La Huamantlada en Tlaxcala.

Amigos, espero puedan leer esta opinión sobre la Huamantlada y que cause algo de reflexión en ustedes.

Ayer por la tarde mientras pasaba tiempo dentro de esta red social- Facebook-, me encontré en repetidas ocasiones con fotografías de amigos y conocidos en esta edición de tan famosa tradición –si es que le podemos llamar así-, haciendo plena muestra de su tolerancia a bebidas embriagantes, lo cual no me sorprendió sabiendo que todos contamos con cierto grado de esta. Minutos más tarde comenzó a circular un video compartido en el que un joven –desde mi opinión, en estado de ebriedad- es alcanzado por un astado y cornado en repetidas ocasiones.

Por la noche, con estas imágenes en la cabeza me puse a reflexionar sobre esta fiesta -que dista mucho de ser muestra de talento y orgullo como el trabajo realizado en la llamada “Noche que nadie duerme”- así que entre lo que sé y lo que opino puedo compartirles lo siguiente.

La mencionada “tradición” –como muchos taurinos suelen denominarla-, tiene su origen en el año de 1954 y como es de suponerse estuvo inspirada en los encierros de los sanfermines en Pamplona, España, sin embargo para 1967 esta dinámica –similar a una carrera con un punto de partida y una meta- fue modificada a lo que conocemos actualmente –una pseduo carrera, sin pies ni cabeza-.

Existen múltiples factores causantes de actos tan lamentables como el que mencioné al principio, el primero de ellos es la venta sin medida de bebidas alcohólicas a los asistentes –incluidos menores de edad- lo que provoca que cientos de aficionados entren al circuito en estado de ebriedad. Para esto debo señalar que es una responsabilidad compartida entre autoridades, comerciantes y consumidores sin consciencia o mínimo sentido de responsabilidad.

En segundo lugar creo que la mayoría de las medidas de seguridad y protección civil son insuficientes e improvisadas, además de deficientes, desde los burladeros hasta el transporte de asistencia médica –un montacargas protegido con tarimas de madera a los costados y una al frente a forma de plataforma-, pasando por las gradas en malas condiciones abarrotadas por los asistentes y también por la improvisación de terrazas en las azoteas de las casas.

Como tercera razón, es clara la inexistencia de respeto hacia los animales, pues es común ver como en repetidas ocasiones suelen ser pateados, jalados de sus colas, golpeados por objetos o bañados en cerveza, lo cual claramente causa irritación en ellos, provocando mayor agresividad y confusión.

Pero esto no es todo lo relacionado a estas horas de celebración, no debemos olvidar que las peleas también se dan entre animales de la misma especie –refiriéndome a los bípedos- casi todas estas causadas por el exceso de alcohol. Tampoco podemos ignorar el hecho de que cientos de infantes son llevados por sus padres y familiares a presenciar este acto –incluso bebés de brazos- sin tener alguna limitación sobre lo que pueden llegar a observar –en el mejor de los casos, pues con burladeros en su mayoría improvisados es de esperarse estos sean insuficientes para su protección-.

Sin embargo debo admitir que no todo lo que se vive el último sábado de la feria de Huamantla es negativo, si así lo fuera sin duda alguna ya no existiría, la principal ventaja que es fácil notar es la derrama económica que este evento deja con la llegada de locales y turistas –de estados vecinos en su mayoría- quienes pagan por estacionamiento, un lugar en burladeros, balcones y azoteas, música en vivo, recuerdos, alimentos y bebidas.

Además, aunque parezca poco creíble hay quienes no van precisamente por el espectáculo taurino, existen también los asistentes que van con el propósito de convivir dentro de los grandes patios en las casas huamantlecas en los que bailan, cantan y conocen a otros.

Con todos estos puntos puestos sobre la balanza es claro ver hacia qué lado se inclina, por lo que desde un particular punto de vista considero que esta celebración debería ser anulada sin duda alguna.

Finalmente dejo a su criterio el apoyar o no la huamantlada.