Exoticus

Desde los 28 se había convencido que sería EL quién encontraría al más exótico del mundo. La vida se la pasó en barcos, largas travesías, complicados apuntes: acurrucado en lugares nunca vistos y con la boca siempre llena de comida nueva.

Mientras avanzaba, las similitudes se iban perdiendo: la piel cambiaba de matiz, los arcos de los ojos pulsaban en miles de formas, la lengua dejaba de entenderse.

Finalmente unas manos, las más distintas a las suyas, le tomaron por los brazos y lo llevaron al corazón de la lejana ciudad.

- ¡Lo he logrado! - gritaba histérico, mientras la multitud se apiñaba en la plaza para poder apreciar al más exótico.

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