La insoportable levedad del sofá.

Hoy he visto este texto de Javier Lacort y no he podido evitar acordarme del tema con el que llevo estos días sin ponerme de acuerdo conmigo mismo.

Todo comienza al escuchar una historia familiar este sábado. Me cuentan el caso de, llamémoslo «Pedro»:

Pedro ha tenido varios trabajos. En los primeros entró gracias a su familia política. Y sus propios familiares tuvieron que jugarse la cara para que no le largaran. Más de una y más de dos veces. Después, en otro de los trabajos, se encara sin motivos con los superiores. Finalmente, Pedro está en el paro. Pero ni se forma ni encuentra trabajo. Básicamente porque ni lo busca.

Su mujer trabaja seis días semanales. Cada vez más horas. Pero Pedro no parece preocuparse. ¿para qué? Tiene su paga de paro mensual, y lo que le ofrece el mercado es poco más o menos con mucho más esfuerzo.

La última entrevista fue ya un caso aparte. Una ETT le llama. Pedro objeta “es que la entrevista es en la Castellana” . Pues bien, su propio suegro se ofrece a llevarle. Pero no es suficiente “Es que esa tarde tengo que estar con el niño”. La ETT cambia la fecha. Y llega el día. Y el suegro que saca la corbata del armario y baja a esperarle. Y pasa el tiempo. Y se va haciendo tarde. Y Pedro no aparece. Y cuando ya es imposible llegar, el suegro vuelve iracundo a casa. Y la excusa es tan peregrina como “es que ya no tenía la licencia en regla, así que ¿para qué iba a ir?”.

Todos conocemos a gente que ha estado o está en el paro. Gente que se ve muy cómoda en el sofá y no se imagina levantarse a las 6:30am todos los días, o gente que lo ha dado todo en una empresa y le han dejado en la calle con cuatro duros de indemnización, que a la mañana siguiente están echando currículums cada vez menos llenos de esperanza.

Amigos y familiares más vagos o más trabajadores. Ex-compañeros que han demostrado que valen muchísimo y que se les repesca a la primera oportunidad y personas insertadas “a dedo” que han deambulado de un puesto a otro porque nadie les consigue meter en vereda.

Ilusos que piden varias subvenciones pensando que las empresas se crean solas y lo dejan todo al primer revés. O luchadores que forjan su propio destino, creando de la nada negocios que sacan adelante a familias enteras. Con durísimo esfuerzo, en uno de los países que más penaliza al emprendedor.

De una persona de estas últimas tuve la suerte de aprender. Mi madre. Que teniendo ya 4 hijos se sacó el INEF, que se empeñó en que su familia merecía una vida mejor, que en una época en la que pocos se atrevían con un negocio, buscó unos socios y una financiación.

Y creó una empresa que duró más de 30 años. La mantuvo contra viento y marea, contra duras crisis, contra socios fantasiosos y contra administraciones públicas leoninas. A base de trabajar hasta tarde cada día, incluyendo los domingos.

Desde los 16 yo no he parado de trabajar 3 meses seguidos. Quizá fuera por la vergüenza torera de ver que mi propia madre no paraba ni con fiebre ni con un incipiente parkinson. He puesto perritos calientes, llevado abetos de navidad, he enseñado a nadar a bebés y a abuelos, he estado de público en TV, fregado… lo que hiciera falta. He estado de becario por un semi-sueldo y he estado parado sin apenas dos duros, porque me pagaron en negro o fui por ETT.

Hoy llevo casi 18 años en una gran empresa.

Así que no puedo entenderlo. Pero por falta de experiencia.

No sé cómo se estará de mal levantarse cada día sin tener nada que hacer. Encender la TV como toda actividad.

No sé cómo tiene que ser de duro o cuán inútil se siente uno. Puede que me acomodase o me resultara insoportable.

Pero si queremos que Pedro se mueva y luche por encontrar un trabajo con sus más de 40 años encima ¿hay que reducir su tiempo de paro u obligar a que el empresario pague un mínimo bastante superior que la prestación que le llega?

No puedo evitar sentirme mal porque personas como Pedro no sólo no aporten al erario público, sino que causan un gasto a los que acabamos la jornada exhaustos, mental y/o físicamente mientras la mitad del sueldo va a las arcas del estado. Pero ¿está en manos de este estado hacer que tantos Pedros produzcan algo o es un mal endémico español como algunos amigos me quieren hacer creer?

No me pongo de acuerdo.

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