¿Por qué caemos?

Imagen por popcorn-pops en DevianArt

Imagínate estar cursando estudios de maestría -por poner un ejemplo digamos que es el bendito Master in Business Administration o MBA — y que por equis o yee circunstancia reprobaras una materia –puede ser Contabilidad y Administración de Costos, digamos- y tienes que cursar la materia de nuevo.

No tienes amigos porque todos tus compañeros si aprobaron dicha materia. Al momento de hacer el trabajo final, que es en grupos, probablemente tengas un predicamento: nadie querrá incorporarte en su grupo porque eres un potencial riesgo.

De acuerdo, quizás tengas casi 40 años, te vistes como el joven que no eres, tienes sobrepeso y mal aliento… y no ayuda el hecho de que eres un cerdo clasista, pero lo que quizás no tienes en talento para hacer en 2 horas un examen sobre “contabilidad de libro” lo compensas con más de 10 años de experiencia contable ganada siendo jefe de diversos departamentos en diferentes trabajos.

De manera concreta puedo decir que:

“1 mala acción pesa más que 1,000 buenas acciones”.

Yo se sobre este tipo de fracasos demasiado bien. Cuando era universitario le dedicaba mucho tiempo a mi banda de punk-rock y reprobé una materia que me retrasó un año completo de estudios. Pero eso no está ni aquí ni allá y es historia para otro tiempo… Así que: Pendiente.

El ser humano tiene una fascinación con medir lo cuantificable y nombrar las cosas, además de ser prejuicioso, poco empático y egoísta entre otras bondades. Por alguna razón los académicos nacionales siguen apostando exclusivamente al sistema de calificación basado en notas y exámenes para determinar qué tanto dominamos un tema y para clasificarnos como qué tipo de personas somos.

Pero esto no es una crítica al sistema académico o pedagógico latinoamericano… Aún cuando ya lo critiqué.

La crítica en cuestión es: satanizamos el fracaso. Cuando fracasamos es cuestión de pena, de infamia y de deshonor. Inclusive hace maravillas, sarcásticamente hablando, con nuestra estima. Realmente el fracaso es la herramienta más bella de aprendizaje y la más básica.

Tener éxito no te hace crecer en sabiduría en la misma medida que fallar; fallando aprendemos más porque fallando descubrimos QUÉ NO FUNCIONA.

Para destacar en la vida no sólo hay que ser inteligente, hay que ser sabio. La inteligencia se gana leyendo libros pero la sabiduría se gana viviendo. Y es imposible vivir sin cometer errores.

Para que un error no sea en vano hay que aprender de ellos porque los errores nos definen. Cuando las cosas salen bien no meditamos porqué salieron bien pero cuando fracasamos no hay otra opción mas que autoevaluarse.

Mañana por la mañana levántate de tu cama, ponte de pie y comete errores como que lo hicieras de manera planificada y exclama “¡Oh! ¡Cuánto aprenderé hoy!” … En el peor de los casos tendrás mejor autoestima.