Una gran tarea y meditaciones de un hombre de acero

Estábamos en una cena familiar. Cena, la cual tuve que dejar porque mi primo, Eduardo, había entrado en una acalorada discusión con toda la familia porque le había dicho a la Abuela que había tomado la decisión de no tener familia, de no tener hijos.
La Abuela siendo muy tradicional y creyendo que sólo existe un camino de vida, siendo éste el que ella tomó, sintió su resolución como un atentado contra la honra familiar. No es necesario reiterar que tuvo que irse temprano, y yo lo acompañé.
He conocido a Eduardo desde que éramos niños de 3 ó 4 años, cuando jugábamos con carritos de juguete, sin embargo no supe con certeza que lo había entendido a él, o a su filosofía de vida, hasta que más tarde en una banca cualquiera, de un centro comercial popular, me dijo, mientras me señalaba el póster para la más reciente película de Superman:
“¿Lo ves? Allí está el problema de la sociedad”.
Yo, confundido, pregunté, “¿qué cosa, las películas comerciales? ¿O son los inverosímiles personajes de Hollywood?”.
Él me contestó reiterando que yo, claramente, no había entendido su comentario. Me mostró que cerca de dicho póster había un niño con una hechiza capa de Superman. “El problema es que nadie aprecia la inocencia de un niño. Todos estamos tan ansiosos por crecer o hacer dinero o vivir en el mundo real que traicionamos nuestra imaginación, abandonamos la inocencia y, eventualmente, dejamos de creer en las personas. Dejamos de creer en lo bueno que puede haber en cada uno de nosotros”.
En un inicio creí que no tenían relación las cosas. Luego noté como Eduardo se enterneció al ver al niño jugando a ser un súper niño, un pequeño hombre de acero que era capaz de volar. Eduardo estaba al borde de las lágrimas, ésta escena y todos los eventos de la noche claramente le habían afectado. Este hecho era impactante de presenciar ya que él es hombre que rara vez muestra cariño o ternura.
Inmediatamente hizo una broma y sugirió que mejor fuéramos a ver una película o a beber, antes de poder dejar salir más emociones por accidente.
Todo este episodio había sido revelador para mi. Estaba tratando con una de las personas más serias, estoicas y responsables que he conocido pero que en contraste es un hombre adulto que disfruta de la ciencia ficción, los video juegos y las películas de superhéroes, y sin embargo alguien que no tenía interés en tener familia. ¿Un hombre que tiene corazón de niño porque claramente valora la inocencia de la infancia y la grandeza de la pureza e imaginación de un niño ya que él mismo, junto a mi, disfrutó de su infancia a plenitud, pero con el egoísmo de un adulto hedonista, quizás?
No. Un hombre que tenía más claro que la vida no se puede vivir sin compromisos, un hombre que sabía que aunque cualquiera puede procrear y tener hijos, muy pocos verdaderamente se convierten en padres y madres.
La sociedad necesita personas comprometidas, personas dispuestas a creer en que la justicia, la verdad y el honor valen mucho, y este tipo de personas solo pueden existir si son educados y guiados por hombres y mujeres que se entreguen y comprometan de lleno a sus hijos y familia.
Esta no es una tarea fácil y no es una tarea que se deba tomar a la ligera.
Eduardo no odia a la familia. Ni odia a los niños. No los desprecia… al contrario, los ama y valora demasiado como para tomarlos a ligera y comprometerse sin pensarlo.
Quizás es un hombre muy introspectivo, alguien que piensa demasiado las cosas… sin embargo opino que siempre hay una lógica a sus maneras, una ferviente pasión que guarda muy adentro.
Pero quizás, yo también soy un pensador idealista como él, y es por eso que lo entiendo.