Aprendiendo periodismo en México

Livia Díaz


Hace unos meses, al hacer un protocolo de seguridad, comenté con un periodista que Jorge Saldaña decía que, cuando un periodista comienza a no cobrar y a luchar por el pueblo o a su lado, se convierte en luchador social, a lo que me respondió que seguramente eso veía él, en sus condiciones muy específicas, que sí, que el periodista intenta ser objetivo, neutral, pero que cuando atacan a su compañero, entonces sí, se vale, casi es obligatorio, es elemental, defenderlo, luchar por sus derechos, volverse promotor de la defensa de los periodistas.

Y es que yo pienso que los periodistas nos hemos vuelto eso mismo en la defensa de los derechos de nuestro pueblo y ya se ha dicho que a muchos, por lo mismo, los han aniquilado. Y digo aniquilar porque, como si con la muerte no fuera bastante, se les incrimina, asocia, denigra, difama y reedita en vida, como para que a nadie se le ocurra parecérsele.

Y lo aterrador de esta circunstancia es que, hasta por instinto, se aísla.

Otra periodista me acaba de comentar que a este paso, ya nadie va a querer estar cerca de un tundeteclas, ya no estará en la lista de invitados a eventos para dar testimonio y sacar fotos, que ya no se va a decir “es mi cuate”, pues por temor, por no querer estar asociados, como para que no haya más repercusiones por su presencia y existencia, por su paso por la tierra.

Los y las que hemos leído tantito de la historia del país y del mundo, sabemos que esto no es cosa nueva, el ser humano tiene unos 20 millones de años de existir, así que las reacciones ya han sido almacenadas en este banco de genoma que somos cada quién. Lo raro, lo sorprendente, es que a cada cosa que ocurre en la actualidad, reaccionamos con una sorpresa innovadora, como si estuviéramos naciendo cada día, a cada noticia. Y eso que hace décadas pensábamos que nuestra capacidad de asombro se nos había terminado.

El asombro con el que ahora estamos enfrentando la realidad, parece habernos hecho olvidar el pasado. La historia, la educación en las aulas sobre filosofía, ética e historia. Parece como que con cada palabra y exposición innovamos y nos presentamos y representamos con múltiples recursos de la multimedia en las terminales digitales de que disponemos.

Es tal nuestra creatividad al respecto, que ya no se sabe si honramos nuestra presencia o ausencia.