, desaforado y lloroso, a aplaudir, o a huir. Pero Georgie transformándose en Pennywise es taaaaaaan previsible que aburre.
En el otro extremo: ante el grito de “Te mataré” del enfermizo Eddie, justo después de ser vomitado en pleno rostro (y aquí piensen que este Pennywise bien podía haber necesitado a El exorcista) solo pude reír.
It es la parodia del terror. Es un simulacro de una película de terror. It es, en realidad, una película para niños, que se transmite a las diez de la mañana en la Tanda del Sábado. Aunque esa hace 27 años no exista.
