La mirada modifica

Ante una sociedad partida y expectante, Macri habló. Desechó visiones timoratas y buena onda para decir lo que encontró. Y hasta remató con un ‘No sigo más para no aburrirlos’ o algo así. Una mojada de oreja a los peronistas, inimaginable meses atrás en el país de Cristina.

Los analistas y los argentinos en general no entendemos la magnitud de este cambio. Ni su imprevisibilidad, debido a lo único que es. No por bueno, vamos. Es único porque jamás un gobierno populista contemporáneo perdió en elecciones limpias y es sucedido por un gobierno opuesto (liberal, pragmático, derechista si quieren). Todo ahora es una aventura de final incierto.

Viendo con cierta conciencia a Occidente, puedo justificar mi párrafo anterior. Digamos que hay cuatro estadíos de la época política actual: sociedades de populismo incipiente (Estados Unidos, Japón); de populismo creciente (casi toda Europa, principalmente España donde está luchando por acceder al poder vía Podemos); de populismo gobernante (casi toda Latinoamérica, sobre todo es notorio en Venezuela, Ecuador y Bolivia) y de post populismo (Argentina únicamente).
Pueden superponerse a otras situaciones. Por ejemplo, en España, Ciudadanos puede instalar una cosa superadora al esquema populista, distinta totalmente.
En Estados Unidos, por sus características, puede pasar de incipiente a gobernante en un instante (vía Sanders o Trump). Y además el esquema está muy morigerado porque su institucionalidad es a prueba de todo. Creo.

Que personajes!

En fin. Volviendo a Argentina. Es muy importante entender que Argentina, al menos políticamente, está adelantada al mundo occidental, y debe ejercer este liderazgo denunciando a quienes pretenden oscurecer al mundo con recetas probadamente fracasadas. En esta bolsa entran Trump, Pablo Iglesias, Farage, Le Pen, Morales, Maduro y los kirchneristas. En el Congreso, claro está, sólo estaban los últimos, enojados por ser destapados sin miramientos frente a un país entero. Y han mostrado qué hará el populismo mundial cuando pierdan elecciones: entorpecer, gritar, burlar, cagarse en la voluntad de un pueblo cansado que los rechazó. Y Macri ha mostrado cómo contestarles: ‘respeten la voluntad popular’. Porque, sorpresa: todo pasó y pasa porque lo votamos. Lo lamento si no agrada.

Mientras tanto, en la República de China (Taiwán), la elección aplastante de Tsai Ing Wen ha desatado una polvareda en su vecina República Popular China (la comunista, potencia mundial etc-). Dos dudas, terribles, resurgen, por primera vez en ocho años: ¿soportarán a una mujer liberal y pro-independencia así nomás? ¿Ganará la diplomacia o las bombas? Es importantísimo ésto. Puede desatarse una guerra mundial allí…

Pero quedémonos en La Cámpora y Macri. Ánimo, vamos.

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