Tango que me hiciste mal


Al menos en las fotos, Prates parece tener el physique du rol perfecto para ser el villano de la historia: setentón, arrabalero y boxindanga, y, según las crónicas, machista y prepotente. Un troglodita, bah. ‘Acá no queremos ni tortas ni maricones’ le dijo el organizador a las muchachas, que no lo cortaron con su mirada indiferente sino que se le plantaron y dispararon un debate que por unos días sacudió la ordinariez reinante en el camino a las municipales.

Hay muchas formas de organizar la vida en sociedad. Podemos hacerlo alrededor de la palabra de Dios, podemos confiar nuestros destinos a una figura monárquica o podemos, como en nuestro caso, construir república alrededor del derecho. Va de suyo que no se puede permitir ningún tipo de discriminación en espacios públicos como la que sufrieron estas gurisas, pero no porque nos parezca mal discriminar, sino porque contraviene la ley. Es irrelevante si las leyes vigentes se ajustan a nuestros valores y a nuestra ética personal. Las leyes se cumplen. De no hacerlo, sobrevendrán las consecuencias establecidas. No debería haber misterio.

Y sin embargo lo hay. Lo importante en este caso eran dos cosas: evitar que el hecho se repitiese y de paso reflexionar y continuar avanzando en la agenda del Uruguay inclusivo. Lo primero se resolvió muy fácilmente a través de los mecanismos legales pertinentes. De lo segundo se encargó la gente a través de los medios, las redes sociales e incontables charlas entre amigos y sobremesas en familia. Pero a la Intendencia, con esa cosa paternalista que caracteriza al FA, no le alcanzó con actuar y comunicar, tuvo que ir más allá: además de establecer lo que se debe hacer, también hay que establecer lo que se debe pensar.

‘Lo que se hizo con Prates no es otra cosa que bullying progre’ — Tweet it

Ahí se complica el partido. Porque pasamos de la inclusión a la hegemonía y caímos en un sinsentido por partida doble. Para continuar con la concesión del espacio público, el Estado le exige a un ciudadano común que pida disculpas (algo que el mismo Estado nunca le exigió, por ejemplo, a los militares que gobernaron de facto por 12 años e hicieron cosas un poco peores que las que hizo este señor) y que asista a talleres de género donde algunas iluminadas lo orientarán en cómo se debe pensar en este nuevo escenario.

No debería importarnos lo que a nadie se le cruza por la cabeza a solas con su conciencia. La verdadera tolerancia se ejerce defendiendo el derecho de cualquier persona a sostener ideas que te harían hervir la sangre. Lo que se hizo con Prates no es otra cosa que bullying progre.

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