Fundamentos del Anticapitalismo: notas para una respuesta a Ellen Wood

Antes de iniciar con el desarrollo de las ideas del presente trabajo, se pretende hacer dos aclaraciones, la primera es que este ensayo se escribe en el marco del seminario “Anticapitalismos y Sociabilidades Emergentes” del Seminario de Verano CLACSO-UNAM celebrado en la Ciudad de México en el mes de julio de 2017 y; la segunda, es que lo que aquí se presenta parte de la mera subjetividad de quien lo escribe, el autor (sólo en esta parte se le refiere en tercera persona) cuenta con ciertas condicionantes que parcializan su punto de vista así como su pretensión de verdad, dichas condicionantes se caracterizan de la siguiente manera: hombre, urbano, clasemediero de un país periférico y con estudios de posgrado que han sido ofrecidos sistema estatal. Se hace importante mencionar sobre todo la segunda aclaración para evitar argumentaciones del tipo ad hominem ya que en el seminario mencionado, hubo argumentaciones de este tipo y que es claro que no enriquecieron el fortalecimiento de ideas ni aportaron para ningún crecimiento intelectual, la relevancia de hacer la referencia al hecho es porque la argumentante acreditó con validez la alusión ad hominem y dentro del espacio académico no se hizo ningún señalamiento (¿se validó también por aquellos que conformaron ese espacio?).
Empero, el dialogo con los autores propuestos en el espacio creado en las instalaciones de la UNAM genera diversos frutos, uno de ellos se podría considerar el presente ejercicio de revisión del concepto “anticapitalismo” desde la propuesta que hace Ellen Wood en un texto llamado “¿Qué es (anti) capitalismo?” (2003), si bien es posible que las discusiones sobre anticapitalismo se hayan ido desarrollando en estos más de 10 años desde que Wood escribió su texto en 2003, este es el texto que se retoma porque fue el sugerido para abordar en el seminario de CLACSO.
En primer término, cabe traer a colación que estoy de acuerdo en los planteamiento de Wood sobre lo que es el capitalismo, no obstante, creo que comete un desacierto al centrar su análisis del capitalismo en el mercado, esta centralización ha sido una crítica constante a los economistas ortodoxos; explico, no es que Wood haya errado en sus descripciones de la importancia del mercado en el sistema capitalista sino que al proponerlo como mercadocéntrico no logra explicar de manera lógica el funcionamiento del capital y entonces quedan algunas lagunas que no permiten que su texto alcance el propósito establecido que es explicar, en una especie de dialéctica, el anticapitalismo al entender el funcionamiento del capitalismo.
Para ilustrar lo anterior vale la pena hacer referencia a algunas afirmaciones de ella y entonces hacer los cuestionamientos que emergen inmediatamente, por ejemplo ella señala “El capitalismo es un sistema en el cual prácticamente todos los bienes y servicios son producidos para y obtenidos a través del mercado. Otras sociedades tuvieron mercados, pero solamente en el capitalismo la dependencia del mercado es una condición fundamental” (2003: 38) empero ¿por qué en el capitalismo el mercado se torna condición fundamental? Si otras sociedades tuvieron mercados ¿cuál es la diferencia de este mercado en particular? Preguntas que quedan en el aire en el texto de Wood y pero que aquí se irán dando cause.
Más adelante ella escribe “La competencia es, de hecho, la fuerza propulsora del capitalismo –aunque los capitalista frecuentemente hagan todo para evitarla, a través, por ejemplo, de los monopolios” (2003: 39), efectivamente, la competencia se da dentro del mercado pero ¿por qué la competencia es la fuerza propulsora? ¿a qué se debe que deben de competir? ¿cuál es la razón de dicha competencia? En contraposición traigamos a colación el análisis de Dussel donde coloca a la competencia (en su fase capitalista) como un mecanismo para aumentar la creación de plusvalor, si bien es constitutiva del sistema del capital no se explica como su “fuerza propulsora”:
La competencia no crea los valores ni los precios de producción, ni las mercancías, ni la oferta, ni la demanda, ni iguala las necesidades o demanda con la oferta. Sólo iguala los precios ya dados que giran en torno del precio de producción, que supone el valor de la mercancía […] La competencia capitalista, sin embargo, queda determinada de manera propia e impulsa el aumento de la creación de plusvalor (Dussel, 2014: 135)
Posteriormente en Wood se puede leer “A pesar de su dinamismo [del capitalismo], él no es un modo muy eficiente de suplir las necesidades humanas […] La producción no es determinada por las necesidades de la sociedad, sino por aquello que proporciona más lucro” (2003: 39) y es hasta acá donde ya el mercadocentrismo no puede explicar esta afirmación, sino que ya se comienza a perfilar la esencia del capital: la lógica de lucro. Efectivamente desde el siglo XIX ya en su crítica a la economía política Marx había descrito al capital como aquel valor que se valoriza, la esencia del fenómeno del capital entonces no es el mercado, las mercancías que dentro de él circulan o la competencia que en él se desarrolla como propone Wood, sino que son diferentes elementos constitutivos del sistema capitalista; es importante señalar que efectivamente el mercado es un elemento general, es decir, que ha existido en otros sistemas económicos, y la antropología económica ha hecho análisis sobre el comportamiento de los mercados en otros sistemas, se hace claro en la “Gran transformación” de Polanyi (2015) en cómo los mercados son subsumidos y ampliados dentro del sistema capitalista para poder lograr el objetivo del capital: valorizarse. El mercado, se conforma entonces como un elemento más del complejo entramado de relaciones que constituyen al sistema del capital.
