A.S.I.S., a 7 años de la gran experiencia de Cristo

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Una tarde de domingo, luego de la Misa de las 4, se nos acerca el P. Máximo Llancafilo para invitarnos a hacer una experiencia nueva, era un fin de semana en la que debíamos abandonar cualquier compromiso e intereses para dedicarlo sólo a Dios. Un poco reacios porque no sabíamos de qué trataba todo esto, con mi hermano dijimos que sí. Fuimos casi toda la fraternidad de jóvenes capuchinos de Pircunche a Padre las Casas (Araucanía) donde sería este encuentro. El fin de semana del día 1 de mayo de 2009 llegamos a la parroquia San Francisco de Asís. Jamás la habíamos visitado antes. Llegamos con gran alegría pero con un cierto recelo. El grupo que nos recibía venía de Concepción, a casi cuatro horas de allí, y su entusiasmo era tan grande que me llamó mucho la atención. ¿Qué pasó ese fin de semana? No puedo contarlo. Solo puedo decir que me cambió la vida. La famosa frase “hay que vivirlo” cobró sentido luego de dos días. ¿Cómo es posible que en dos días cambie tu vida? Sí es posible, porque allí fue cuando me tropecé con Dios.

Desde niño siempre asistí a Misa dominical, catequesis de Primera Comunión y Confirmación. Estuve en varios grupos juveniles en mi pueblo (Cajón). Conocí a varios sacerdotes, hablaba con ellos y me llamaba la atención su labor misionera. Pero, ¿qué más? Nada. Vivía una vida cristiana que creía normal, pero había algo grande que faltaba. No es la ocasión de confesar públicamente las caídas de mi vida, pero sabía que yo necesitaba algo grande. Vivía incoherentemente, no de acuerdo a mi fe. Me iba por otros caminos de satisfacciones pasajeras, pero que nada lograron colmar ese “nosé qué” que llevaba dentro. Así pasé años. Mi Primera Comunión, mi Confirmación pasaron. Pero en ese fin de semana logré encontrar aquello que jamás había conocido.

El fin de semana se llamaba A.S.I.S., una sigla que no se me permite descifrar ya que forma parte de la mística del encuentro. Jóvenes de entre 16 y 30 años fuimos invitados. Allí conocimos historias de vida, compartimos como verdaderos hermanos acerca de nuestra fe y lo más importante, conocimos el verdadero rostro de Jesús. Sí, es que el Jesús que yo me imaginaba era distante y un poco apático con mis problemas, pero el que conocí resultó ser muy diferente. Era amable, cariñoso, se interesaba por mí. No le importaba cuánto había hecho malo, sino el hecho de que mi corazón siempre estuvo abierto a recibirle. Calmó mis penas, me abrazó, me miró fijamente a la cara y sonrió. Me dijo que siempre había estado conmigo, en las buenas y en las malas, como un amigo y hermano. Que nunca había dejado de llamarme a la verdad, que este era el momento decisivo que me ayudaría a responderle más adelante a lo que pidiera. Y hoy, a 7 años de esta experiencia no puedo sino agradecerle. Agradecerle por su amor en primer lugar. Agradecerle por haberme llamado a la vida religiosa y al sacerdocio, regalos inmensos que jamás imaginé recibir. Gracias, Jesús, por no dejarme. Cualquiera en el mundo de hoy es capaz de abandonar incluso a su mejor amigo por rencillas y rencores, pero tú jamás dejaste de estar a mi lado.

Así es como pasó el tiempo y la semilla que Dios sembró en mi corazón, hoy ya está brotando. Me pasó tal y como dice Job al final de su libro: “Sé que eres todopoderoso: ningún proyecto te es irrealizable. Yo te conocía sólo de oídas, mas ahora te han visto mis ojos” (Job 42:2.5).

Aún falta mucho camino que recorrer, muchas tormentas que afrontar y muchas alegrías que recibir, pero en todo esto siempre tendré presente que Jesús está conmigo. A.S.I.S. fue el instrumento del que Jesús se valió para mostrarme el camino correcto y enderezar mis sendas.

