Un Disparo…

Ahí estabas vos, de pie, en tacones, con esos muslos descubiertos que podrían sobornar al más honrado padre. Tus labios dejaban una estela roja en el aire llena de ese veneno tentador que incita comerlos… Devorarlos.
No te dabas cuenta que tu blusa se desprendía sola como si ella misma quisiera admirarte también. Así como el rey Midas, vos todo lo que tocabas lo convertías en sexualidad… En deseo.
Corrí en silencio y pude llegar a dispararte… La luz cegó el cuarto, el sonido mató el silencio…
Nunca olvidaré esos ojos de sorpresa cuando viste lo hermosa que quedaste en la foto.