Es de esta manera que este ente se articula con otros elementos del sistema, por ejemplo, la forma de producción capitalista donde existe una apropiación de trabajo por parte del capitalista sobre los trabajadores llamada plusvalía pero que tiene que estar articulada con formas de propiedad privada y también articulada con quien garantice dicho tipo de propiedad, en este caso, el Estado. Lo importante, es señalar que todo el sistema económico tiene su fundamento dentro de la lógica/racionalidad de valorizar al valor también llamada reproducción ampliada del capital, en un contexto de explicar la lógica reproductiva Laura Collin señala:
A la lógica reproductiva se opone la lógica de la reproducción ampliada del capital, que Marx describió magistralmente en El Capital (1968) aunque a la hora del diagnóstico no le diera suficiente importancia. Marx y los anarquistas intuyeron que el problema de la concentración de la riqueza se encontraba en la propiedad privada de los medios de producción y abogaron por su socialización o colectivización. Zizek sostiene que sólo vieron el síntoma, no el trauma, no la causa que conduce a la acumulación, la reproducción ampliada del capital (Zizek, 2003), la tendencia a producir más para acumular. El punto nodal que define la reproducción ampliada del capital es la sustitución de la satisfacción de necesidades, como fin, por la generación de riqueza (Collin, 2015: 101–102)
En el caso de Wood al colocar al mercado como fundamento se corre el peligro de hacer análisis con desaciertos, un ejemplo de esto es cuando ella asevera “el capitalismo es dirigido por los imperativos del mercado” que nos hace dirigirnos hacia las primeras preguntas que había colocado que podría resumir en ¿entonces cuál es la lógica del mercado? ¿el mercado tiene una lógica autónoma? Se torna grave acercamiento porque a partir de ese tipo de desaciertos pudiésemos hacer otras aseveraciones que resultarían ser lógicas pero que no son factibles empíricamente, por ejemplo, indicar que si cambiamos los imperativos del mercado por uno justo y solidario el capitalismo sería dirigido a ser, de igual manera, justo y solidario. Esto sería falso porque en la lógica de valorizar al valor no caben parámetros como los de justicia y solidaridad los cuales son contrarios a la única lógica que se le es permitida, la de valorizarse, pues de hecho, cuando el capital no se valoriza se destruye.
Dentro del texto restante la autora liga a la globalización y al Estado como partes del capital y aunque de igual manera se le pueden hacer críticas a los acercamientos que realiza, la crítica fundamental ya se pudo exponer y se pueden ir comprendiendo el por qué sus explicaciones sobre las siguientes categorías que desarrolla cuentan con un sesgo.
Por tanto, si Wood pone en segundo término el fundamento del capital, que es la reproducción ampliada del capital, y hace énfasis en el mercado como cimiento y no como una elemento que se articula con otros para hacer que el capital se valorice, entonces existiría un desacierto en exponer lo que es anticapitalismo. Y de hecho, no hay una referencia clara hacia esa categoría, aunque bien señala en sus conclusiones que debe de “haber una verdadera transformación sistémica” (2003: 49) en ese mismo apartado se puede encontrar lo siguiente
Pero es importante notar que la lógica esencial del capitalismo permanece y será, de un modo o de otro, siempre sentida hasta que los principios fundamentales que operan el sistema sean sustituidos por una sociedad democrática en la cual la vida humana no esté subordinada a los imperativos del mercado. (Wood, 2003: 49)
Es de esta manera que hay una acepción del mercado como si fuera el sistema capitalista, y como si el mercado tuviera per se la lógica de lucro, cuestión como ya se dijo, errónea. Entonces ¿en contra de qué lucha el anticapitalista? ¿en contra del mercado? Si se hace una interpretación rápida y sin tanta reflexión del texto de Wood se diría que sí, efectivamente, destruir al mercado nos libraría del sistema del capital; y teóricamente, esto es correcto, si las relaciones sociales de intercambio a través del mercado desaparecieran el sistema capitalista se desarticularía y entonces no podría existir reproducción ampliada del capital. No obstante, factiblemente tendríamos que preguntarnos si las necesidades de los seres humanos se podrían cubrir plenamente sin hacer intercambios mercantiles, probablemente no y mucho menos sin grandes transformaciones que disminuyan las desigualdades que el sistema ya ha generado, en un caso meramente imaginativo donde se pudiera eliminar el mercado por decreto, inclusive se podría caer en un sistema feudalista o esclavista.
