La ciencia sin Dios

El escepticismo y la incredulidad han sido siempre los enemigos de la fe. Cuando el escepticismo asciende, la fe desciende. Pero cuando la fe sube, viene la caída y el ocaso de la incredulidad.

«El fin de la ciencia no es el del conocimiento por sí mismo, ni tan siquiera el del conocimiento en provecho del hombre. Más bien, su propósito último es el de servir a Dios y surgir del deseo de hacer Su voluntad». La ciencia no puede ser verdadera ciencia si Dios se queda afuera. «Mentes claras, buenos maestros, buenos libros de texto, son cosas importantes. Pero el factor decisivo de la verdad puede nunca llegar a ser nuestro a no ser que estemos dispuestos a reconocer el hecho de que Dios está detrás de toda la naturaleza. Si Él está allí y nosotros le ignoramos, nuestro sistema es falso».

Dios es el autor de aquello que la ciencia examina. Un estudio de la sutancia, ignorando al autor de la sustancia, lleva muchas veces a conclusiones falsas. Este es el conflicto principal entre la ciencia y la Biblia.

Tenemos que estar de acuerdo con Frances P. Cobbe, que dijo: «La ciencia es meramente un montón de hechos, no una cadena de oro de verdades, si rehusamos ligarla al trono de Dios». Si, von Braun tenía razón al decir: «Mediante un examen más estrecho de la creación, deberíamos ganar un mejor conocimiento del Creador, y un mayor sentido de la responsabilidad del hombre ante Dios se hará entonces patente».

Fragmento de libro El Ocaso De Los Incredulos de Roger E. Dickson. Publicado por Editorial Clie.
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