Del por qué estamos tan jodidos en América Latina

Hace poco en una conferencia, Juan Carlos Monedero cofundador de Podemos (partido político español), estaba mencionando que todo aquello que ya nos ha pasado recurrentemente en América Latina les está llegando a los europeos, es decir, crisis, desempleo, salvar a los bancos, desahucios, políticas ortodoxas, entre otras. Lo que me puso a pensar en la resilencia de las sociedades nuestras, pero también en cómo es posible que por tantas décadas pasamos tan pésima situación.

Y efectivamente, una frase es muy cierta, “mi generación no conoce una época sin crisis económica”, no obstante, esto no ha sido fortuito, toda esta cuestión ha acontecido en nuestras geografías (y también en otras asiáticas y africanas) por el patrón económico hegemónico, es decir, la economía capitalista. Y aquí Marini (1973) lanzó la pregunta del ¿cómo era posible que siendo necesario lo que se produce en América Latina para la actividad económica (bienes primarios) sigue existiendo una depreciación? Pues efectivamente, esto tiene relación directa a la situación económica latinoamericana.

Y aquí coincide con Gunder Frank (1969) al señalar que nuestras economías han sido conformadas desde un comienzo para la exportación de materias primas, es decir, no nos dedicamos a producir bienes primarios porque seamos increíblemente ricos en naturaleza, sino más bien, porque se nos ha impuesto esta condición desde tiempos de la colonia. La estructura socioeconómica ha sido configurada para que solamente se trabaje de esa manera, en bienes primarios para la exportación. La cuestión aquí, según Gunder Frank (1969) es que ciertas clases dominantes dentro de nuestras repúblicas, lo han aceptado gustosos. Es de esa manera que se pueden entender diversos periodos históricos, tales son las independencias o las guerras liberales.

Si las guerras mundiales del 19 y del 39 del siglo XX no hubiesen irrumpido con la dinámica del capital mundial, sería muy difícil el predecir la industrialización o el modelo de sustitución de importaciones. No obstante, Marini (1973) retoma el hecho e indica que inclusive la industrialización tuvo una gestación dedicada a cumplir con la demanda del exterior y por tanto, para la transferencia de valor, y es por eso que critica a la propuesta cepalina de industrialización. Así, toda nuestra estructura económica, ha sido conformada para la ganancia de otros a costa no solo de nuestra naturaleza sino del trabajo o mano de obra de las personas de acá. Entonces, no es difícil entender cómo es que aunque aumenten los niveles de productividad o la mayor extracción de los recursos naturales, siempre existirá una transferencia de valor hacia países desarrollados.

Y después de centurias en el mismo lugar dentro de la economía mundial, siguen persistiendo discursos entre políticos celebrando Inversión Extranjera Directa y los acuerdos de libre comercio, así como dentro de la academia, análisis triunfales de cómo América Latina está comenzando a comerciar con China, esperan que ahora sí por fin podamos tener intercambios internacionales justos (Semejante a cuando los intercambios comerciales de A.L. cambiaron de Inglaterra a los EEUU)

Lo peor sería un análisis simplista sin tomar en cuenta que efectivamente, existe una explotación no sólo del país extranjero (empresas extranjeras) sobre el país latinoamericano, sino de un grupo nacional que a su vez explota a otro grupo nacional, en una especie de dependencia/colonialismo interno, reformulando en preguntas ¿acaso sabemos que el país extranjero paga de manera justa al exportador latinoamericano? y en esa lógica ¿acaso sabemos que el exportador latinoamericano le paga justo al campesino que produce las mercancías que se van de exportación?

¿Qué les hace pensar que ahora sí dejaremos de estar jodidos?

Marini, Ruy Mauro (1973/1977) Dialéctica de la dependencia, Serie Popular ERA, número 22, 3ª edición, México

Gunder Frank, André (1969). Lunpemburguesía: lumpendesarrollo, ERA, Serie Popular, número 12, México