Qué duda cabe que a la hora de escuchar nuestra música favorita siempre querremos que el sistema de audio que usemos, la reproduzca lo mejor y más fiel posible, esto claro, según nuestras propias expectativas de lo que es un buen sonido.

Muchos bajos o tal vez notas agudas más nítidas o mejor aún, un perfecto balance entre ambas.

En principio, los amplificadores de válvulas nos acostumbraron a un sonido cálido, sin tintes metalizados como nos traería más tarde el transistor.

Posteriormente, el paso de la grabación análoga a la digital nos llevaría a una nueva forma de oír los sonidos para muchos puristas del audio, a matices definitivamente alejados de un sonido fiel y natural. Vinilos v/s CDs, una clara muestra de ello.

Por todo lo anterior, los nostálgicos de la alta fidelidad -entre los que me incluyo- han conservado casi al punto de la veneración sus antiguos sistemas de audio, cada uno de ellos con sus fortalezas más que debilidades, que en definitiva los han convertido en aparatos de culto muy valorados con el paso del tiempo.

One clap, two clap, three clap, forty?

By clapping more or less, you can signal to us which stories really stand out.