Carta a un desconocido.
NO QUIERO ESCRIBIR SOBRE AMOR ROMÁNTICO,
NO QUIERO Y DIJE NO.
Mis versos se adelantan a mi libre albedrío y termino hablando en prosa sobre como tu sonrisa me llena el estomago de mariposas, mis entrañas se regocijan retorciéndose en sustancia brillante, cálida, amorosa, y puaj…lo hice otra vez.
Y es que, cuanto tiempo tengo que rogarle al universo que no quite tu mirada de mi vida, y que me arrastre hacia a donde vos vas?
Quisiera recitarte tres veces por pestañeo, lo mucho que me haces sentir, lo bien que se siente vivir, y lo cobarde que me siento cuando te dejo ir sin haberte demostrado siquiera una milésima de lo influenciado que esta mi humor por vos.
No quiero que me quieras, quiero quererme queriéndote sin necesidad de querer que vaya mas allá de lo sutil.
Sin contar las noches que me quede ensayando, sin sentido, porque siempre el universo busca maneras de sorprenderme y derrocar lo anticipado, esta noche con las miles de estrellas de testigo, y los asteroides que orbitan alrededor de mi cabeza, me desprendo del secreto y te invito a recorrer los matices de mi intensidad, sin decirte donde esta la salida.
Mas sabemos que eso no va a suceder, no voy a correr mas trenes, ni a sentarme a esperarte, mas de lo vivido no puedo esperar.
Y por qué? Porque tengo miedo, temo a las noches ansiosas esperando una respuesta, temo a la vergüenza del rechazo y caminar mirando al piso, temo a la incertidumbre, es mi debilidad, y sobre todo, temo a la incomodidad, temo incomodarte de la forma en que me incomodo por pensarte en escenarios donde todos tus actos se someten a mi voluntad, y que quizás nunca hayas deliberado la posibilidad de que eso suceda. Le temo a mi mente, a mis fantasías.
Quise resucitarte invocando al fondo de una botella que de alcohol lleno mi cuerpo, quise encontrarte en el humo, que exhalo a costa de mi cordura, quise, y decidí que lo mejor era dejarte morir.