Primero Quién, después Qué

El valor de un equipo


Jim Collins, luego de analizar 1435 compañías públicas americanas que entre 1965 y 1995 figuraron en las Fortune 500, observó que 11 de ellas, luego de un largo período de cotizar en la bolsa con la misma tendencia de valor que el promedio, un “buen día” comenzaron a aumentar su valor bursátil sobre el promedio y lo aumentaron consistentemente durante al menos 15 años, separándose cada vez más del promedio. A esas empresas las denominó “empresas que sobresalen” e invirtió 5 años (1996 — 2001) en estudiar qué pasaba en esas empresas los meses cercanos a ese “buen día”.

Los hallazgos de su investigación los volcó en un excelente libro de negocios cuyo nombre casualmente es “empresas que sobresalen” (Good to Great en inglés, disponible en la biblioteca de EDSITA, para el que lo quiera leer). Uno de los principales hallazgos fue que estas empresas seleccionaban a su gente por sus valores y competencias, por Quiénes eran; contrariamente a la mayoría de las otras empresas, que cuando seleccionaban a su gente se preocupaban por las habilidades que poseían para un puesto o un quehacer determinado, es decir por el Qué sabían hacer. Aunque muchos de nosotros siempre pensamos (o nos convencieron?) que las empresas exitosas primero definen el puesto y sus requerimientos, y luego buscan un recurso humano que cumpla a la perfección con lo que hay que hacer; Jim Collins descubrió que las “empresas que sobresalen” no lo hacen así y escribió en su libro un capítulo entero titulado “primero Quién después Qué”.

EDSITA existe para “ dar trabajo a jóvenes que puedan apasionarse por la Tecnología, apasionarse por el Cliente, y ser la mejor parte de sí mismo, ….” Este propósito está muy relacionado con la filosofía “primero Quién después Qué”:

  • no nos interesa qué saben hacer, nos interesa quiénes son, cuáles son sus sentimientos con respecto a la tecnología;
  • no nos importa lo que ya hicieron, nos importa que disfruten ponerse al servicio del otro (ya sea un cliente, un compañero) para aprender y crecer trabajando en equipo;
  • no nos impresiona un currículum lleno de logros pasados, nos impresionan las personas transparentes, honestas, amables, que valoran y disfrutan la oportunidad de aprender, crecer y trabajar en equipo, en un equipo de amigos.

Hace más de 30 años escuchaba y leía las columnas de Alejandro Dolina, una de las cuales siempre me acompañó a la hora de tomar decisiones y que hoy, que vivimos y trabajamos en la era del conocimiento, tiene una vigencia extraordinaria. Está muy relacionada, no sólo con “primero Quién después Qué”, sino también, con la importancia que tiene en la era del conocimiento trabajar en “un equipo de amigos” y dice así:

Instrucciones para elegir compañeros en un picado.

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se reúnen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternadamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más diestros serán elegidos en los primeros turnos, quedando para el final los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan. Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada.
Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que sus decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacía preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.
Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba, era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces.
El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren, es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con los extraños o los indeseables.