De memorias y recuerdos

Más de un año y parece que fue ayer…

Puerta del Sol, Madrid (2015)

Hace unos días recordaba los que fueron mis últimos días en México y mis primeros días en Madrid. Aún puedo sentir la incertidumbre, nervios y felicidad que me daba este viaje, era la segunda vez que visitaba Europa, pero la primera que lo hacía sin mi familia y esta vez por seis meses, cabe aclarar que este viaje no lo hice solo, iba con un buen amigo y cuatro compañeros, todo estaba preparado desde unos días antes, las maletas hechas y los documentos listos, conforme pasaba el tiempo los sentimientos encontrados iban apareciendo, se intensificaban y el tiempo no se detenía; si bien, ya había estado separado de mi familia anteriormente, había vivido como roomies y solo, no tenía de que preocuparme.

Todo se veía fácil, tomé el avión un dieciseis de septiembre, llegué cuatro horas antes al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, [al fín era el día], me despedí de mi familia, recuerdo un silencio, caras tristes, un nudo en la garganta y nos dijimos adiós, el vuelo había sido anunciado y yo, yo ya tenía que estar abordando, corrí y por ese momento se me olvidó la tristeza que me invadía, fui de las últimas personas en abordar, los nervios me invadían y con una incertidumbre de lo que venía; no me quedó más remedio que buscar mi asiento.

Al llegar al lugar que me habían asignado me doy cuenta que me toca ventanilla, [una desgracia para mi, odio sentirme encerrado] junto a mi una señora que iba a un congreso de tupperware, nos saludamos, escuchamos las instrucciones de la sobrecargo, el avión despega y todo va bien, cuando de repente veo que la mujer a mi lado se toma unas pastillas y en los siguientes minutos cae dormida, lo mejor que puedo hacer es ver películas, escojo una, se acaba, sigo con otra y mi acompañante de asiento sigue dormida, yo ya no aguanto, necesito estirar las piernas, intento despertarla y no hay respuesta, decido ver otra película, hasta que por fin la mujer se despierta y puedo salir a estirar las piernas, el vuelo pasa sin mayor complicaciones.

No he dormido en diez horas que duró el vuelo y una voz anuncia que nos abrochemos los cinturones porque estamos por aterrizar, los nervios a todo lo que dan, estoy por llegar a Madrid, la tierra que será mi hogar por los próximos seis meses, no sé que esperar, por un lado me siento tranquilo, tenemos rentado un piso de airbnb por dos noches, en donde podremos descansar y buscar nuestro piso ideal.

Como olvidar ese primer día, llegamos a Madrid, bajamos del avión, todos emocionados y cansados por el viaje, nuestra mayor preocupación es que las maletas hayan llegado sanas y salvas, nos dirigimos a la banda y si las maletas están completas, a las afueras nos espera una serie de aventuras que estaremos por vivir.

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