Sobre música, giros y depresión…

[Pongo play al primer track del álbum Carrie & Lowell de Sufjan Stevens.]

La música siempre ha jugado un papel importante en mi vida; las clases de piano que tomaba de niño todos los martes y jueves, en como veía a Papá estudiar escuchando unas veces a Brahms y otras veces boleros interpretados por Tania Libertad, en Revolver y Rubber Soul que tanto escuchaba Mamá en ese primer CD player Sony D-5 que compró mi Papá, en el jazz de Oscar Peterson y la Bossa Nova de Jobim y Gilberto que oía Mamá en el carro cuando me llevaba a algún lugar, en las tardes completas que pasaba en MixUp Centro Coyoacán donde me refugiaba de la reciente muerte de mi Papá, escuchando cuanto disco podía, donde a pesar de no tener para comprar nada, exploraba entre estantes topándome con grupos desconocidos para mi en ese momento como “The Smiths” o “Aerosmith”, de nombres parecidos pero sin similitud alguna (ese tipo de cuestiones me intrigaban mucho). A mis escasos 12 años sabía que de alguna manera, la música iba a jugar un papel importante en mi vida y siempre me iba a acompañar.

Son contadas las personas que saben que durante los últimos casi 9 años escribí para varias revistas y blogs (centradas en el mercado “teenager”) bajo diferentes seudónimos. Ésta es la primera vez que escribo sin ocultar el nombre (o la cara o quién soy o qué siento), de ahí que a momentos encuentro difícil seguir escribiendo y huyo.

(Apenas dos párrafos y ya me levanté al baño, vacíe el cenicero, me asomé a revisar que Mía esté bien tapada, chequé Whatsapp una y otra vez y puse agua para té, que en unos minutos más me levantaré a apagar.)

Intento convencerme que esto es como una forma de terapia, apostando a “dejar fluir” (como si los sentimientos fueran un tipo de gas o líquido), frase de moda que últimamente he escuchado en repetidas ocasiones por diferentes personas. Posiblemente los postulados de la teoría de cinética molecular de alguna manera también apliquen a lo que uno siente.

(Me acabo de levantar a apagar la tetera y servirme otro té.)

Había escuchado hablar de depresión; una persona cercana la había padecido, pero nunca había tenido la oportunidad de vivir con ella. Si, OPORTUNIDAD. Ahora nadie me puede contar lo que es.

En una de las entrevistas de trabajo a finales del 2017 ya había avisado que necesitaba una semana de ausencia (pagada obviamente) entre Octubre y Noviembre 2018, punto no negociable; ni siquiera había sido contratado y ya estaba pidiendo vacaciones, cuestión que se aceptó sin problema. Como un buen “control freak” necesitas tener visión (control) no solo de lo que va a pasar la siguiente semana, sino los siguientes meses y a veces hasta te animas a hacer un boceto sobre el resto de tu vida.

Inicié el año de una manera diferente a como la estoy cerrando, con un plan de vida claro, varios proyectos ambiciosos, “gordito pero feliz” (ni tan feliz porque me costaba verme al espejo) y ganas de despertar todos los días. Después de un giro de 180º, de Superman me convertí en Bizarro.

Ayer (Miércoles 28 de Noviembre) tendría que haber salido a NY a las 9am y hoy, poco después del desayuno, cuando menos se esperara, iba a hacer algo que sorprendería a mis relaciones anteriores (que saben que uno de mis súper poderes era desaparecerme antes de que pudiera ser pronunciada la penúltima sílaba de la palabra “compromiso”).

[Suena “Bucket of Gold” de Sufjan Stevens. Nunca había puesto atención a la letra. Nudo en la garganta.]
[Pongo “Time In A Bottle” de Jim Croce.]

El fin de semana hablaba con uno de mis hermanos sobre la depresión. Me sentí tan identificado con él. Recuerdo cuando yo también pensaba que “todo es cuestión de actitud” que el secreto estaba en “pensar positivo y seguir con la vida”. A pesar del poco tiempo que estudié medicina (que abordaré en otra publicación) y saber que químicamente se debe a una alteración en la producción de norepinefrina, dopamina y serotonina, pensaba que el 90% eran ganas de seguir adelante (“huevos” como decimos coloquialmente) y 10% neurobiología. Vaya error en el que estaba. La depresión no respeta las ganas de seguir adelante y tampoco es una elección; es un fantasma que se despierta a tu lado (apoyado en la almohada donde ella solía dormir) y te arropa por las noches recordándote que “ahí está para cualquier cosa que se te ofrezca”; es el fantasma que se guarda sin permiso en la bolsa de tus jeans y decide salir en medio de una reunión con tus mejores amigos donde todo tendría que ser risa y diversión.

