Green Day envejeció pero eso es bueno porque yo también

Uno! Dos! Tré!

El otro día, mientras oía ¡Uno!, me di cuenta de algo que no logré apreciar cuando me senté a escuchar dicho álbum: realmente lo disfruté. Y lo disfruté tanto como sus anteriores ofrendas musicales American Idiot y 21st Century Breakdown (aunque cuál de estos álbumes me gusta más es tema de otro escrito).

No deja de cautivarme el hecho de que con el pasar de los años disfruto cada vez más de Green Day y sus intentos por apelar a un público más joven con payasadas como “vestirse a la moda”, “usar maquillaje” y “cantar cursilerías”, no han evitado que me presente cuando sacan nuevo álbum y aprecie lo que verdaderamente importa, que es, su música. No voy a discutir qué tan genuinos son estos “cambios” de apariencia que ha sufrido la banda porque no me parecen importantes al analizar su música y además estoy seguro que no es la primera vez que roban maquillaje y cosas bonitas de sus madres para usarla ellos mismos.

Green Day es una banda que tiene alrededor de 25 años en escena y desde que tomaron sus instrumentos por primera vez no han dejado de mejorar. Quizás han dejado los garajes y quizás han dejado que sus raíces punk se mezclen con diversas influencias musicales del rock que, a veces, los hacen sonar mucho más pop y dedicados al sentimentalismo. Pero todo esto no cambia el hecho de que tienen una carrera más larga que la que algunas bandas actuales puedan imaginar y soñar.

Es fácil creer que Green Day ha adoptado una actitud poco rebeliosa y anti punk y que, por ende, pueden tacharse como “artistas vendidos que comprometieron sus ideales”. Éste tampoco es el tema donde yace el por qué del título de esta escritura, ya que no es la primera vez que la banda ha sido, ni la última, que será tachada de “vendida”. Si con su nueva trilogía des discos sus fans los atacan por este hecho nuevamente, será ya la tercera vez que sucede (contando Dookie como la primera vez que saltaron de la plancha) y es claro que Billie Joe y compañía no dejaran de hacer música por ello.

El punto es: caí en la cuenta que, como ellos, yo también me he vuelto viejo, más sentimental y permisivo y abierto con lo que escucho. Yo era un joven con ira, rebelión albergada, un deseo profundo de pensar antes de hacer ciegamente lo que me decía la sociedad y vivir por mis propias ideologías y el punk-rock fue el vehículo perfecto para llevar a cabo la catarsis que estos sentimientos demandaban. Conforme me adentré en el punk y en la escena nacional pase por la etapa que muchos pasan, etapa en la cual “mi género musical favorito es EL ÚNICO que es bueno”, sin embargo he tenido que afrontar varias veces la verdad en estas palabras: “cuando agarres más experiencia con la guitarra, escuches más bandas y más música y te hagas más viejo, entonces, ya no vas a escuchar punk”.

Y la profecía fue cierta, hasta cierto punto. Ahora disfruto de rock en general y alternativo, rock clásico, garage rock, power pop, post punk, punk revival, new wave, indie rock y pop, hardcore rock y hardcore melódico, un poco de rock progresivo y funk, folk rock, heartland rock y cualquier engendro que estos géneros y sub-géneros puedan gestar. Si siguieron bien la lista, ahí yace el fallo de la profecía, muchos son sub-géneros del punk-rock. Todavía me gusta el punk-rock.

Verán, el rock y la música son como la vida y la línea de vida de las personas. Aprendemos a comportarnos como humanos, cuando creemos que lo hacemos bien hay que enfrentarse a madurar, lidiar con dudas existenciales y trabajar para definir nuestra personalidad. Al principio pararse es un hito, hasta que aprendemos a caminar y luego tenemos que correr y no es hasta que tenemos años corriendo que apreciamos la belleza de caminar y ver las cosas con más detenimiento. Además, no podemos cambiar quienes somos verdaderamente, en el fondo somos los mismos por dentro sin importar que tanto decoremos el exterior.

Una vida rica y bien vivida la defino, hasta cierto punto, como el conjunto de experiencias acumuladas que enriquecen nuestra sabiduría, inteligencia y capacidad de tener un buen sentido del humor aun en tiempos no tan alegres. Y, antes de que los pierda, es esa la gracia del mundo musical también. Saber tener la delicadeza de, de vez en cuando, dejar de correr un poco y caminar y ver la belleza en cosas que pasamos por alto cuando vamos muy rápido.

La vida de un músico y un amante de música por igual es oírlo todo y conservar las tonadas que te alegren la existencia, visitar el rocanrol que te haga sentir vivo y joven de nuevo y escuchar las baladas que te ayuden a saborear el sentimentalismo que todos alguna vez tenemos.

Y si algo me han enseñando tantos años de escuchar música es que la longevidad del rock está en el crecimiento de los músicos, en mejorar su técnica, en incorporar y experimentar con diferentes sonidos y géneros, y es gracias a todo esto que hoy en día podemos disfrutar de un enorme catálogo de géneros musicales. El estancamiento nunca es algo provechoso y me parece que Green Day es un ejemplo vivo de esto. Sus liricas y espíritu, aunque más maduro, se mantiene en esencia el mismo; su energía y agresividad presente; su pasión por el romance y las serenatas pop, aunque algunos no lo crean, siempre ha estado ahí. Me parece que si tenemos a un Green Day un poco mas domado y pop, pero también más prolífico, energético y relevante que nunca.

Al final del día, hay que disfrutar que la música es subjetiva.