Hoy quisiera agradecer también a los Hermanos Menores Capuchinos por su dedicación en la evangelización de los jóvenes. Por su tiempo, sus largas conversaciones espirituales, por sus consejos y su compañía. Sin ellos, mi vida y la de muchos otros jóvenes hubiese sido negativamente diferente. Agradecer a los coordinadores que llevaron a cabo la misión de motivar, organizar y dirigir este encuentro, no sin sacrificios, dolores y a veces incluso llantos. Agradecer a todos los jóvenes que vivieron este encuentro, más de 500 según calculo yo. Unos hoy en día siguen comprometidos con Jesús en algún apostolado de la Iglesia, otros, por diversas circunstancias, se encuentran un poco alejados de Jesús. Confío en el Señor que a todos nos seguirá saliendo al encuentro para llamarnos una y otra vez sin descanso hasta que seamos verdaderamente felices con el plan que tiene para nuestra vida.

Son muchas las cosas por decir, pero lo esencial ya está escrito. Todo quien ha vivido este encuentro, y otros parecidos, puede decir lo bien que le ha hecho a nuestra alma. Ahora Jesús nos pide seguir dándole a conocer a quienes tienen esa sed insaciable, ese vacío interior que sólo se llena con Él. No somos cristianos inertes, somos cristianos en constante movimiento, porque Cristo se mueve en nosotros.

Hago, a través de este texto, un llamado a mis hermanos que vivieron A.S.I.S., a que hagamos un compromiso con Jesús de no abandonarle, de seguirle pase lo que pase, de buscarle en todo momento. En este compromiso radica nuestra felicidad plena, no la felicidad pasajera del mundo de hoy, la felicidad plena y completa.

Extracto de un testimonio publicado el 3 de mayo de 2011 en blog de A.S.I.S.

Quisiera recordar lo importante que fué para mi vida este encuentro desarrollado el 1 y 2 de Mayo del 2009 llamado ¨A.S.I.S, el Lugar de Jóvenes¨. De primera, el sólo hecho de llegar a un lugar desconocido, donde no conozco a nadie ni nadie me conoce, me hizo dudar, pero me di cuenta que Dios me invitabaa a través de instrumentos a re-encontrarme con ÉL de una manera diferente.Así me embarqué en esto, un fin de semana que para muchos pasó inadvertido, pero que para mí fué un cambio total en mi modo ver el mundo y mi modo de relacionarme con él.Llegué super temprano y estaba muy nervioso pero dejé todo eso atrás para participar y estar con la mejor disposición de vivir este ¨Lugar de Jóvenes¨ al cual me habían invitado.

Sepan que estamos unidos en la oración, en la Eucaristía y en Jesucristo vivo en cada uno de nuestros corazones. Porque donde “dos o más se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18.20) dice el Señor. Cuentan con mis oraciones.

Que el Señor nos bendiga y nos guarde, nos muestre su rostro y tenga misericordia de nosotros. Nos mire con mucho cariño y nos conceda la paz. Que el Señor, que nos ama y nos llama, nos bendiga en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Salmo 138.1–18.23–24, Resume este encuentro con el Señor

Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares.

No ha llegado la palabra a mi lengua,
y ya, Señor, te la sabes toda.
Me estrechas detrás y delante,
me cubres con tu palma.

Tanto saber me sobrepasa,
es sublime, y no lo abarco.

¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?

Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro;

si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha.

Si digo: «Que al menos la tiniebla me encubra,
que la luz se haga noche en torno a mí»,
ni la tiniebla es oscura para ti,
la noche es clara como el día.

Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias,
porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras;
conocías hasta el fondo de mi alma,
no desconocías mis huesos.

Cuando, en lo oculto, me iba formando,
y entretejiendo en lo profundo de la tierra,
tus ojos veían mis acciones,
se escribían todas en tu libro;
calculados estaban mis días
antes que llegase el primero.

¡Qué incomparables encuentro tus designios,
Dios mío, qué inmenso es su conjunto!
Si me pongo a contarlos, son más que arena;
los doy por terminados, aún me quedas tú.

Señor, sondéame y conoce mi corazón,
ponme a prueba y conoce mis sentimientos,
mira si mi camino se desvía,
guíame por el camino eterno.

ASIS Capuchinos Chile Encuentro Jóvenes Padre las Casas

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