Se nos ha hecho pensar

Se nos ha hecho pensar que todo vale. Se nos ha hecho pensar que matar a un inocente está a la misma altura que ir a comprar el pan. Se nos ha hecho pensar que tenemos la obligación de someternos a la última moda ideológica. Se no ha hecho pensar que estudiar una determinada carrera supone un futuro fracaso profesional. Ese es el problema, que se nos ha hecho pensar sin dejar espacio para la reflexión personal.
Parece que en la era de la posverdad todo vale, pero todos sabemos que en realidad no es así. Efectivamente, “la pregunta `¿Qué es la verdad? ́ en el sentido en que la formuló Piloto sigue presidiendo hoy nuestra vida”. No obstante, ¿estamos preparados para asumir la Verdad?
A menudo nos encontramos con que la Verdad molesta, es incómoda, no es fácil vivir una vida buscando la Verdad. Si fuera fácil no tendría sentido que escribiera estas líneas. Por eso a menudo nos ocultamos en el relativismo. Es una salida fácil y rápida para evadir cuestiones d gran importancia. Sin embargo, el relativismo no vale para nada, tan sólo para engañarnos y creernos nuestro propio cuento. Ese “todo vale” del que hablaba no es ni más ni menos que la suspensión del juicio. Un juicio machada, vapuleado y criticado que parece que es algo del siglo pasado. Ya no se lleva discernir entre lo que está bien y lo que no. Ahora dejamos hacer, dejamos pasar, porque tenemos miedo.
Tenemos miedo a buscar la Verdad porque en el campo de la opinión se vive muy bien. Pero, ¿realmente aspiramos a vivir siempre en el mundo de la doxa? ¿No queremos ir más allá, aunque cueste, aunque descubramos cosas que nos sorprenda, aunque suponga en nosotros un cambio de vida? Parece que no, parece que es mejor limitarse a lo políticamente correcto, para que si tratas de iluminar con la Verdad allí donde sólo hay opinión y relativismo, eres un irrespetuoso. Parece que tratar de buscar la Verdad como seres racionales que somos no nos motiva.
Desde luego, es necesario empezar a romper lanzas en favor de la Verdad. Porque Verdad sólo hay una y moverse en la ambigüedad no soluciona ni aporta nada, directamente aniquila el debate, elimina la posibilidad de encontrar la Verdad antes de empezar a buscarla y nos reviste de una falsa sensación de libertad.
Es necesario que la gente sea valiente, que deje de escudarse en la opinión, los respetos humanos y el relativismo, y empiece a hacerse cargo de su actividad intelectual interior. Negarse a conocer a buscar la Verdad nos hace débiles, influenciables, extremadamente manipulables.
Es tarea de todos buscarla, una tarea que debe nacer de una decisión y convicción personal sobre esta necesidad. La Verdad debe ser buscada por todos, en conjunto. Debe ser buscada para hacernos realmente libres, para perfeccionarnos y, poder así, elevarnos.
Como decía, la pregunta de Pilato sigue en el aire, sabemos que está ahí pero nos da miedo responderla, porque responderla exige un compromiso con ella que pocos están dispuestos a establecer.
Actualmente, hay muchas verdades disfrazadas de Verdad que no son más que opiniones, creencias vagas o ideologías elaboradas y aglutinadas. Esto es muy peligroso, no sólo para sus propios fundadores, sino también para aquellos que por desgracia se encuentran a la deriva de esa búsqueda y son capaces de agarrase a un clavo ardiendo con tal de encontrar una respuesta. Como se ha dicho, Verdad sólo hay una, el resto no lo son en absoluto, por mucho que se las intente disfrazar.
Conviene despertar en la gente que nos rodea, especialmente en los jóvenes, un interés especial por una apuesta incondicional por la Verdad. Porque nunca es tarde para rehacer la actividad interior, pero hay que ser valientes y apostar por ello.
¡Vamos! Busquemos la Verdad, busquémosla juntos. Pero mientras tanto, como diría Machado: “la tuya, guárdatela”.
