Vera Eva

Un final un poco agridulce. A las cinco y media de la tarde, un martes. En plena estupidez de la vejez, la acumulación de años y el exceso de sabiduría, las dos tomaron la decisión. Vera se había sentado unas horas antes en el sillón de la sala y le había dicho a Eva:

– ¿Sabes,? Suerte es una mujer de pelo grueso y negro que siempre usa vestidos blancos. Blanco como los crisantemos. Donde cada pétalo es un ovulo y cada tallo una mujer.

-La ultima vez que me adentré en una tina sentí que estaba devuelta en el vientre de mamá, ¿Te parece extraño Vera?

-Que merodeo y de que tipo, cómo no. Ha sido así desde los principios de la vida.

-¿Cuales principios?

– Ese cuento antiguo de que llegó el hombre y luego nació la mujer de su costilla. Que dependemos de él hasta le semilla de la creación…

-Quieres decir, que la intriga, la creatividad, y la astucia…¿salió de un pedazo de hueso?

Eva, como si apenas a tal edad se hubiera dado cuenta de la realidad de su existencia, no tuvo más que seguir los pasos de Vera. Se desnudaron hasta el pellejo colgante y se infiltraron en el liquido denso y rojo con presencia a comida china. Pronto se fueron sumergiendo hasta el momento de su muerte. Cuando el azúcar pudo más que los glóbulos rojos, y el contrapeso del aire en el pulmón. Ya pocas neuronas quedaban de aquel día a los dieciocho años cuando se dieron cuenta que su cerebro perdía la capacidad de reestructurarse.

Ilustración de: Alejo Quesada, zketch.ink en Instagram.

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Originally published at lecturadesnuda.wordpress.com on January 8, 2016.

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