En otras palabras, el anticapitalismo de Wood no termina de delinear el momento positivo o de construcción de posibilidades futuras que tiene que ser inmanente al mismo concepto; habría que hacer una clara diferenciación de cuando se habla de anticapitalismo a cuando se hace referencia al no-capitalismo, de hecho, ya hay análisis completos de cómo el mismo sistema capitalista precisa de los espacios no-capitalistas para poder mantener su reproducción ampliada (para eso valdría la pena hacer una rápida referencia a los textos de Rosa Luxemburgo); en términos muy generales Mateo (2012) hace la diferencia
La delimitación de los espacios ‘capitalista’ y ‘no capitalista’ se lleva a cabo a partir de las relaciones sociales de producción, bajo las cuales se llevan a cabo tales actividades, caracterizadas, en el caso de las capitalistas, por su carácter mercantil y la utilización de trabajo asalariado. Por deducción, el resto de ámbitos se incluirán dentro del ámbito no capitalista. (Mateo, 2012)
En la separación que realiza no hay indicaciones de que el ámbito no capitalista sea más justo, solidario, democrático, responsable, bondadoso, verdadero, legítimo, etc. sino que inclusive puede ser lo contrario; empero, las luchas anticapitalistas no tienen en mente en generar un sistema que siga explotando la vida de los seres humanos o de la naturaleza sino uno que termine siendo ético[2].
Wood en la parte final de su texto ya indica “Mientras la solidaridad con otros movimientos de oposición alrededor del mundo permanece una necesidad absoluta, nada tendría mayores y globales consecuencias que un verdadero cambio democrática en casa, no solo domando el capitalismo, sino superándolo.” Lamentablemente aquí termina el texto cuando es apenas donde debería de comenzar, el anticapitalismo cuenta entonces con esas dos fases, la negativa de crítica de las instituciones capitalistas –históricas y contemporáneas- pero además es ese momento positivo de superación del capital y construcción de sistemas económicos que tenga principios normativos éticos[3] en su fundamento.
Si partimos de ese supuesto, entonces podremos utilizar la categoría como básica para el análisis de la base material de las sociabilidades emergentes, ¿esa sociabilidad emergente es anticapitalista? Pues revisemos si está haciendo una crítica al sistema capitalista (directa o indirectamente al señalar las instituciones fetichizadas que articulan al capitalismo), si rompe con la ampliación ampliada del capital (propiedad privada, mercado fetichizado, trabajo enajenado, apropiación de la plusvalía, por mencionar algunas) y si está proponiendo la reforma, creación o recuperación de instituciones económicas que cuenten principios normativos éticos; y si es así, entonces estudiemos cómo es que este proceso anticapitalista fue influido/influye (de manera compleja) en los diversos campos y prácticas de la realidad social.
Bibliografía
Collin, L. (2015) ‘La lógica reproductiva como modelo alternativo’, in Gracia, M.A. Trabajo, reciprocidad y re-producción de la vida: Experiencias colectivas de autogestión y economía solidaria en América Latina, San Cristobal de las Casas: Miño y Dávila.
Dussel, E. (2014) 16 Tesis de economía política. Interpretación filosófica, México DF: Siglo XXI.
Dussel, E. (2016) 14 tesis de ética. Hacia la esencia del pensamiento crítico, Ciudad de México: Editorial Trotta.
Mateo, J. (2012) ‘La actividad no capitalista y la composición del excedente en México’, Análisis Económico, vol. XXVII, no. 64, pp. 47–73.
Marx, K. (2014). El Capital. Crítica a la Economía Política. México DF: Siglo XXI.
Polanyi, K. (2015) La gran transformación. Los orígenes políticos y económicos de nuestro tiempo., 2nd edition, México DF: FCE.
Wood, E. (2003) ‘O que é (anti) capitalismo?’, Crítica Marxista, no. 17, pp. 37–50.
[1] Doctorante en Economía Política del Desarrollo (CEDES/BUAP)
[2] Se pretende tomar a la ética resignificada por Dussel cuando comenta que deja de ser tan solo descriptiva para pasar a ser práctica “Lo ético es inherente a la existencia humana en su actuación cotidiana. Tanto singular como comunitariamente toda acción es ética y lo ético del acto indica justamente que es ‘práctico’. Por ‘práctico’ entendemos todo aquello enderezado a la afirmación de la vida humana” (Dussel, 2016: 17)
[3] Tanto en su obra de 16 tesis de economía política como en sus 14 tesis de ética, Dussel hace referencia a los principios normativos de los campos prácticos como aquellos que norman las acciones para la construcción de alternativas, específicamente en el campo económico señala “es necesario formular los criterios y los postulados posibles, y vislumbrar los principios normativos que regulen la construcción de dichas alternativas ya parcialmente presentes, y generalizables en el futuro, que se van bosquejando desde las necesidades actuales de los oprimidos, pero también como ejemplos experimentales exitosos.” (Dussel, 2014: 185)
