Así sonó la voz de la Sibila después de cinco siglos de silencio en la catedral de León

Este canto se interpretó desde el siglo XI hasta 1581. Anoche volvió a sonar gracias al empeño del canónigo Samuel Rubio

La Sibila arropada por el coro Samuel Rubio en el altar mayor de la catedral. / Eduardo Suárez

El canto de la Sibila es un drama litúrgico que se interpretó en Nochebuena durante siglos en cientos de iglesias del sur de Europa. La Sibila es un personaje de la mitología grecorromana que el cristianismo medieval transformó en una especie de heraldo del juicio final. Es la mujer que anuncia la segunda venida de Jesucristo y los prodigios que la acompañan en el libro del Apocalipsis.

Como explica este artículo, el testimonio cristiano más antiguo de esa Sibila cristiana se encontró en el monasterio francés de San Marcial de Limoges. El primer rastro de esta tradición en España es un manuscrito visigodo del año 960 que se conserva en la mezquita de Córdoba.

El canto de la Sibila arraigó en muchas iglesias de la España mediterránea pero también en el viejo reino de León, donde se interpretó ininterrumpidamente desde principios del siglo XI hasta finales del siglo XVI. En diciembre de 1581 el cabildo de la catedral de León suspendió la representación sine die y el canto desapareció de la liturgia navideña de la ciudad.

Los motivos no están del todo claros pero los eruditos apuntan al celo espartano del Concilio de Trento, que llevó a muchos cabildos a desbrozar la liturgia y prescindir de esta tradición.

La voz mágica de la Sibila no volvió a sonar en León hasta esta noche del 23 de diciembre de 2016. Ataviada con un turbante azul y una túnica blanca, la Sibila empezó a cantar desde el rosetón de la catedral. Su llegada la anunciaron las notas del órgano y el sonido inquietante de los timbales, que acompañó luego a la protagonista durante su avance por la nave central.

Unos segundos antes, el cantante que interpretaba al profeta Isaías había declamado su profecía desde el rosetón norte y los demás intérpretes habían recorrido encapuchados en sus túnicas blancas el breve camino que separa las sillas del coro del altar mayor.

La ciudad comprendió la importancia histórica del evento. Unos minutos antes del concierto, cientos de leoneses hicieron cola para entrar en la catedral y dentro se arremolinaron de pie en las naves laterales y soportaron el frío conscientes de que iban a escuchar algo más que un concierto de Navidad.

La resurrección de este rito medieval no habría sido posible sin el empeño del canónigo Samuel Rubio, que rescató la partitura del archivo del templo y concibió su interpretación en un concierto con obras de Tomás Luis de Victoria, Cristóbal Guerrero y Cristóbal de Morales y partituras del archivo de la catedral de León. El canónigo dirigió a la coral que lleva su nombre y adiestró a Eva María Miguélez, que esta noche se convirtió en la primera Sibila del siglo XXI en la catedral de León.

Al final del concierto, Samuel dijo unas palabras antes de dirigir un bis. Agradeció su presencia al obispo, explicó las dificultades de los ensayos y pidió un aplauso para los cantantes. Casi al final dijo entre lágrimas que su hermano acababa de fallecer. A su memoria estaba dedicado el concierto de la catedral.

A continuación reproduzco en cursiva un extracto de las palabras de Samuel sobre el concierto. Fue una velada inolvidable como explica aquí él mismo. Ojalá la voz de la Sibila vuelva el año que viene a la catedral.


El canto de la Sibila se representaba con cierta sencillez pero al mismo tiempo con una enorme soltura. El profeta Isaías anunciaba el nacimiento del Señor. Es decir, la llamada primera venida. La Sibila anunciaba el fin de los tiempos. Es decir, la llamada segunda venida.

Poco a poco se fue convirtiendo en una representación introduciendo escenas y nuevos personajes: el ángel, la virgen, la reina de Saba. A finales del siglo XII y comienzos del XIII, se había convertido en un espectáculo mucho más completo.

La etimología de la palabra Sibila evoca la interpretación de la voluntad divina. No hay acuerdo sobre el número de sibilas pero hay al menos diez. Artistas como Miguel Ángel pintaron y esculpieron a las sibilas. Aquí mismo, en esta catedral, tenemos ocho. Algunas aparecen hasta dos veces.

¿En qué consistía la ceremonia? Tenía lugar en la noche de Navidad y el papel de la Sibila lo interpretaba un niño que imitaba la voz de una mujer. Al cabo de un tiempo, se complicó con la participación de pastores, corales y otros personajes. En el siglo XV sabemos que la Sibila llegaba al templo desde una dependencia de la catedral vestida con gran riqueza, bien pintada y acompañada por tambores, salterios, trompetas, sonajas, rabeles y multitud de instrumentos.

La Sibila salía de la sacristía con un traje de mangas perdidas ricamente bordado al gusto de la época. Sobre el hombro izquierdo llevaba cosido una especie de tarjetón y en las manos un cuaderno en el que se hallaban los versos y las notas musicales que iba a cantar.

La acompañaban cuatro infantes. Dos, vestidos con albas y espolones llevando cada uno una espada desnuda, representaban ser ángeles. Los otros dos portaban dos velas y avanzaban junto a la Sibila.

Éste era el canto de la Sibila. Pero antes de la Sibila se interpretaba el canto del profeta Isaías. Aquí delante tenemos el códice con estas dos obras que se encuentra en el archivo de la catedral. Si se acercan, verán que sus hojas de pergamino están gastadas por el tiempo, carcomidas por la carcoma. Es hermoso pero no deja de ser un libro si no se interpreta… y no es un libro. Es otra cosa.

Siempre me gusta luchar por causas perdidas. Pero cuando se trata del culto y la cultura ese gusto se convierte en una pasión. Estas piedras y estos cristales saben de lo que hablo porque son como registradores de la Historia. Hoy esas piedras recuperan algo que habían perdido.