Festejar la impunidad

Foto: Salvador Arce para La Jornada Aguascalientes

Nos guste o no, la Romería a la Virgen de la Asunción es considerada una aportación de Aguascalientes al Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación, junto con otras cuatro manifestaciones: Elaboración de condoches; Danza de la Pluma; Danza de indios; y Los Chicahuales, la Romería está incluida en el Atlas de infraestructura y patrimonio cultural de México 2010, elaborado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (hoy Secretaría de Cultura), con todo y su estruendosa manifestación, pues en la descripción que se realiza se agrega lo siguiente: “La peregrinación de los transportistas es de las más memorables en el quincenario porque prolongan su participación hasta entrada la medianoche y dentro de sus peculiaridades se puede señalar que únicamente los que asisten a la misa son los dueños de las concesiones o líneas de transportes. Los empleados son los que peregrinan y se esmeran en adornar sus unidades con globos en los colores azul y blanco, les colocan la imagen de la Virgen o del santo de su devoción ya sea de bulto en algún nicho o simplemente en un cuadro, además de que durante el trayecto van sonando sus cláxones y aventando dulces a los niños. La fila de transportistas se prolonga desde la Alameda hasta la salida a Zacatecas”.

La Romería es una celebración relativamente joven, en 1935 comenzó a celebrarse un quincenario en honor de la virgen, de acuerdo a Carlos Reyes Sahagún, estas celebraciones se modificaron a partir de 1955, “fecha en que tuvo lugar la primera Romería de la Asunción, creada por el padre Jorge Hope Macías, a quien le pareció que la gente que participaba en la fiesta tenía aliento para más”, hoy ese aliento da para una de las celebraciones más ruidosas de la capital, algo más que el ánimo se modificó a partir del 55, el mismo Reyes Sahagún indica que “el quincenario de la Virgen de la Asunción terminaba con una serie de actos en los que el común denominador era una solemne sencillez. Para el mediodía del 14, el silencio y las sombras se posesionaban de catedral, para dar paso a la ceremonia de la dormición de la Virgen, que conmemoraba su muerte. Cerca del altar mayor se colocaba una imagen de María yacente, que era venerada por los fieles en esas horas finales del día. Al llegar la noche, el silencio y la tristeza que acompañan a la muerte, daban paso a la alegría de la asunción. Los grupos musicales y los peregrinos se unían en el canto de las mañanitas, en un inagotable ir y venir”.

Hoy se ha cambiado la veneración y el silencio por el bullicio de los puestos ambulantes en la plaza principal, tenderetes con las “tradicionales” gorditas de Michoacán y la venta de mercancía Made in China que difícilmente se puede ligar a las profesión de fe; si no es posible explicar la vendimia, mucho menos el irracional desfile de transportistas que divide la ciudad en dos, la hace intransitable y es una fuente continua de contaminación; “pero es una tradición y a los niños les encanta”, me dijo alguien, mientras desde un camión les aventaban bolsas de frituras a los espectadores, que con -supongo- una dignísima devoción levantaban los paquetes del suelo todavía mojado por la lluvia que amenazó con el retraso del desfile de cientos de autos elevando sus plegarias mediante el uso desenfrenado del claxon.

Algo más hay que sumar a la columna de indefendibles de esta celebración: quien hoy las encabeza es José María de la Torre, un obispo comprometido con el discurso de odio, que sin freno se lanza a insultos contra la homosexualidad, contra la libre elección de las mujeres sobre su cuerpo, contra los medios de comunicación, incluso reprende a la clase política, un discurso ignorante que discrimina sin argumentos toda idea que no se parezca a su ideal. Ese que encabeza los festejos es quien invita a las autoridades a acompañarlo a su desfile y ellos, sumisos, acuden, aun cuando sobre la elección más reciente pende el reclamo, justificado, de la intromisión de la Iglesia en el proceso electoral.

Ayer estuvieron de la mano de quien menosprecia su inteligencia, presidentes municipales, diputados, jueces, todos acompañados de sus esposas, con su presencia tendieron un manto de impunidad a José María de la Torre.

No se critican las manifestaciones de la fe, avergüenza que en la búsqueda de baños de pueblo, los funcionarios públicos otorguen su beneplácito a las declaraciones ignorantes del obispo, avergüenza, en un Estado que debe estar separado de la Iglesia, el golpe bajo de la declaración del gobernador, su compromiso “como aguascalentense y como fiel” para que estas festividades sigan.

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