Dejemos de hablar de racismo…

Dejemos de hablar de racismo. Mejor dicho, dejemos de hablar de racismo en los términos en los que se plantean últimamente. No me gusta decir a nadie lo que tiene que hacer, ni cómo. En parte me gusta llevar la contraria, sobre todo si sé que tengo la razón.
En España, en pocos años muchos temas que se han considerado menores se han convertido en el “mainstream” de las redes sociales. Esto tiene que ver la facilidad con la que la gente vierte sus opiniones en un tweet, whatsapp o en el muro del Facebook.
La libertad de expresión tiene un campo enorme en el que ejercitarse, con sus más y con sus menos, en las redes sociales. Recuerdo el 2º Congreso Panafricano en el que se reunieron personalidades tan notables como Molefi Kete Asante, y miembros del Partido “UHURU” en representación estadounidense.
La gente estaba enfadada, todos repetían sin parar las viles situaciones a las que se habían visto sometidos o sometidas por el racismo. Las sesiones se alargaban sin remedio y después de cada una de ellas, llegaban los pequeños corrillos donde se continuaba hablando.
Recuerdo el discurso final de Abuy Nfubea, en el que anunciaba: “que sí las cosas no cambiaban, los negros del campo (field nigger) acabarían por incendiar la casa del amo”.
Ese día todavía no ha llegado…
A día de hoy, las redes han hecho de cualquier tema a golpe “hashtag” un símbolo de modernidad, personalidad, imagen y moda. El trasfondo importa poco o nada en la mayoría de los casos. La imagen se ha convertido en el sello del mensaje. Los movimientos se internacionalizan como el “Gohair”, “me too” y “Blacklivesmatter” y feminismos varios.
Yo, sinceramente estoy cansado de la trasplantación de imágenes de Estados Unidos desde príncipe del Bel Air a Beyoncé. Y seguimos al gigante americano en sus aciertos y errores y nos conectamos a su historia como si nosotros no tuviéramos una propia.
La historia del racismo esta ligada al comercio esclavo, y la representación de éste en la sociedad con el estigma que dejó este episodio en cada lugar o país. El discurso estadounidense mama tanto de sus horrores como los mitifica, y los vuelve parte de una gran historia de superación. Se encuentran voces desde el inicio de su historia en esta búsqueda de la libertad que el poder gubernamental se ha apropiado con el paso del tiempo en reconocimiento de la lucha de sus ciudadanos, sean del color que sean, en contra de los abusos políticos y económicos.
En España eso no existe o no ha existido. Los discursos están olvidados, desaparecidos o vetados. Existe una idea de las dos Españas, siempre polarizada entre: centro y periferia, izquierdas o derechas… Falta pluralidad de voces y sensibilidades. Pero aun así no creo que el modelo estadounidense sea el que hay que seguir.
Muchas de las personas que hablan de racismo en los blogs y en las redes sociales son personas que no tienen nada que ver en posición y figura a muchos de los antiguos activistas del ejemplo americano.
Canciones como “Strange fruit” de Billie Holiday se convirtieron en banda sonora del drama del racismo, y películas como “El color purpura” nos daban un porqué del origen de la maldición: perseguidos hasta morir. Muchas de las personas que hablan de racismo en las redes sociales en España, lo asocian a un momento traumático de sus vidas, normalmente en la niñez, en cual les tocaron el pelo, les insultaron “negro” o “negra”, de que les subestimasen en inteligencia, pulcritud, elegancia y criterio. Y que por otra parte se les otorgué cualidades como la fogosidad o la fuerza sobre humana. Contradictoriamente, me da la sensación de que muchos están muy cómodos en ese estatus del racismo incluso cuando lo denuncian.
Pero incluso con todo eso no podemos sentirnos aplacados como esas personas que corrían por sus vidas. En todo caso si hay que poner el foco en la estructura racista que existe en España que como ejemplo tiene las vallas de Ceuta y Melilla y la situación de personas migrantes, sin derechos y a merced de cualquier abuso. Por el contrario, nunca podríamos acusar a unos niños de ser racistas, en todo caso a sus padres. Porque los niños se defienden y atacan a la vez, no son conscientes de lo que implica el racismo como estructura de poder, aplastante y humillante, que no te deja salidas de supervivencia ni desarrollo. Para los niños es lo mismo decir gordo que negro, que cuatro ojos…
Dejemos de hablar de racismo cuando nos referimos a estas cosas. Nuestra gran lucha no es determinar la igualdad. Nuestra lucha es determinar la base fértil donde la vida es posible para realizarse. Donde se encuentran los medios y los cauces de entendimiento. Hablando constantemente de racismo como “hecho” solo conseguiremos asegurarnos de nuestras diferencias.
No estoy a favor del discurso de Morgan Freeman, pero creo que hay fases del discurso que avanzan y maduran. La activista decolonial Saule Suleymenova declaraba que “el tiempo de la protesta ha pasado para ella, aunque fuera necesario pasar por él para deshacer de las barreras, miedos y convenciones” (Saule Suleymenova, 2010)
Hay que empezar a construir y debemos ser más inteligentes. La denuncia sistemática del racismo y la frustración como única herramienta de poblaciones ampliamente estigmatizadas solo ayuda a recrearse en el reflejo. La esclavitud no acabó por la denuncia únicamente.
Fue una parte del proceso, pero principalmente se crearon alternativas y resistencias al sistema esclavo. El esclavo nunca quiso ser parte del sistema, se subestimó su fuerza y sus recursos para crear fórmulas de identificación incluso con el acaso extremo que supuso la trata.
Y no resistió porque pidiera algo a cambio, simplemente lo tomó. Sin ir rasgando y describiendo el sistema que los atenazaba. Huyo de él.
La diferencia de los esclavos de ayer y de los de hoy es que no queremos huir. Queremos vivir en el mismo lugar donde origen de los detentadores de la discriminación. Queremos vivir en el mismo lugar donde nos enjuician o inculpan. Nos han enseñado a mirar las cosas como “ellos”.
Y nuestra única salida es creer que somos como ellos, vivir como ellos, hablar como ellos.
No creo en “negros”, ni “blancos”.
Fannon aquel hombre que se levantó como un profeta y ángel del mal llamado “tercer mundo” dijo en su libro Piel negra, máscaras blancas:
“Esta obligación histórica de racializar sus reivindicaciones en la que se han encontrado los hombres de cultura africanas…los va a conducir a un callejón sin salida”
“Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad hay que hacer piel nueva, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de poner en pie a un hombre nuevo”
Y por poner otro ejemplo también puedo aludir a Ferran Iniesta en “Pensamiento tradicional africano” (Ed. Catarata) habla de este gran cambio que ya se está dando en particular en África:
“Toda África vive una profunda reflexión sobre su propio ser y devenir…En realidad estamos asistiendo a un supuesto retorno al pasado, sino a la emergencia de algo nuevo y pujante: la reconstrucción africana…”