Me he mantenido a distancia de las pastillas. Ningún tipo de juicio sobre quién las toma o quién las tomó, simplemente es algo de lo que no quiero depender. Mi solución: ENDORFINAS. Gracias a una persona muy querida regresé a correr y me mantengo haciendo ejercicio casi 7 días a la semana.

[Suena “Beautifull” de Carole King. Irónico? No. La música siempre me acompaña.]

Mi plan de vida cambió. Los proyectos (en plural) se convirtieron en el proyecto (en singular). Mi relación que si bien sabía que distaba de ser perfecta, era una relación con problemas “menores” (o que decidimos dejar pasar como “menores”) donde, a pesar de ellos, podía apostar el boceto de mi vida a ojos cerrados, pensando que “a true relationship is two imperfect people refusing to give up on each other”.

Al principio la extrañaba. Posiblemente lo siga haciendo pero en menor medida; no puedes olvidar un sentimiento así de la noche a la mañana pero algún día se logrará. Me frustra que después de 3 años de conocernos, aprendí que tenemos planes de vida diferentes. Ninguno calificable en “bueno” o “malo” sino simplemente diferentes y por lo visto incompatibles. Si bien en una relación se aprende a ceder (aquí aprendí a no ser tan “oscuro” y otras tantas cosas más) existen puntos de inflexión donde los caminos se separan. Ya me lo decía “Mati” un muy querido amigo argentino:

[léase con acento argentino]
“A ver Lalito, si vos estás parado frente al árbol, lo único que podés ver es un tronco. Si vos das veinte pasos hacia atrás, podés ver el bosque entero.”

Creo que ninguno de los dos quiso dar los 20 pasos hacia atrás desde la primera cita, si no nos hubiéramos ahorrado muchas cosas.

Cierto, también se cayeron proyectos “económicamente representativos”, sin embargo, lo que me tiene así hoy día es la falta de claridad en la vida. Dándole el punto a mi hermano sobre lo que hablamos el sábado, la depresión te afecta en varios campos de tu vida; puedes tener tremendas ideas e increíbles proyectos en puerta que terminas dejando de lado porque “para qué?”.

[Una disculpa a las personas que he dejado esperando con propuestas. Uno de mis compromisos, así como ha sido hacer ejercicio cuando menos 5 días a la semana, es mandar todas y cada una de las propuestas que tengo pendientes, independientemente si siguen siendo relevantes o no, pero a final de cuentas CUMPLIR.]

Nunca me había tocado “pelear” esta batalla y siento que, posiblemente, aprender a lidiar con la depresión y tomar la decisión de luchar en contra de ella, ha sido de las batallas más difíciles que he tenido en mis 36 años a pesar de haber tenido que sobrellevar la muerte de mi Papá días antes de mi cumpleaños.

Esta publicación es para sensibilizar que la depresión, más que una actitud o una decisión, es una enfermedad que nos puede pegar a cualquiera, no importa si eres la persona “más positiva, graciosa y enérgica de cualquier círculo social donde te encuentres” (que era mi caso), la persona más centrada o la persona más “madura” (whatever that means), la depresión es una batalla constante que se lleva día a día, con días buenos (cuando “ese fantasma” decide esconderse) donde sientes que puedes conquistar al mundo entero y días malos donde levantarse de la cama suele ser precedido de la pregunta “¿para qué?”.

E

Para preguntones: ¿por qué inicié este post mencionando el affair que tengo con la música?

Porque mi vida se rige a través de ella y en algún viaje llegué a la conclusión que la mayoría de las veces me habla; llevo cerca de 3 meses escuchando en repeat el mismo playlist de John Mayer. Tengo un playlist para caminar hasta uno para una noche de pasión. Escribir esto sin algo que me haga recordar musicalmente hablando sería una hipocresía.

Punto positivo: Si tenía con un plan de vida claro, varios proyectos ambiciosos, era“gordito pero feliz” y ganas de despertar todos los días… ahora tengo el chance de comenzar desde cero, reinventarme, encontrar un motivo para despertar todos los días y todo con 13 (casi 14) kilos menos y cuadritos y pectorales haciéndose notar (diciéndome que voy por buen camino y que me invitan a verme al espejo).

[Suena “Too Late for Lullabies” de James Morrison].