Dos cosas: agradecimiento, desprendimiento…

Hace algunos años no me hubiera visto como una persona que hubiera despertado tanto interés alrededor de algo tan sencillo y cotidianos como lo es salir a correr. En el pasado, correr no era prioridad, de hecho hubo una época en que no estaba en el radar y pues el salir, tomar y otra serie de hábitos bastante diferentes a los actuales eran parte de la rutina diaria, para bien o mal, eso cambió.

En la actualidad, me considero una persona que ha logrado retomar y desarrollar un sentido de disciplina que ha hecho que las cosas vayan saliendo mejor que antes. He aprendido a valorar mucho más el estar solo, me siento bien solo y creo eso ha hecho que el correr me guste, por esos ratos de soledad que se valoran y disfrutan más que nada.

Con los cambios, se abrió la posibilidad de retomar o dirigirse a áreas que siempre habían sido de interés como lo era la montaña o deportes outdoors (siempre quise hacer compes de aventura y recuerdo en el colegio ver las competencias del #Ecochallenge), pero fue hasta que tuve contacto directo con un evento en Monteverde que la espinita se empezó a quitar.

Conforme se avanzó en las carreras, las metas y los planes, los cambios que se fueron dando, fueron cada vez más significativos, en mi caso, fueron más internos y la mayoría de sentimientos eran de agradecimiento, para mi, cada día del plan de entranamiento hecho, es considerado un logro, un paso más hacia algo nuevo y se convierten en la manera más gratificante de empezar o terminar un día.

Cuando hablo de agradecimiento, lo principal en mi caso es el tema de la familia y los amigos. En la actualidad creo hago de 3–5 carreras lejos de mi casa al año, durante esos 3–5 eventos no estoy solo nunca, el principal equipo con el que cuento son mi mamá y mi papá. Los eventos de trail se han convertido en un espacio familiar tan fuerte, que ese momento en que alguno de ellos falte, el vacío será terrible. Pero no es solo el espacio compartido, antes de poder ir a estos eventos, las distancias internas a nivel familiar eran enormes, poco a poco, tanta interacción, tantas posibilidades de ir a lugares nuevos, estar rodeado de gente con visiones tan bonitas de ver el mundo, han hecho que de uno u otra manera, volvamos a ser una familia unida y eso vale más que nada.

De camino a Monteverde. Diciembre 2018.

Valorar todo eso, viene de la mano del soltar muchas cosas, desde lo material hasta personas, desde amigos, hasta hábitos, es un sentimiento de dejar ir con tranquilidad y asumir el vacío no con tristeza, sino sabiendo que nada ni nadie es indispensable. Es complejo verlo de esa manera quizás, en ocasiones se nos dice que entre más personas y bienes tengamos cerca, mayor bienestar existirá, en mi caso, no compro la idea y por el contrario, creo que entre menos mejor.

Al final, el agradecer y desprender en la manera en que lo he venido haciendo en los últimos años me ha llevado a ser y sentirme una mejor persona, es el arte de escucharse a uno mismo y tratar de ser fiel con uno mismo, en la práctica es más duro que en el discurso, pero vale la pena enfrentarse a ciertos demonios de vez en cuando.